rumiar la biblioteca

lunes, 23 de enero de 2017

La novela deejay VI

Si imaginamos un destino de la literatura similar al destino de la música, en el sentido en el que hoy aplaudimos y celebramos y adoramos al deejay como si de una estrella de rock o de un concertista virtuoso o de un afamado compositor se tratara, y celebramos su trabajo, es decir, el de poner discos, como arte, o mejor dicho, celebramos su collage y su mixtura y su capacidad de navegar por el tiempo y la tradición, de hacer tremolar el tiempo sobre diferentes bases, y extrapolamos el fenómeno al libro, o mejor, al libro electrónico, y pensamos que el escritor dejará de ser ese juntapalabras o el que busca estilo y contruye una escritura, y que su función se habrá desplazado hacia un diseñador-maquetador con talento, con conocimientos de programador, que fabrique collages y corta-pegas y links de navegación por las grandes obras de todos los tiempos y aplaudamos su trabajo, lo celebremos como gran hacedor de los tiempos por venir, y colaboremos para que pueda ganarse la vida con mucha mayor soltura que un escritor, porque tal y como dicen algunos, y no sin razón, con semejante tradición para qué escribir o reescribir, o contestar y dialogar con esa tradición, quizá sea suficiente con manipularla y fragmentarla y servirnos de ella para contar la historia que queramos, para seguir ejecutando el hecho literario.

Por ejemplo, yo podría continuar con el montaje de una autobiografía in progress, que ya comenzara con el post La novela deejay, La novela deejay II, La novela deejay III, La novela deejay IV y La novela deejay V utilizando un framento de M Train de Patti Smith (aunque por lo general tanta levedad no me convenza por insoportable) como fotografía de este momento de cambios bruscos: nado en la liviandad, en la banalidad incluso, me acosa la confusión de sueños, el insomnio como un jet lag permanente, el alcohol y el tarot como remedios, y sobre todo, el deseo del cowboy por contraposición al vampirismo del que escapamos:

lunes, 16 de enero de 2017

David Aceituno y la muerte

David Aceituno, Augurio, Granada, Paralelo (2016)
http://edicionesparalelo.com/augurio/

Tal vez sea la muerte el asunto que sobrevuela en Augurio de David Aceituno: hay atentado, hay muerte de ser querido, hay anorexia, hay divorcio. La muerte es el desencadenante principal: la muerte de los otros, pues es la única que podemos experimentar.
"La muerte es un arranque demasiado socorrido en casi cualquier narración, pensó Ingrid."

Ingrid y su hija son aquí las protagonistas, pero también: la relación entre ellas, y las relaciones de ellas con otras personas. De modo que es novela de relaciones y de reflexión (recordemos que Aceituno estudió filosofía y además escribe poesía). Es novela mayormente descriptiva, minuciosa (a veces roza la "cosificación" nouveau roman), construida con un lenguaje frío, preciso, calculado. Además utiliza el tiempo presente, cosa que da la sensación de ralentizarlo todo: el tiempo aquí, la acción, es el de la reflexión: la pausa, la memoria, la autoconciencia, la autoexploración.


"El dolor es permanecer fuera, piensa, no participar en lo que ocurre de verdad, ser incapaz de comprender lo que se mueve a tu alrededor."

lunes, 9 de enero de 2017

Ricardo Piglia o qué es un diario

Ricardo Piglia, Los diarios de Emilio Renzi. Los años felices, Barcelona, Anagrama (2016)
https://www.anagrama-ed.es/libro/ebooks/los-diarios-de-emilo-renzi/9788433928115/EB_493


¿Y si lo mejor que yo he escrito,
y si lo mejor que yo escribiré en mi vida,
fueran estas notas, estos fragmentos,
en los que registro que nunca alcanzo
a escribir como quisiera? 
(octubre de 1968)



En la introducción de título "En el bar" al segundo tomo de Los diarios de Emilio Renzi, Piglia nos advertía que a punto estuvo de organizar las anotaciones de sus famosos cuadernos según ciertas series, pero que finalmente abandonó la idea pues, de hacerlo, se perdía la sensación de caos propia de un diario de escritor. Afortunadamente no eliminó las categorías, de modo que podemos leer el diario de varias maneras. (Un diario Rayuela.) Aquí me parece que una lectura posible es la llamada Serie E, compuesta por reflexiones sobre el género del diario, y también: sobre su propio diario, una obra en marcha.

¿Qué es un diario para Emilio Renzi? Rescato las ideas más llamativas (y no se pierda de vista que van apareciendo "al tiempo" que la escritura, al menos así lo suponemos):

1. El diario como una máquina registradora de la microscopía de la vida privada. Ni la novela ni el ensayo histórico son capaces de hacer esto. "Lo mejor del género son los borradores", dice.
2. El diario como collage. No hay "una retórica común", ni desarrollo de temas.
3. El diario como un registro de la educación sentimental.
4. No escribir "construyendo" (como la literatura), sino con rapidez, con una escritura "instantánea". El problema del diario es la oposición forma/sinceridad. (Más adelante, y buscando una "forma" para el género, dice: "narrar como si no supiera cómo van a terminar las historias (que he vivido). Una escritura ausente, sin memoria".)
5. El diario como una "poética del pensamiento".
6. Leer un diario como se "lee" un sueño: todo es verdadero, pero tan cargado de sobreentendidos que solo puede entenderlo su autor. 
7. El diario como "género psicótico"; es decir, y a pesar de aparentar lo contrario, el diario pierde el contacto con la realidad.
8. El diario como espejo. Estilo descriptivo, no interpretativo.
9. El diario como "laboratorio de la escritura". 
10. Nunca "escribir textos extensos": "el diario es una cadena de eslabones finos".


"Intentar en estos cuadernos tres registros. Irónico, con los hechos narrados sin elaboración, directamente. Introspección, es decir, verse a sí mismo como si uno fuera otro que está en el pasado del que se observa. Conceptual, para unos pensamientos todavía no pensados."

lunes, 2 de enero de 2017

Los misterios de Ozick

Cynthia Ozick, Cuentos reunidos (2004), traducción de Eugenia Vázquez Nacarino, Barcelona, Lumen (2015)
http://www.megustaleer.com/libro/cuentos-reunidos/ES0087360

Déjenme que lo diga de una vez: Cynthia Ozick es inmensa, novedosa, divertidísima. Cynthia Ozick es la sibila a quien rendir tributo, encender velas e incienzo y quemar para ella nuestros mejores párrafos. Su lectura me provoca una intensa fascinación y a la vez perplejidad, tanta que enseguida siento deseos absolutos de inciarme en eso que ella hace, en los misterios de Ozick. Los misterios de Ozick parecen sencillos pero difíciles de encontrar en las librerías, señores. Fíjense: una mujer que escribe con un humor exquisito, ironía constante y, lo peor, sobre escritores (el Tema Prohibido). ¿Cómo se atreve? ¿Cómo lo hace?

A primera vista parece bastante fácil: relaboración de la tradición (y no solo la judía), relaboración de las mitologías (y no solo las judías), precisión, nada de florituras anochecidas, mucho desparpajo y pocas y contadas veces un párrafo poético (cuando toca). Utiliza comparaciones del tipo: "mascaba las notas al pie como si fueran caramelos balsámicos"; "un aire denso, pesado, caliente, sesgado y vehemente, como el aliento de un juez vengativo" (ok, aquí tal vez sobran adjetivos). Es mayormente realista, pero no se corta cuando lo irracional irrumpe con la fuerza de los huracanes. Pareciera que defiende la verdad de la ficción por encima de la verosimilitud (por eso algunos tildan sus escritos de alocados). 
"No importa, dice la Ficción; qué gracia, dice la Transgresión; ¿y qué más da?, se burla el Sueño." ("Dictado")
Además, es adorablemente metaliteraria: aquí hay poetas, escritores, pintores, actores, editores, críticos, intelectuales, traductores, seres mitológicos, Henry James y Joseph Conrad, un joven T. S. Eliot, plagios, lexicógrafos, rabinos, amanuenses, etcétera. Seres indignados, desesperados, hechidos de orgullo, enamorados, envidiosos o alelados. Seres obsesionados con algo (a la manera quijotesca, a la manera de esos personajes de las películas de Werner Herzog): piénsese por ejemplo en el protagonista de la excelente novela El mesías de Estocolmo, completamente obsesionado con que es hijo de Bruno Schulz, un delirio en toda regla.

Algunos la clasifican con la etiqueta de "escritora judía", como también se dice de Kafka que escribía "literatura judía". Por mi parte tiendo a pensar que el Holocausto pertenece a la Historia Universal. No sé por qué no se la llama simplemente "Maestra absoluta de la Metaliteratura", "por fin esa Mujer que Escribe para Todos", "llegó la Era de la Mujer con Sentido del Humor" y "queremos más de Este Tipo". 

"Saltaba a la vista que no era simplemente una historia, sino que apuntaba a mucho más, y ese 'mucho más' significaba en sí mismo mucho más. Ya solo con eso me amargué; son técnicas que se aprenden en esas lápidas huecas llamadas escuelas de escritura. A mí me parece que cuando uno quiere contar una historia, la cuenta. Estoy en contra de las máscaras y los trucos de la metáfora y la fábula. Por esa razón me atraen los cuentos de magia y fantasía: significan lo que dicen; en ellos los milagros no son símbolos, sino probabilidades condicionadas." ("Usurpación")

Déjenlo todo y léanla.
 
 

lunes, 26 de diciembre de 2016

Damián Tabarovsky o cómo narrar post-desaparecidos

Damián Tabarovsky, El amo bueno, Buenos Aires, Mardulce (2016)
http://www.mardulceeditora.com.ar/ficcion.php

[Publicado en Revista de Letras el 23/12/2016]
“Es difícil oponerse al amo bueno, la violencia que ejerce ya no es violenta, al contrario, es una violencia pacífica, la fuerza tranquila, el método del diálogo, el consenso hueco, la conversación como horizonte último de la época.”
Que nadie se espere de El amo bueno de Damián Tabarovsky (Buenos Aires, 1967) una novela al uso, es decir, una novela como un espejo a lo largo del camino. Aquí hay espejo pero está dentro del discurso. O también: un espejo refractado y enseguida reconstruido de varias cosas: el pensamiento, la memoria, el lenguaje, varios fantasmas de la historia. El amo bueno es la narración de un discurso reflexivo (en el sentido de reflexión pero también de reflejo). Esto es: un devenir más bien ensayístico de ciertos pensamientos que van hilándose como se hilan los devaneos: por vasos comunicantes, por recurrencias, por contraposición.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Zia Haider Rahman o la luz que nos deslumbra

Zia Haider Rahman, A la luz de lo que sabemos (2013), traducción de Vicente Campos, Barcelona, Galaxia Gutenberg (2016)
http://www.galaxiagutenberg.com/

[Publicado en Revista de Letras, 07/12/2016]



Un exiliado ―dijo Zafar―,
es un refugiado con una biblioteca.
 

A la luz de lo que sabemos es el debut de Zia Haider Rahman (1971), nacido en Bangladesh y afincado en Reino Unido, novela enorme, novela total, novela enciclopédica, que ha recibido una excelente acogida en Inglaterra y que ahora nos llega publicada por Galaxia Gutenberg.

Sabemos que el narrador, un pakistaní de clase alta, en medio de una crisis matrimonial, acaba de encontrarse en su casa con un antiguo amigo y compañero de estudios, Zafar, a quien le ha costado reconocer, pues su aspecto es el de un pordiosero. ¿Qué ha pasado con su amigo durante todos esos años? De eso, precisamente, trata la novela. El narrador invita a su amigo a que se quede unos días para que le cuente qué le ha ocurrido, y enseguida se despliega un torrencial ejercicio de la memoria, esa construcción tantas veces defectuosa, enriquecida y deformada. Zafar describe la memoria así: