rumiar la biblioteca

lunes, 19 de febrero de 2018

Don Carpenter: escritores y vida cotidiana

Don Carpenter, Los viernes en Enrico's (2014), terminada por Jonathan Lethem, traducción de Javier Guerrero, Madrid, Sexto Piso (2015)
http://sextopiso.mx/esp/item/344/226/los-viernes-en-enrico039s

Fresca novela sin pretensiones, sencilla, irónica, tierna por momentos, Los viernes en Enrico's narra la vida de un puñado de escritores de la costa Oeste de Estados Unidos, escritores outsiders y todas sus tretas a la hora de escribir, y tal vez sea esto lo más atractivo, además de la modestia de una novela bien construida pero sin aspavientos y que se lee con placer-meseta, con risas cada tanto, con emoción. Pero a la vez es un compendio de cómo escriben los escritores y un muestrario de recursos para conseguirlo:
"No era un escritor. Jaime sí. No se trataba de las palabras, sino de la organización. Ella sabía de manera instintiva cómo poner las cosas para que fluyeran de una escena a la siguiente. El trabajo de Charlie era desordenado, grandes secciones de diálogo seguidas de largas secciones de descripción o acción, pero nada fluía. Era enloquecedor."

lunes, 12 de febrero de 2018

Javier Serena, el biógrafo

Javier Serena, Últimas palabras en la Tierra, Madrid, Gadir (2017)
http://www.gadireditorial.com/



Estuve leyendo el libro que me envió Javier Serena que es una biografía novelada de Roberto Bolaño. Le cambió el nombre y algunos datos biográficos con exagerada evidencia, cosa que le da un toque irónico naif a la narración que me gusta mucho. El libro está narrado por tres voces: la de un escritor amigo, la de la viuda y la del propio fantasma del escritor recién muerto. Todos conocemos la biografía de Roberto Bolaño y los tópicos a propósito del héroe-escritor Roberto Bolaño que es el milagro, el sueño hecho realidad, el pope de la fe y la perseverancia. 

"Fueron tantas décadas de rechazo que él llego a pensar que nunca disfrutaría de aquel aplauso unánime, aunque jamás dudara de sus capacidades. En los años finales Funes parecía ser ya el único que creía en sí mismo."

Escribe bien Javier Serena. Se lee con placer y es fácil de leer porque tiene buena musicalidad, una musicalidad clásica, sin demasiada personalidad, pero una musicalidad que a todos nos suena a buena literatura.

"Fue una opción que adopté cuando comprendí que quería que mi vida fuera la construcción de una biografía cuyos capítulos me entusiasmara recordar en el futuro, en la mecedora de la vejez, que mi historia estuviera ennoblecida por la dignidad de las causas inútiles y hermosas, que aceptaba el peligro de la pobreza o la derrota o la locura antes que el infierno insoportable de la resignación."
Enseguida recordé su novela Atila y la fijación de Javier Serena por las biografías noveladas de escritores conocidos y frecuentadores del fracaso. También pensé que Bolaño escribió multitud de biografías falsas o semicamufladas o comoquiera que se llame a eso maravilloso que hacía. Por eso Últimas palabras en la Tierra es un homenaje al Bolaño biógrafo en forma y contenido. Un homenaje a sus obras, que son biográficas en muchos sentidos. 
"[...] yo escribía Tráfico DF, una novela que se nutría de los recuerdos de nuestro pasado mexicano, enriquecido con escenas rescatadas de aquellas últimas expediciones, pues así como él no distinguía el pasado ni el futuro del presente, yo no establecía diferencia entre los hechos ciertos y los inventados." 

lunes, 5 de febrero de 2018

Marta Rebón o la traducción como buceo

Marta Rebón, La ciudad líquida, Barcelona, Caballo de Troya (2017)
https://www.megustaleer.com/libro/en-la-ciudad-liquida-caballo-de-troya-2017-6/ES0153599

Libro de crónicas o biografía construida por lecturas que parece responder al concepto presentado en "Desembalo mi biblioteca" de Benjamin, es decir, la lectura como autobigrafía, pero al mismo tiempo la traducción como ventriloquía o buceo:


"Cuando empecé a pasar textos literarios de una lengua a otra, ignoraba que ocuparse de traducir libros es como enfundarse a diario el mono de buzo. Hay que sumergirse en las profundidades de una voz ajena que, si es lo suficientemente embriagadora, sugestiva e inteligente, logra hundirte en una placentera suspensión del tiempo, como si flotaras en una suerte de líquido amniótico."
Sin duda que En la ciudad líquida, la isla entre traducción y traducción, es un libro que destaca más por los conceptos o la manera en que está construido (texto, citas, fotografías) que por su estilo. Marta Rebón escribe con una notable sobriedad, algo parecido a lo que Barthes llamó "grado cero de la escritura", y uno se pregunta hasta qué punto no responde a sacudirse el agua del estilo de los escritores que va traduciendo continuamente. Aunque tal vez escribir, como afirma Rebón, es "un homenaje prolongado a la imperfección".

lunes, 29 de enero de 2018

J. G. Ballard o la erotización de la tecnología

J. G. Ballard, Crash (1973), traducción de Manuel Manzano, Barcelona, RBA (2012)

El narrador, un tal Ballard, acaba de sufrir un accidente de coche y está convaleciente en el hospital. Enseguida sabemos que la novela que estamos a punto de leer es la historia de cómo conoció a Vaughan, un tipo desquiciado y pervertido al que le gusta el sexo en autopistas, los accidentes de tráfico y las cicatrices. 

Ballard (el autor) consigue aquí una inquietante erotización de la tecnología y la novela discurre como un compendio de posibilidades sexuales relacionadas con el automóvil.
"De hecho, yo estaba pensando en el contraste entre la generosa pose, las fachadas de cristal de los edificios del aeropuerto y el resplandeciente cromado del coche nuevo. Sentado en aquella réplica exacta del vehículo donde casi había encontrado la muerte, visualicé el parachoques triturado y la rejilla del radiador aplastada, la precisa deformación de las molduras, el desplazamiento angular de los bordes del parabrisas. El triángulo del pubis de Catherine me recordó que aún no habíamos consumado el primer acto sexual dentro de ese coche."
El propio Ballard dice en el prólogo (1995), agregado en esta edición, que quiso escribir "la primera novela pornográfica basada en la tecnología". Pero permítanme que copie un buen trozo del prólogo, que no tiene desperdicio:
"Además, creo que el equilibrio entre la ficción y la realidad ha cambiado significativamente en las últimas décadas. Sus papeles se invierten cada vez más. Vivimos en un mundo regido por ficciones de todo tipo: la comercialización en masa, la publicidad, la política dirigida como una rama de la publicidad, el dominio de la pantalla del televisor por encima de cualquier respuesta original fruto de la experiencia... Vivimos inmersos en una gran novela. El escritor necesita cada vez menos inventar contenidos ficticios para sus obras. La ficción ya está ahí fuera. La labor del escritor es inventar la realidad.
En el pasado asumíamos que el mundo que nos rodeaba constituía la realidad, aunque puede que a veces confusa e incierta, y que el universo interior de nuestras mentes, los sueños, las esperanzas, las ambiciones, representaban el reino de la fantasía y de la imaginación. Creo que esos roles se han invertido. El método más prudente y efectivo para enfrentarse al mundo que nos rodea es asumir que se trata de una completa ficción. Por el contrario, el pequeño anclaje de realidad que nos queda está dentro de nuestras propias cabezas. Ahora necesitamos aplicar al mundo externo de la llamada realidad la clásica distinción de Freud entre el contenido latente y el contenido manifiesto de los sueños, la distinción entre lo aparente y lo real.
Habida cuenta de esas transformaciones, ¿cuál es la principal labor a la que se enfrenta el escritor? ¿Puede seguir haciendo uso de las técnicas y perspectivas de la novela tradicional del siglo XIX, de su narrativa lineal, de su mesurada cronología, de sus grandilocuentess personajes que habitan amplios dominos de espacio y tiempo? ¿Sus temas pueden ser las bases de un carácter o de una personalidad ancladas profundamente en el pasado, la pausada revisión de las raíces, el examen de los más sutiles matices del comportamiento social y de las relaciones interpersonales? ¿Tiene el escritor la autoridad moral para inventar un mundo autosuficiente y cerrado en sí mismo, para aventajar a sus personajes como un examinador que ya conociera de antemano las respuestas a todas las preguntas? ¿Puede dejar de lado todo lo que prefiere no entender, incluidos sus propios motivos, prejuicios y psicopatologías?
Creo que el papel del escritor, su autoridad y su libertad de acción, han cambiado radicalmente. En cierto sentido, pienso que el escritor ya no sabe nada. No tiene una posición moral. Ofrece al lector los contenidos de su propia mente, un conjunto de opciones y alternativas imaginarias. Su papel es el del científico, ya sea en un safari o en un laboratorio, enfrentado a un terreno o a un tema desconocidos. Lo único que puede hacer es planear varias hipótesis y demostrarlas mediante los hechos."

lunes, 22 de enero de 2018

Philip K. Dick y la excelencia de la paranoia

Philip K. Dick, Simulacra (1964), traducción de Rafael Marín, Barcelona, Minotauro (2007)
https://www.planetadelibros.com/libro-simulacra/8181

Maestro de la paranoia como pocos, Dick despliega en esta novela un escenario familiar para sus lectores: viajes en el tiempo, sustituciones, androides y farsas, anuncios voladores, realidades paralelas, músicos con capacidades psis que pueden tocar sin manos... Los psicólogos están prohibidos en este nuevo Estados Unidos de Europa y América, los nazis amenazan con volver mediante la máquina del tiempo y el gobierno ha avisado al último psicólogo que aún ejerce que recibirá a un paciente precisamente porque saben que no podrá curarlo:



"Supongo que ha usado el aparato para viajar en el tiempo de Von Lessinger para ver mis resultados con ese hombre dijo el doctor Superb tras una pausa.
Sí.
Entonces no tienen dudas de que podré curarle.
Al contrario
dijo Pembroke. No podrá ayudarle. Exactamente por eso es por lo que le queremos allí. Si se le aplica terapia química recobrará el equilibrio mental, y es extremadamente importante para nosotros que siga enfermo."
Enseguida entramos en una trepidante narración sencillísima pero ansiosa. En un thriller político con soterrada y socarrona crítica social. En lo inquietante humorístico, lo paranoico, el vértigo constante. Por momentos no comprendemos. Por momentos comprendemos demasiado.
"La política, si puedo recordárselo, es el arte de hacer que otra gente haga lo que uno quiere, por la fuerza, si es necesario."

lunes, 15 de enero de 2018

Philip K. Dick y "Naranjo en flor"

Philip K. Dick,
Fluyan mis lágrimas, dijo el policía (1974),
traducción de Domingo Santos,
Barcelona, Minotauro (2011)
"Y uno no puede sufrir a menos que antes haya amado… el sufrimiento es el resultado final del amor, porque es el amor perdido. Lo entiendes; sé que lo entiendes. Pero no quieres pensar en ello. Es el ciclo del amor completado: amar, perder, sufrir, marcharse, y luego amar de nuevo."










"Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento..."