Si imaginamos un
destino de la literatura similar al destino de la música, en el sentido
en el que hoy aplaudimos y celebramos y adoramos al deejay como
si de una estrella de rock o de un concertista virtuoso o de un afamado
compositor se tratara, y celebramos su trabajo, es decir, el de poner
discos, como arte, o mejor dicho, celebramos su collage y su mixtura y
su capacidad de navegar por el tiempo y la tradición, de hacer tremolar
el tiempo sobre diferentes bases, y extrapolamos el fenómeno al libro, o
mejor, al libro electrónico, y pensamos que el escritor dejará de ser
ese juntapalabras o el que busca estilo y construye una escritura, y que
su función se habrá desplazado hacia un diseñador-maquetador con
talento, con conocimientos de programador, que fabrique collages y
corta-pegas y links de navegación por las grandes obras de todos los
tiempos y aplaudamos su trabajo, lo celebremos como gran hacedor de los
tiempos por venir, y colaboremos para que pueda ganarse la vida con
mucha mayor soltura que un escritor, porque tal y como dicen algunos, y
no sin razón, con semejante tradición para qué escribir o reescribir, o
contestar y dialogar con esa tradición, quizá sea suficiente con
manipularla y fragmentarla y servirnos de ella para contar la historia
que queramos, para seguir ejecutando el hecho literario.
Por ejemplo, yo podría continuar con el montaje de una autobiografía in progress, que ya comenzara con el post La novela deejay y La novela deejay II utilizando una página de Mentiras de mujeres de Liudmila Ulítskaya como reflejo de mi propio humor anarcofeminista que de tanto en tanto ataca rotundo y se inmiscuye en las reuniones de amigas:
Como carezco de conocimientos de física y geofísica enseguida relaciono la experiencia de lectura de esta ¿novela?, con el dibujito aquel con el que se ilustra la naturaleza del campo magnético de la Tierra: una onda que partiendo y llegando al mismo lugar, se va explayando cada vez un poco más.
"Pero de todas las historias que imagino, existe una en la que hallo auténtico sosiego, y por ello he vuelto a la misma una y otra vez recurrentemente."
Tampoco desestimo la pista del título del prólogo de J. F. Ferré a lo Magritte o David Markson (pues Martillo tiene un aire de familia con Esto no es una novela: su estructura y ritmo de lectura, su apariencia de anotación sin apenas hilo conductor).
"Creo, de hecho, que muchas de las rupturas del ritmo narrativo que caracterizan a gran parte de las grandes novelas del siglo XX proceden de la cultura árabe."
Tampoco podríamos
definirla como un conjunto de aforismos o de historias dentro de otras,
ni siquiera como oración vampírica o viaje iniciático o
pesadilla-visión: ¿qué es Martillo?
Una estructura hipnótica de frases cortas que con la respiración adecuada quizá pueda pronunicarse en voz alta como recital poético o ritual chamánico (huelga decir que me abstuve: miedo al diablo al efrit al velo a la celosía a la violencia artaudiana y sobre todo a su invocación). Un originalísimo compendio de ¿aforismos, reflexiones, diminutos eslabones narrativos, samplers de la literatura orientalizante?
Desde luego, pero: ¿se lee a gusto?
Asombrosamente a gusto. Y escribo "asombro" porque este acompaña durante toda la travesía: callejuelas semánticas y narrativas de las que no podemos escapar, a la manera de un laberinto: siempre aparecemos en el mismo lugar.
Como el dibujo con el que se representa el campo magnético de la Tierra, y como no tengo conocimientos de física o de geofísica, enseguida lo relaciono con la lectura de esta ¿novela?
"Las cuales uno nunca sabe ni cuándo comienzan ni cuándo acaban, porque tienen la virtud de exterminar el tiempo, los minutos del ahorcado o la hora de los relojes, obligándonos a concentrarnos en su ritmo."
"Mira,
Sam, si este libro es tan corto, confuso y discutible, es porque no hay
nada inteligente que decir sobre una matanza. Después de una carnicería
solo queda gente muerta que nada dice ni nada desea; todo queda silencioso para siempre. Solamente los pájaros cantan."
Tragicómica y bien encontrada la manera de narrar el horror, quizá la salida a aquella idea tan citada y hasta manoseada de Adorno, aquella de que ya no se puede escribir después de Auschwitz.
Aquí la imagen:
Famosa foto de Richard Peter (Wikipedia)
Pero acaso el bombardeo más impresionante y devastador de la Segunda Guerra Mundial, del que Vonnegut fue testigo y superviviente, el de la ciudad de Dresde, no haya significado demasiado, salvo desolación para las personas de a pie y frotarse las manos para la casta y sus negociados. Y todo se repite. Y así sucesivamente.
Por ejemplo, conozco la historia de dos ucranianos que viven en España desde hace más de veinte años, amigos íntimos que se han retirado la palabra. También conozco la frase esa tan de moda: "hay que posicionarse".
"Por entonces enseñaban que no había diferencia alguna entre unas personas y otras. Deberían enseñarlo todavía."
Y deberíamos apagar la tele y leer a Vonnegut. Deberíamos tener al menos un par de amigos de otros lados.
"Para entonces la sala
estaba repleta de gente y el ambiente del todo festivo, y al cruzar la puerta
se topó con aquel saxofonista de Sevilla, otro mayorcito como él aunque con
pinta de gorila de discoteca, con el bigote perfilado encima de unos enormes y
carnosos labios, y qué tal Sasha, y hace tiempo que no te veo y ¿tocamos
«Bebop»?, claro, respondió Sasha, de modo que nada más oír los aplausos el saxo
alto se subió al escenario, Sasha lo siguió y recuperó el contrabajo mientras
el pianista se acomodaba en la butaca, y enseguida el andaluz comenzó a soplar
la intro a una velocidad tal que la sección rítmica apenas si pudo apoyar los
últimos compases para comenzar a «caminar» con un swing tremendo en cuanto al sevillano se le dio por poner esas
caras de estar disfrutando, de mira cómo esculpo la melodía, y de inmediato la
empalmó con su solo y comenzó a despilfarrar notas, escala arriba, escala
abajo, soleando un coro y otro coro y otro y otro más, y se oían los yeah!, ¡así se hace!, de sus colegas de
instrumento, los jóvenes que todavía no se veían capaces de seguir coro a coro
con el solo, y el andaluz y su ego encuadraron el final al mismo tiempo que
explotaban los aplausos, y entonces el pianista comenzó a teclear con precisión
y menos notas, dejando más espacios porque aquello iba muy rápido, al principio
rodeando la melodía, desmontándola o deconstruyéndola, y su solo, más
matemático y de apenas dos coros, recibió otra enorme tanda de vivas y bravos;
de modo que llegó el turno de Sasha, de quien dudaban que se atreviera con
semejante tempo vertiginoso, pero no se quedó corto, enseguida desenfundó el
arco y atacó aquel trasto de madera que ya resonaba en toda la sala y citó una
melodía de otro standard y se oyeron
las risitas de los entendidos, los que la habían reconocido, y siguió
improvisando un coro más hasta que levantó la vista porque el egocéntrico de Sevilla
gritaba ¡sí, Sasha, eso es!, loco como estaba de volver a soplar y hacer
dibujos con su bigote, pero en eso se oyó una trompeta desde el público y un
aluvión de yeeeeaaahhh!, al tiempo que
se volvían para identificar al que estaba soplando, el típico caso del
trompetista que sorprende y frasea de lo lindo mientras trepa por las
escaleras, solea con estridencia citando a Dizzy durante cuatro coros porque a
qué viento no le apetecía explayarse en semejante tema, y para cuando estaba
por terminar, el saxofonista le echó una miradita al baterista y este asintió,
se veía que le apetecía dar manteca con los ochos, de modo que imitó rítmica y
melódicamente a los solistas en el intercambio, loco como iba de provocar esas
sonrisitas de sus compañeros de escenario, y porque su oído funcionaba de
maravilla y también conocía la tradición, había escuchado a Max Roach y Philly
Joe Jones tocando ese temazo, y para cuando la sala explotó en aplausos y
hurras y vítores, ya daban comienzo a la melodía otra vez, y para entonces
todos estaban contentos, contentos y borrachos, borrachos de euforia y de jazz."
Emma Reyes (1919-2003), la artista plástica, la trotamundos, la que escribe unas memorias del infierno con mirada de niña, la que escribe-juega con particularísimo estilo entre ingenuo e irónico su propia y macabra infancia, dejó este conjunto de cartas para explicar su origen, y no sabemos si miente o se distancia tanto de lo acontecido para conseguir un efecto entre hipnótico y compasivo, donde abunda lo escatológico y la crueldad y la incomprensión y la denuncia social, pero sobre todo la injusticia para con los más débiles, los niños.
"Regularmente imaginaba que hablaba con el Niño o con Eduardo, a veces con los dos, con Helena jugábamos a que ella era la señora María y yo Betzabé. Jugábamos a la mazamorra y doña Inés que caía encima de la olla. Un día quisimos jugar al incendio de Guateque, pero llegó Betzabé y nos quitó los fósforos y nos pegó."
Hija natural, vivió encerrada prácticamente toda su vida, tiranizada por una madre a la que llama señora María y más tarde abandonada junto a su hermana y recogida después en un convento de monjas, donde adquiere una llamativa destreza en el arte de bordar, según nos dice. Esto que acabo de escribir suena terriblemente a drama, pero Reyes se sirve de la ironía ante el espanto.
Leo a Emma Reyes y enseguida recuerdo a Aurora Venturini.
"Y no me regañes, porque si tú crees que basta tener las ideas, yo te digo que si uno no sabe cómo escribirlas para que sean comprensibles es igual que si uno no tuviera ideas."
¿Son acaso intercambiables?, me pregunté, pues abundan las similitudes y variaciones e interconexiones semánticas en esta red de relatos en dos hemisferios (y a dos colores) que enseguida nos dejan un regusto a desasosiego: esto es el mundo actual, el reflejo de la globalización, un reality show infinito (o casi el infierno): sexo, autopista, centro comercial, individualismo, televisión, especulación inmobiliaria, oficinas de cristales impolutos, cine de palomitas, secuestros, adoración del cuerpo, hastío, SINSENTIDO.
"[...] hallé por casualidad el centro, seré modesto por una vez, uno de estos singulares centros al menos, uno tan solo, si quieren puedo ser más preciso o descriptivo, pero creo que me expreso con bastante claridad, tampoco pretendo escandalizar o molestar a nadie, no es mi intención. Quiero decir que esa cara expresa o quizá encarna lo que reconocí allí enseguida, nada más, la indiferencia absoluta entre centro y periferia cuando se trata precisamente de hallarle un centro a una vida desperdiciada o malograda, sé lo que digo, no me asustan ciertos juicios, he pasado por todas, incluidas dos operaciones a corazón abierto y tres matrimonios y otros tantos divorcios, aún más insufribles, y aquí estoy todavía, algo maltrecho y arruinado, eso desde luego, y descubres por casualidad, cuando menos te lo esperabas, que ese centro tan buscado es acogedor y está vacío y además te puedes refugiar en él tantas veces como desees sin temor a ser rechazado o desalojado, la ausencia precisamente lo vuelve intensamente receptivo, cálidamente hospitalario, no puedes pedir más, no existe nada más después de eso. Solo ese vacío es real para mí ahora, esta dicha, este desarraigo, esta intracendencia, no sé si me entienden, quizá no."
*
[Permítaseme, sin embargo, agregar una mala lectura, una lectura tal vez descabellada como la que sigue: Dicen que esta vuelta al mundo conversa con la de Jules Verne. Jules Verne parodia en su vuelta al mundo a la literatura inglesa y toda su cultura, a modo de denuncia persistente o reticente, también, porque por entonces (y no tan lejos ahora) eran poderosos como ningún otro imperio. Ferré conserva sobre todo la parodia de su homónima y conecta también con la Vuelta al día de Cortázar (en tanto miscelánea como también porque lo geográfico ha desaparecido) para exponer un recorrido (o variación descorrida, más bien), por los mundos anónimos e intercambiables de esos individuos sin nombre tan parecidos a nosotros ("a ti", interpela una y otra vez el libro) y donde abunda el mito que al parecer Ferré adora variar (y parodiar) incansablemente en toda su obra: el tan español mito del donjuán (con su ineludible variante femenina) aunque en la versión higiénica del porno.]
*
Consejo: empiece a leer el libro al revés: lea el epílogo primero porque allí encontrará unas sugerentes instrucciones de lectura. Menos mal que se me ocurrió sospechar, seguirle el juego e incidir el índice:
Advertencia: absténgase de leer las páginas rosas en público si tiene dificultades para la simulación.