rumiar la biblioteca

lunes, 15 de enero de 2018

Philip K. Dick y "Naranjo en flor"

Philip K. Dick,
Fluyan mis lágrimas, dijo el policía (1974),
traducción de Domingo Santos,
Barcelona, Minotauro (2011)
"Y uno no puede sufrir a menos que antes haya amado… el sufrimiento es el resultado final del amor, porque es el amor perdido. Lo entiendes; sé que lo entiendes. Pero no quieres pensar en ello. Es el ciclo del amor completado: amar, perder, sufrir, marcharse, y luego amar de nuevo."










"Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento..."



lunes, 8 de enero de 2018

Charles Darwin o la música es emoción (una cita)

Charles Darwin, La expresión de las emociones, traducción de Xavier Bellés i Ros, Pamplona, Laetoli (2009)
http://www.laetoli.es/biblioteca-darwin/11-la-expresion-de-las-emociones-charles-darwin-9788492422173.html

"[...] la música tiene un poder sorprendente para evocar de un modo vago e indefinido aquellas emociones intensas que se experimentaron en épocas muy lejanas, cuando, muy probablemente, nuestros antepasados primitivos practicaban el cortejo con la ayuda de tonos vocales. Y dado que varias de nuestras emociones más intensas (pena, gran alegría, amor y simpatía) conducen a la efusión franca de las lágrimas, no es sorprendente que la música pueda ser capaz de hacer que nuestros ojos lleguen a inundarse de ellas, sobre todo cuando hemos sido ablandados ya por alguno de nuestros sentimientos más tiernos. La música produce con frecuencia otro efecto peculiar. Sabemos que las sensaciones, emociones o excitaciones fuertes (dolor extremo, ira, terror, alegría o la pasión del amor) llevan consigo un impulso especial para provocar temblor en los músculos, y el estremecimiento o ligero escalofrío que recorre de arriba abajo el espinazo y las extremidades de muchas personas cuando se hallan profundamente afectadas por la música parece encajar con ello, del mismo modo que una ligera efusión de lágrimas provocada por el poder de la música se relaciona con el llanto nacido de una emoción real e intensa."

lunes, 25 de diciembre de 2017

Ursula K. Le Guin: un mundo hermafrodita

Ursula K. Le Guin, La mano izquierda de la oscuridad (1969), traducción de Francisco Abelanda, Barcelona, Minotauro (2009)
https://www.planetadelibros.com/libro-la-mano-izquierda-de-la-oscuridad/8489

En un país llamado Invierno, un explorador terrícola descubre una sociedad hermafrodita: los seres que allí habitan pueden adquirir la forma de mujer o de varón dependiendo de sus tendencias inconscientes, de algo parecido al "instinto maternal", y eso solo ocurre en determinados momentos de un ciclo biológico bien establecido. Esta fantasía andrógina, tan propia del imaginario de escritoras femeninas, le permite crear un compendio de textos en los que se intercalan la narración del protagonista y explorador terrícola con textos de la tradición propia del mundo que visita y diarios de uno de sus habitantes.
"Considérese: cualquiera puede cambiarse en cualquiera de los dos sexos. Esto parece simple, pero los efectos psicológicos son incalculables. El hecho de que cualquiera entre los diecisiete y los treinta y cinco años, aproximadamente, pueda sentirse 'atado a la crianza de los niños' (como dice Nim) implica que nadie está tan 'atado' aquí como pueden estarlo, psicológica o físicamente, las mujeres de otras partes. Las cargas y los privilegios son compartidos con bastante equidad: todos corren los mismos riesgos o tienen que afrontar las mismas decisiones. Por lo tanto, nadie es aquí tan libre como un hombre libre de cualquier otra parte."
Evidentemente uno enseguida se plantea por qué no encontramos una tradición de fantasía hermafrodita entre los escritores varones, aunque en la cita de arriba seguramente se halle la respuesta. Pero más allá de esto, la novela transcurre de manera entretenida reflexionando sobre otros asuntos, tales como la condición de extranjero, de diferente, de Otro, de exiliado, de traidor. Una lectura entretenida aunque sui generis para tardes de invierno: hace mucho frío en el libro, hace frío en el exterior.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Nicanor Parra: Incredulidad, ecología y antipoemas


Nicanor Parra, Ecopoemas, Barcelona/Las Palmas, Vegueta ediciones (2017)


[Publicado en Liberoamérica el 12/12/2017]

Con 104 años de edad, la poesía de Nicanor Parra sobrevivirá a esa persona llamada «Nicanor Parra». Una persona de carne y hueso cuya longevidad no se hace evidente solo en la voluntad de haber sobrevivido físicamente el promedio de vida humano sino en una obra que lo ha trascendido y lo trascenderá después de su desaparición física. Globalmente conocido como el irreverente y parco representante de una estirpe nacional de laureados poetas chilenos como Vicente Huidobro, Pablo Neruda o Gabriela Mistral, así como admirado por escritores de la relevancia de Roberto Bolaño, quien decía de él que «escribía como si fuera a ser electrocutado», Parra es un artista consciente de eso que llamamos «vida» más allá de la experiencia subjetiva y biográfica.
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lunes, 11 de diciembre de 2017

La siesta de tus aguas (2006)



He visto que dormías y que tus labios se hinchaban blandamente, y que en tu boca crecía un globo de saliva, un espeso círculo de baba compuesto de tus sueños, una esfera que brillaba con la luz pálida del invierno y que ha terminado por despegarse trabajosamente de tu boca para salir volando, globo acuoso y libre, y que ha cruzado lentamente la habitación y ha salido por la puerta como un aliento rechazado. Tu burbuja que flotaba por toda la casa, paseándose como una señora gorda, ha terminado por chocar contra la pared. Pobrecita. La burbuja se ha reventado, sí, ha explotado como una bola espesa, hecha de grumos y agua, compuesta de los ecos que tu alma expira en un ronquido. Y ha hecho un ruido sordo al chocar, y ha caído al suelo. Y la he visto reposar, la esfera fofa que se deshacía, indefensa, hasta que se ha desparramado y multiplicado para inundar el pasillo. Ese globo de saliva que salió de tu boca. Pero tú estabas dormido. Y también he visto que una fina lágrima crecía en tus pestañas poco a poco, una cristalina lágrima de tu sueño, una exquisita perla blanca que se escapaba de tu cuerpo que yacía tiernamente. Debajo de tus párpados, una y otra vez la lágrima huía de ti, resbalaba por tus mejillas y caía repetida como una llovizna clara. Y he dejado que humedeciera las sábanas, que mojara lentamente el edredón de la siesta, esa agua gruesa que salía de tus ojos como gotas de mercurio ámbar. Y he decidido dejarte dormir, para que la tenue claridad de la tarde reposara blanda en tu cuerpo. Y he decidido permanecer a tu costado, en nuestra isla de almohadas que nos salvan del río blanco que construiste dormido. Porque nos rodean las aguas de tu saliva y de tu lágrima, el espeso líquido con el que inundaste la casa. Tú que dormías, inocente, apartado del deslizamiento que se estaba produciendo en ti. Todas las aguas de tu sueño que caían en cascada desde la cama al pasillo. Y he pensado que debía salir de allí para no ahogarme, para evitar el grito de mis pulmones asfixiados. Y he sentido que toda mi columna vertebral flotaba en ti. Y he nadado en el pasillo, y he dejado que tu sueño me empapara, y he visto que la casa se hidrataba toda de ti. La casa, las paredes de la casa blanca, las pálidas sombras de la tarde, la plácida siesta en tu frente. Y he vuelto a ti, atravesando con mi cuerpo entumecido las espesas aguas blancas, y he subido a nuestra isla, y he visto que aún dormías, y me he abrazado a ti para soñar contigo, cómodamente envuelta en tu cuerpo. Y he despertado, y tú ya no dormías, ya no. Y el río de ti había regresado a tu boca, se había deslizado por las rendijas de tus pestañas para que pudieras volver a la vigilia, para que la humedad de las aguas tuyas se diluyera en el aire. Y he visto que el vapor se esfumaba de la siesta y buscaba las ventanas para encontrarte, más tarde, lejos de aquí.
 
Del libro de cuentos Tangos en prosa, Valladolid, Agilice Digital, 2014]

lunes, 4 de diciembre de 2017

La novela deejay VIII

Si imaginamos un destino de la literatura similar al destino de la música, en el sentido en el que hoy aplaudimos y celebramos y adoramos al deejay como si de una estrella de rock o de un concertista virtuoso o de un afamado compositor se tratara, y celebramos su trabajo, es decir, el de poner discos, como arte, o mejor dicho, celebramos su collage y su mixtura y su capacidad de navegar por el tiempo y la tradición, de hacer tremolar el tiempo sobre diferentes bases, y extrapolamos el fenómeno al libro, o mejor, al libro electrónico, y pensamos que el escritor dejará de ser ese juntapalabras o el que busca estilo y contruye una escritura, y que su función se habrá desplazado hacia un diseñador-maquetador con talento, con conocimientos de programador, que fabrique collages y corta-pegas y links de navegación por las grandes obras de todos los tiempos y aplaudamos su trabajo, lo celebremos como gran hacedor de los tiempos por venir, y colaboremos para que pueda ganarse la vida con mucha mayor soltura que un escritor, porque tal y como dicen algunos, y no sin razón, con semejante tradición para qué escribir o reescribir, o contestar y dialogar con esa tradición, quizá sea suficiente con manipularla y fragmentarla y servirnos de ella para contar la historia que queramos, para seguir ejecutando el hecho literario.

Por ejemplo, yo podría continuar con el montaje de una autobiografía in progress, que ya comenzara con el post La novela deejay, La novela deejay II, La novela deejay III, La novela deejay IV, La novela deejay V, La novela deejay VI y La novela deejay VII utilizando un fragmento de Pensar/Clasificar de Georges Perec para explicar la textura de muchos de mis sueños, sueños narrados, sueños ya escritos: