rumiar la biblioteca

lunes, 28 de noviembre de 2016

Rubem Fonseca y el noir metaliterario

Rubem Fonseca, Vastas emociones y pensamientos imperfectos (1988), trad. de Mario Merlino, Santiago, Tajamar (2008)
http://www.tajamar-editores.cl/titulo/114

La historia de un director de cine que se ve envuelto en un entramado de contrabando de joyas y que estudia minuciosamente a Isaak Bábel, pues está preparando un guión de Caballería roja... La novela podría resumirse así, pero contada con un ritmo veloz, descuidado (su prosa es socarrona, directa, a veces cruel y siempre humorística) y trepidante, intercalando tramas sin demasiadas explicaciones y llevándonos desde el policial al ensayo político sobre la URSS hasta la crítica literaria con la literatura rusa en primer plano, con viaje a Berlín y espionaje incluido. 

“Bábel se había convertido en una idea fija. Yo sabía que solo un admirador obcecado, lo que ciertamente no era, se quedaría pegado con un escritor como me ocurría a mí con Bábel. O si no un loco. Cuando filmé La guerra santa me interesé profundamente por Euclides da Cunha, pero de una manera lúcida, que me permitía percibir las grietas del escritor, del pensador. Sin embargo Bábel me parecía perfecto. La idea de la perfección, tanto como su búsqueda, es una utopía de soñadores. Sí, yo era un soñador que soñaba de una manera extraordinaria, pero seguramente no era un loco, en el sentido psiquiátrico convencional. Yo era singular (todas las personas son singulares), tal vez raro, pero no loco.”

Leída después de la socarrona y revanchista historia de “El cobrador”, lo único que había leído de Rubem Fonseca y que entendí como la manifestación exagerada pero manifestación al fin (¡y por fin!) del deseo de todo latinoamericano harto de la bota en la cara, diré que simpatizo y hasta recomiendo echarle un ojo a este brasilero que trabaja quizá a la par y con los mismos intereses de Ricardo Piglia pero, por supuesto, de otra manera. ¿Cuál? Más directa, menos meditativa o sofisticada, más violenta, con más rasgos noir, o al menos con esas señales expuestas de forma más explícita. Trabaja con tramas intercaladas, pinceladas de erudición, algo de pensamientos o vastas emociones con surrealismo, y siempre el suspense, la intriga como hilo conductor.
“—En el caso de Caballería roja el estilo de la película será lo más importante. Bábel, en una conversación con su biógrafo, Paustovski, dijo que una historia podía hacerse solo de estilo, sin contenido, trama o suspense. Claro que exageraba, sus historias tienen trama y suspense, cualquiera de ellas puede contarla oralmente, sin perder la fascinación, un contador de cuentos en una plaza pública. Pero sobre todo los cuentos de Bábel tienen estilo. Este es un desafío que tengo que enfrentar.
—Pero ¿qué es estilo? —preguntó Veronika de manera hostil.”


lunes, 21 de noviembre de 2016

La novela deejay V


Si imaginamos un destino de la literatura similar al destino de la música, en el sentido en el que hoy aplaudimos y celebramos y adoramos al deejay como si de una estrella de rock o de un concertista virtuoso o de un afamado compositor se tratara, y celebramos su trabajo, es decir, el de poner discos, como arte, o mejor dicho, celebramos su collage y su mixtura y su capacidad de navegar por el tiempo y la tradición, de hacer tremolar el tiempo sobre diferentes bases, y extrapolamos el fenómeno al libro, o mejor, al libro electrónico, y pensamos que el escritor dejará de ser ese juntapalabras o el que busca estilo y contruye una escritura, y que su función se habrá desplazado hacia un diseñador-maquetador con talento, con conocimientos de programador, que fabrique collages y corta-pegas y links de navegación por las grandes obras de todos los tiempos y aplaudamos su trabajo, lo celebremos como gran hacedor de los tiempos por venir, y colaboremos para que pueda ganarse la vida con mucha mayor soltura que un escritor, porque tal y como dicen algunos, y no sin razón, con semejante tradición para qué escribir o reescribir, o contestar y dialogar con esa tradición, quizá sea suficiente con manipularla y fragmentarla y servirnos de ella para contar la historia que queramos, para seguir ejecutando el hecho literario.

Por ejemplo, yo podría continuar con el montaje de una autobiografía in progress, que ya comenzara con el post La novela deejay, La novela deejay II, La novela deejay III y La novela deejay IV utilizando un framento de la novela El jardín de al lado de José Donoso como fotografía de la inmigración latinoamericana (en la que me incluyo), foto que acumula capas de años y sigue asombrosamente parecida:
 

lunes, 14 de noviembre de 2016

Eileen Chang o ser mujer en China

Eileen Chang, Un amor que destruye ciudades (1943), traducción de Anne-Hélène Suárez y Qu Xianghong, Barcelona, Libros del Asteroide (2016)
http://www.librosdelasteroide.com/-un-amor-que-destruye-ciudades

Edith Wharton, en un delicioso texto llamado "El vicio de leer" (1903) recopilado en el volumen Escribir ficción (Páginas de Espuma), afirma que si un libro "entra en la mente del lector tal y como salió de la mente del autor, sin ninguno de los añadidos ni las modificaciones que inevitablemente se producen con el contacto de un nuevo cuerpo de pensamiento, entonces ¿qué finalidad tiene su lectura?". Una advertencia que podría aplicarse a cada proceso lector, pero que creo imprescindible en un caso como el que nos ocupa. ¿Por qué? Permítanme que me explique.

Estamos ante un notable ejemplo de reformulación de la novela romántica a lo Jane Austen, no exenta de su característica fina ironía. Las frases son contundentes y directas, los diálogos están impecablemente construidos, el tono destila cierto aire absurdo. Es buena literatura, sin duda, aunque bastante anticuada. Quien piense por un momento en las heroínas de Austen recordará que esas muchachas, a pesar de su inteligencia y moderación, pocas veces son activas a la hora de elegir marido y se nos muestran, a su pesar, tan solo como sujetos susceptibles de casarse y tener hijos. Son, hablando en plata, adorables Ángeles de la Casa, es decir, dóciles, correctas, complacientes, aduladoras cuando toca. Virginia Woolf, en un texto de 1931 (préstese atención a las fechas), "Profesiones para mujeres" (recopilado en La muerte de la polilla y otros escritos, Capitán Swing), dice que lo primero que tiene que hacer una mujer es matar al Ángel de la Casa.

Nada más lejos que asesinar al angelito por parte de la protagonista de la nouvelle Un amor que destruye ciudades, una heroína romántica típica. Acaso tome algunas decisiones que en tiempos de Austen habrían sido severamente castigadas por impulsivas, aunque en los tiempos en los que nos coloca Chang tampoco están del todo bien vistas. 
"Por excelente que fuera una mujer, si no lograba ser amada por los miembros del sexo opuesto, no lograría el respeto de los suyos. Las mujeres eran mezquinas en ese aspecto."
El asunto del matrimonio, nada nuevo bajo el sol. El asunto de que las propias mujeres son muchas veces las más férreas defensoras del Ángel de la Casa. Me dirán: eh, son problemáticas del siglo pasado, pero no sé hasta qué punto: hace unos días salió en la prensa la noticia de que a las mujeres chinas se les prohibirá  por ley casarse con extranjeros a partir de 2018

*

El segundo cuento resulta algo más inquietante, a pesar de que la mujer sigue presentándosenos reprimida y dispuesta a aceptar el puesto de concubina. Su título: "Bloqueados".
Se trata de una escena que transcurre en un tren que ha quedado momentáneamente detenido y ese lapsus da lugar a una absurda historia de amor. El malentendido refleja, sin duda, la dificultosa comunicación entre las personas.
"La vida era como la Biblia, que había sido traducida del hebreo al griego, del griego al latín, del latín al inglés, del inglés al mandarín. Y cuando Cuiyuan la leía, la traducía mentalmente del mandarín al shanghainés. Los malentendidos surgían inevitablemente."

Entonces:
  1. Quizá habría que plantearse si la tardanza de aproximadamente setenta años con que llega Eileen Chang a nuestra lengua no sufre de los mismos problemas de comprensión a los que alude la protagonista del cuento "Bloqueados".  
  2. Por incomprensión me refiero a la idea de ofrecernos más "Ángel de la Casa", eso que adoran los lectores de novela romántica pero que los lectores exigentes definirían como un fantasma anticuado y aburrido: ¿acaso no se encuentra "otra cosa" escrita por mujeres para ofrecer a los lectores de hoy? ¿Acaso nos escandalizaremos? ¿O es que no hay manera de venderlo?
  3. Por momentos pareciera que a Eileen Chang todo eso también le parece aburrido: ahí resopla un soterrado tono absurdo (al menos en la versión castellana). Pero quizá se trate de mis ganas de salvarla, mi manía de leer mal.

Ahora bien, nadie negará que Chang escribe con una prosa afilada, elegante y divertida, que se pasa un rato agradable si sabemos ponernos en situación (como cuando leemos a Austen) y que se disparan todas esas reminiscencias románticas en la performance de la lectura, ahora teñidas, como queda dicho, de un aire siempre absurdo. De modo que podríamos conjeturar que el puesto de la escritora china más importante del siglo XX, pues así se nos presenta (y si no hay otra escritora que presentarnos), se lo tiene merecido.  
 

lunes, 7 de noviembre de 2016

Siete propuestas para la novela futura: Vila-Matas, Piglia, Foster Wallace


Enrique Vila-Matas,
Perder teorías, Barcelona,
Seix Barral (2010)


Aparte de homenajear y diagolar con Seis propuestas para el próximo milenio de Italo Calvino, Perder teorías se pregunta cómo habría de ser la novela futura, una pregunta, por lo demás, que en absoluto es nueva y que ronda de tanto en tanto a todos esos escritores que consideran que escribir es algo más que (y simplemente) contar una historia. Enrique Vila-Matas dice que son cinco los elementos que acechan la novela del mañana:



  • 1. La "intertextualidad": es decir, el uso de citas/citas falsas y referencias a otros libros (incluida la autorreferencia, por supuesto).
  • 2. Las conexiones con la alta poesía (decía Barthes: "todas las veces que hay un esfuerzo de estilo, hay versificación").
  • 3. La escritura vista como un reloj que avanza (más que como un espejo a lo largo del camino): "uno de los aspectos más seductores de la literatura se encuentra en el hecho de que algunas veces puede ser algo así como un espejo que se adelanta; un espejo que, como algunos relojes, tiene la capacidad de avanzarse".
  • 4. La victoria del estilo sobre la trama (ya que existen unas pocas tramas que siempre se repiten (piénsese en Vladímir Propp y similares), el novelista debe limitarse a elegir una cualquiera o una combinación cualquiera). 
  • 5. La conciencia de un paisaje moral ruinoso (esto se entiende como lo que muchos denominan "conciencia social", "denuncia de la decadencia" y sus hermanos más o menos realistas/pesimistas/"es lo que hay").  



Ricardo Piglia,
Antología personal
,
Barcelona,
Anagrama (2015)
(Lo más divertido de todo esto es que Vila-Matas expone esos cinco elementos pero también los "muestra": Perder teorías está respetuosamente construido con esos cinco requisitos, de modo que también podríamos hablar de Perder teorías como de una novela.) 




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Pareciera que las conferencias de Calvino también llamaron la atención de Ricardo Piglia, quien se preguntó en algún momento cuál podría ser la sexta propuesta de Calvino, pues como todos recordaremos las Seis propuestas para el próximo milenio al final quedaron en cinco (levedad, rapidez, exactitud, visibilidad y multiplicidad). 

Aunque Vila-Matas habla de elementos en una misma novela y no de distintas propuestas como modelos de novela futura, permitámonos relacionar (o confundir) por un momento elementos con propuestas. De modo que podríamos añadir a los cinco elementos vilamatianos este sexto (o al revés: añadir a la sexta propuesta de Piglia los cinco elementos de Vila-Matas). ¿Y cuál es esa sexta propuesta? Piglia: "Me parece entonces que podríamos imaginar que hay una sexta propuesta, a la que yo llamaría el deslizamiento, el desplazamiento, el cambio de lugar. Salir del centro, dejar que el lenguaje hable también en el borde, en lo que se oye, en lo que llega de otro". Esta frase tan enigmática significa la idea de incorporar los retazos de voces verdaderas (a lo Puig, a lo Walsh y la crónica, por ejemplo). De modo que agregaríamos:

  • 6. El deslizamiento, el cambio de lugar ("poner a otro en el lugar de una enunciación personal").





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David Foster Wallace,
En cuerpo y en lo otro,
trad. Javier Calvo,
Barcelona,
Literatura Random House (2013)
Solo nos falta la séptima propuesta que anuncia el título. En un hilarante artículo, "La naturaleza de la diversión", David Foster Wallace habla de eso que es la novela citando a DeLillo y definiéndola así: "un niño repulsivamente deforme que sigue al escritor a todas partes, yéndole eternamente detrás a cuatro patas (es decir, reptando por el suelo de los restaurantes donde el escritor está intentando comer, apareciendo a primera hora de la mañana a los pies de su cama, etcétera), repulsivamente defectuoso, hidrocefálico y sin nariz y con aletas en vez de brazos e incontinente y retrasado y babeando líquido cerebroespinal por la boca mientras lloriquea y gorgotea y llama al escritor, pidiéndole amor, pidiéndole eso que su misma repulsividad le garantiza que va a obtener: la atención total del escritor". El escritor ama a su "niño deforme", y quiere que salga al mundo y que todos lo vean como un "niño perfecto". Y aunque el escritor sabe que el niño no es perfecto y que, a pesar del esfuerzo, nunca quedará perfecto, le gusta pasarse la mayor parte del día construyéndolo. Construir novelas es divertidísimo, dice Foster Wallace. Lo malo es que se puede caer en la trampa, advierte, de querer gustar al lector (eso por culpa del miedo que genera el hecho de que el niño al final es aceptado por el mundo y por los lectores que vienen a ser el mundo para una novela), y muchas veces se pierde lo genuino de ese producto, que consiste, precisamente, en la diversión. De modo que permítanme agregar la séptima:



  •  7. La diversión, o el "Trabajo Como Juego": "Bajo la nueva administración de la diversión, escribir narrativa se convierte en una forma de adentrarte en ti mismo e iluminar esas mismas cosas que no querías ni ver ni que nadie más viera, y resulta (paradójicamente) que estas cosas son justamente las cosas que todos los escritores y lectores comparten y sienten, y a las que reaccionan. La narrativa se convierte en una forma extraña de aceptarte a ti mismo y de decir la verdad en lugar de ser una forma de escapar de ti mismo o de presentarte a ti mismo de una forma que supones que hará que le gustes al máximo número de personas. Se trata de un proceso complicado, que confunde y da miedo, y también muy trabajoso, pero que resulta ser la mejor diversión que existe".



Ahora sí, recopilemos estas siete propuestas para la novela futura:

  1. Intertextualidad
  2. Alta poesía
  3. Reloj que avanza
  4. Estilo sobre trama
  5. Conciencia de la decadencia del mundo
  6. Desplazamiento o insertos de voces verdaderas
  7. Diversión



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Acordada la "receta", la conversación terminó más o menos así:

PIGLIA: "asistimos a la destrucción del recuerdo personal (y situado)". 

VILA-MATAS: "no puede ser más ridícula e inverosímil la imagen de un creador —pongamos que literario— convencido de que es propietario de su inconsciente".

FOSTER WALLACE: “lo escribes prácticamente todo para excitarte a ti mismo”.

PIGLIA: “narrativamente podríamos hablar de la muerte de Proust, en el sentido de la muerte de la memoria como condición de la identidad verdadera”.

FOSTER WALLACE: “Al principio. Luego las cosas empiezan a complicarse y a volverse confusas, y hasta a dar miedo”.

VILA-MATAS: "todo verdadero narrador tiene que intentar inventar su teoría".

FOSTER WALLACE: "es lo que más quieres: equivocarte de forma garrafal, demente y suicida". 

PIGLIA: “¿Y qué sería un buen relato? Una historia que le interesa no solo a quien la cuenta, sino también a quien la recibe”. 

VILA-MATAS: “las frases que no entendemos pueden ayudarnos mucho más que las que entendemos perfectamente”.