rumiar la biblioteca: 2017

lunes, 19 de junio de 2017

Maurice Blanchot y la soledad del escritor

Maurice Blanchot, El espacio literario (1955), traducción de Vicky Palant y Jorge Jinkis, introducción de Anna Poca, Barcelona, Paidós (2000)
https://www.planetadelibros.com/libro-el-espacio-literario/19009

Cosas que escribió Maurice Blanchot a propósito de la soledad del escritor:

1. "El escritor nunca sabe si la obra está hecha." Digamos que la da por terminada, pero solo cuando la abandona. Abandonar es sinónimo aquí de terminar y también de continuar en otro libro lo que aún no ha quedado escrito en el libro anterior.

2. "El escritor nunca lee su obra." Sabemos que la lectura es tan creativa como la escritura, es decir: el lector construye la obra al leerla, la hace posible, la revive, la actualiza. ¿Cómo hará el escritor para llevar a cabo semejante tarea de desdoblamiento simultáneo? El escritor en realidad es incapaz de leerse a sí mismo, pues no lo tiene fácil para construir su propia obra desde el otro extremo del hecho literario.

3. "Escribir es hacerse eco de lo que no puede dejar de hablar." Aquello que se llama tono, la voz de la obra, no es exactamente el yo del autor. Es otra cosa. El escritor, para escribir, ha de despojarse del yo y prestar oídos a la voz que habla por él. Sin duda aquí Blanchot, a quien podríamos definir como el eslabón entre el concepto romántico y el formalista a la hora de pensar la escritura, se acerca bastante a la noción del escritor como médium.

4. "Escribir es entregarse a la fascinación de la ausencia del tiempo." El espacio donde se crea la obra es de una soledad esencial, no solo en el sentido de recogimiento, de apartarse del mundo y de los demás, sino en el sentido precisamente de apartarse a sí mismo para dar voz al tono que exige la obra. Toda esta fenomenología tan complicada de comprender para quien no escribe resulta evidente para quien tenga la experiencia de la escritura. El tiempo, en este espacio, es un tiempo (y un espacio) que hoy podríamos llamar "universo paralelo". Algo de esquizofrenia. Algo de realidad virtual. De modo que el escritor no está solo únicamente por falta de compañía, sino que está solo después de apartar su yo para dar paso a esa otra voz que llamamos tono.

De más está decir que todo este proceso de despojamiento del yo y de incertidumbre es absolutamente placentero para el escritor. 

lunes, 12 de junio de 2017

Carson McCullers es verdad

Carson McCullers, El aliento del cielo, prólogo y comentarios de Rodrigo Fresán, traducciones de José Luis López Muñoz y María Campuzano, Barcelona, Seix Barral (2007)
https://www.planetadelibros.com/libro-el-aliento-del-cielo/13129

Carson McCullers es amor, dice Rodrigo Fresán en el prólogo de esta recopilación de todos los cuentos y tres de sus novelas, divertidísimas, por cierto: Reflejos en un ojo dorado, La balada del café triste y Frankie y la boda. Ella habla del amor, al fin y al cabo, pero también: de epifanías que sobrevienen en la edad de la adolescencia, de parejas venidas a menos aficionadas al alcohol, del fracaso, de la emoción, de la injusticia del racismo, de las miradas de aquellos que saben.
"Existe un tipo de personas que tienen algo que las dintigue de los mortales corrientes; son personas que poseen ese instinto que solamente suele darse en los niños pequeños, el instinto de establecer un contacto inmediato y vital entre ellos y el resto del mundo." (La balada del café triste)
"Habló con gente de la calle y una vez más percibió aquella inexplicable conexión entre sus propios ojos y los de los demás." (Frankie y la boda)

Impresiona leer (a veces releer) una buena cantidad de sus textos de seguido: la capacidad de entretejer verdadera emoción y fina ironía, con cierto desparpajo de tanto en tanto. Cada vez que leo ese cuento que tal vez sea uno de los mejores cuentos de todos los tiempos, "¿Quién ha visto el viento?", ese que narra una noche de un escritor fracasado en todos los sentidos (no consigue escribir una tercera novela, su matrimonio se desmorona irremediablemente), me sobreviene la idea de verdad: cómo escribir la verdad, ironía y emoción a un tiempo.

Carson McCullers es amor, pero también: Carson McCullers es verdad.



“―Talento ―dijo con amargura―. Un talento pequeño, de un solo relato…, eso es la cosa más traicionera que Dios puede conceder. Trabajar y trabajar, con esperanza, con fe hasta que la juventud se consume… He visto esa situación demasiadas veces. Un talento pequeño es la mayor maldición divina.

―Pero ¿cómo sabe que tengo un talento pequeño, cómo sabe que no es grande? No lo sabe, ¡no ha leído nunca una sola palabra de lo que he escrito! ―protestó el otro lleno de indignación.

―No pensaba en usted en particular. Hablo de manera abstracta.” ("¿Quién ha visto el viento?")

lunes, 5 de junio de 2017

La novela deejay VII

Si imaginamos un destino de la literatura similar al destino de la música, en el sentido en el que hoy aplaudimos y celebramos y adoramos al deejay como si de una estrella de rock o de un concertista virtuoso o de un afamado compositor se tratara, y celebramos su trabajo, es decir, el de poner discos, como arte, o mejor dicho, celebramos su collage y su mixtura y su capacidad de navegar por el tiempo y la tradición, de hacer tremolar el tiempo sobre diferentes bases, y extrapolamos el fenómeno al libro, o mejor, al libro electrónico, y pensamos que el escritor dejará de ser ese juntapalabras o el que busca estilo y contruye una escritura, y que su función se habrá desplazado hacia un diseñador-maquetador con talento, con conocimientos de programador, que fabrique collages y corta-pegas y links de navegación por las grandes obras de todos los tiempos y aplaudamos su trabajo, lo celebremos como gran hacedor de los tiempos por venir, y colaboremos para que pueda ganarse la vida con mucha mayor soltura que un escritor, porque tal y como dicen algunos, y no sin razón, con semejante tradición para qué escribir o reescribir, o contestar y dialogar con esa tradición, quizá sea suficiente con manipularla y fragmentarla y servirnos de ella para contar la historia que queramos, para seguir ejecutando el hecho literario.

Por ejemplo, yo podría continuar con el montaje de una autobiografía in progress, que ya comenzara con el post La novela deejay, La novela deejay II, La novela deejay III, La novela deejay IV, La novela deejay V y La novela deejay VI utilizando un fragmento de El corazón es un cazador solitario de Carson McCullers para explicar qué es exactamente mi "cuarto interior":

lunes, 29 de mayo de 2017

Marguerite Duras: el tiempo impasible

Marguerite Duras, La vida tranquila (1944), traducción de Alejandra Pizarnik, Buenos Aires, Mardulce (2017)
http://www.mardulceeditora.com.ar/ficcion.php

[Publicado en Revista de Letras, 24/05/2017]

Si se dice que la segunda novela de todo escritor tiende a ser una novela fallida, he aquí la excepción que confirma la regla, pues La vida tranquila es una bellísima segunda novela de Marguerite Duras (1914-1996), publicada originalmente en 1944 y ahora reeditada por Mardulce en traducción de Alejandra Pizarnik. “Escribe, no hagas nada más”, le aconsejó Raymond Queneau después de leerla. Más influenciada por las lecturas de Faulkner y Hemingway que por el nouveau roman y el relato autobiográfico con que construiría sus escritos posteriores, La vida tranquila está narrada en primera persona, la voz de una joven que sabe que ha dejado la infancia cuando se da cuenta de que ha perdido la capacidad de olvidar.
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lunes, 22 de mayo de 2017

Zygmunt Bauman y Gaston Bachelard: cómo nadar y guardar la ropa

Zygmund Bauman, Vida líquida (2005),
traducción de Albino Santos Mosquera,
Barcelona, Paidós (2006)
Me arrimo al agua. No como Narciso, o no del todo, sino para entender la modernidad líquida, concepto instaurado por Zygmunt Bauman hace una década. ¿Por qué se refiere a la modernidad como líquida? En un principio, por contraposición a la modernidad sólida. Seguidamente, para definirla a la manera del río de Heráclito: el agua en movimiento, la corriente siempre cambiante, la falta de estructuras sólidas, de valores permanentes: "La modernidad líquida es 'líquida' en tanto en cuanto también es posjerárquica". 
En Vida líquida Bauman se refiere a todos esos fenómenos de la vida posmoderna y mercantilista (la que habitamos) que ya conocemos de sobra: la falta de estabilidad y la precariedad, los cambios constantes de identidad, la necesidad de formación durante toda la vida, la liviandad en las relaciones interpersonales, la falta de orientación y dirección de la vida en general, es decir, la incapacidad de determinar un futuro. La incertidumbre absoluta.

No sabemos por qué Bauman en lugar de elegir el agua no se decantó por el aire: "Todo lo sólido se desvanece en el aire", decía El manifiesto comunista. (Nota: esto nos invita a pensar que, tal y como dicta la lógica, la modernidad que sigue será gaseosa.) Tampoco sabemos por qué no meditó sobre otras propiedades del agua, a saber: la pureza, la sonoridad del agua y su relación con el lenguaje, con la sintaxis, la sexualización del agua como elemento femenino (néyades), la fecundidad del agua como origen de la vida, el alimento primordial, el narcisismo o el agua como reflejo, la quietud de las aguas oscuras, la sangre como vida, la sangre como muerte. Esta enumeración viene de Bachelard. 
Gaston Bachelard, El agua y los sueños (1942),
traducción de Ida Vitale, México,
Fondo de Cultura Económica (2005)

Gaston Bachelard elaboró una poética de la ensoñación. La ensoñación se diferencia del sueño y del arquetipo porque en ella participa la conciencia: elabora imágenes de las que se sirve la mentalidad poética, la constructora de paradigmas. 
Diremos que el poeta Bauman tomó del agua las connotaciones de Heráclito (fluidez, cambio constante) y también otras que podríamos denominar de "nadador": el hombre enfrentado a los elementos. 
Diremos que la modernidad líquida tiene como héroe al nadador. Aunque Bauman se cuida bien de decirnos que la modernidad no sabe lo que es un héroe, pues el mercado no entiende de héroes. 
El nadador es la celebrity. Ha sido capaz de hacerse ver entre las aguas, aunque tan solo durante ese minuto de fama. Después, que se lo lleve el río. Como nos lleva a todos. "Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar", decía Manrique.

Pero Bauman no analiza la modernidad líquida utilizando todas las imágenes pertenecientes a la modernidad sólida. Se sirve de lo que le sirve, como todo poeta. No aprovecha todos los arquetipos del agua del incosciente colectivo (cosa pasada de moda, es decir, inservible), los constructos de la cultura (una de las víctimas de la mercantilización, pues cultura significa tradición, sedimentación, necesidad de lentitud, de comprensión y compenetración, necesidad de tiempo, es decir, todo lo contrario del usar y tirar, de la obsolecencia, de la velocidad inconsistente y generadora de residuos de la mercantilización). Más bien nos aconseja que para sobrevivir, nadadores de hoy, debemos ser capaces de dejar de enfrentarnos a ello y deshidratarnos en lo fluido, olvidarse de nadar, quitarnos la ropa y convetirnos en agua, confundirnos con la mentalidad del torrente y dejarnos arrastrar, compenetrarnos absolutamente con el elemento. Después de todo, somos agua, y como dice Bachelard, "el ser consagrado al agua es un ser en el vértigo".

 

lunes, 15 de mayo de 2017

Lydia Davis: precisión y verdad

Lydia Davis, Cuentos completos (2009), traducción de Justo Navarro, Barcelona, Seix Barral (2011)
https://www.planetadelibros.com/libro-cuentos-completos/49564

"No se le puede decir siempre la verdad a todo el mundo y, por supuesto, a nadie se le puede decir toda la verdad, nunca, porque llevaría mucho tiempo." ("Nuestro viaje")
Una maestra de la precisión y la verdad, del análisis pormenorizado pero utilizando el mínimo de recursos, una prosa poética y analítica y humorística y absolutamente verdadera, sobre todo: en los cuentos sobre parejas, los metaliterarios, los reflexivos, un poco menos los de juegos de palabras (aunque aquí despliega toda su inteligencia). Ella escribe con sencillez, como si se lo explicara a un niño pero para que lo entienda en toda su complejidad, con todos los matices. 

¿Cómo se hace eso? Con un estilo de mínimos recursos, es decir, aprovechando todas las posibilidades semánticas de una sola palabra o de una sola idea. Aplicando diferentes puntos de vista a una sola cosa, acción o reflexión. Focalizando hasta lo absurdo:
"Yo estaba cansada de pensar demasiado, que era a lo que más me dedicaba en aquellos días. Hacía otras cosas, pero seguía pensando mientras las hacía. Algo sentía, pero al mismo tiempo seguía pensando en lo que estaba sintiendo. Incluso tenía que pensar en lo que estaba pensando y preguntarme por qué lo estaba pensando. Cuando se me ocurrió la idea de casarme con un cowboy, imaginé que quizá un cowboy pudiera ayudarme a dejar de pensar tanto." ("La profesora de universidad")

Es fácil entrar en el pensamiento Lydia Davis, en su estilo sin adornos, su humor irónico y sutil, en el estado poético-reflexivo (emoción y verdad) que provoca su lectura.
 "[...] por fin, a mitad del camino de la vida, ya eres lo bastante inteligente para advertir que todo equivale a nada; nada significa nada, incluido el éxito. Pero ¿cómo va a aprender una persona a verse a sí misma como si fuera nada cuando, antes, le ha costado lo indecible aprender a verse a sí misma como si fuera algo? Es algo muy complicado. Dedicas la mitad de tu vida a aprender que, a pesar de todo, eres algo, y ahora debes dedicarle la otra mitad a aprender a verte como si fueras nada." ("Propósito de Año Nuevo")
Sus cuentos son auténticos poemas en prosa o máximas minimales o refranes filosóficos de lo cotidiano o autoayuda de tono irónico-naif y tan filosa como un corte de papel en la yema de los dedos: te ríes, cierto, no le das importancia porque parece poca cosa, pero tampoco puedes olvidarlo porque molesta todo el tiempo.
"Lo que ahora ha cambiado es que tengo esta idea: tengo la idea de que muy pronto dejaré de creer que mis sentimientos son el centro de todo. Esto me produce un gran consuelo, porque si has perdido la esperanza de poder aguantar, pero al mismo tiempo te dices que quizá tu desesperación no tenga mucha importancia, entonces dejas de desesperarte o sigues desesperada pero al mismo tiempo empiezas a ver que también tu desesperación podría convertirse en algo marginal, una más entre tantas cosas." ("Lo que siento")


lunes, 8 de mayo de 2017

Alan Pauls y Stanislav Lem: el desamor es un cuento de fantasmas

Stanislav Lem, Solaris (1961),
traducción de Matilde Horne y
Francisco Abelenda, Barcelona,
Círculo de Lectores (2003)
Solaris y El pasado: Dos novelas que son cuentos de fantasmas. Dos novelas que hablan del pasado, de un amor terminado como aparición. 

*

Sabemos de sobra que Solaris es un planeta compuesto por un mar gigantesco de inteligencia superior. No hay allí individuos, sino un gran organismo de agua viva que ha tomado por objeto de experimentos a los humanos que están ahí para explorarlo. Lo que sucede es que esa inteligencia superior analiza la memoria de las personas y construye clones con sus recuerdos. Al protagonista le toca encontrarse de nuevo con la mujer que amó y que para entonces está muerta. El terror es absoluto: terror del doble, de lo inquietante (aquello que reconocemos y desconocemos al mismo tiempo), pero la necesidad de conservar a aquella criatura, tan parecida pero a la vez construida exclusivamente con sus recuerdos, lo lleva a plantearse el mantenerla con vida aunque se trate de una empresa ridícula. 
"¿Qué es un hombre normal? ¿Aquel que nunca cometió nada abominable? Bueno, pero ¿no tuvo nunca pensamientos desordenados? Quizá ni siquiera eso... Algo, un fantasma, pudo haber surgido en él alguna vez, hace diez o treinta años, algo que él rechazó, y que ha olvidado; algo que no temía, pues sabía que nunca permitiría que cobrara fuerzas, que se manifestara de algún modo. Imagínate ahora que de pronto, en pleno día, vuelve a encontrar ese pensamiento, encarnado, clavado en él, indestructible. Se pregunta dónde está... ¿tú sabes dónde está?"
Alan Pauls, El pasado,
Barcelona, Anagrama (2003)
Pero Solaris no deja de ser una novela de ciencia ficción. El pasado, en cambio, practica una maniobra mucho más arriesgada. Allí se nos cuenta la separación en buenos términos de Rímini y Sofía. Tanto duró su relación que hasta el divorcio es amoroso. Rímini se propone hacer borrón y cuenta nueva, porque cree fervientemente que solo el olvido le permitirá entablar una nueva relación. Pero Sofía se le aparece constantemente, y lo enrarecido de las situaciones, del tipo pesadilla recurrente de la que no puede despertar, va insertando elementos fantasmales y terroríficos en una trama que en un principio parece del todo realista. Rímini comienza a desintegrarse: si la olvida a ella olvidará también gran parte de su propia experiencia, como si se cortara un brazo de cuajo, como si perdiera capacidades que aparentemente le correspondían solo a él. Pero Sofía se sale con la suya (y he aquí el susto).
"[...] Sofía esa Sofía viva, orgánica, tan presente que ni aun suprimiéndola había dejado vacante el espacio físico que ocupaba en el mundo estaba hecha del mismo material [...] del que estaban hechos, uno por uno, todos los espectros del pasado que lo habían visitado durante la noche en la comisaría. Un material plano, sin dimensiones, pero incesante, y sobre todo indestructible: el material de que están hechos los muertos." 
Dos novelas buenísimas, por cierto, filosóficas, aunque de muy diferente manera. Dos novelas que emocionan y dan miedo al mismo tiempo.

lunes, 1 de mayo de 2017

Marta Sanz o cómo narrar sin acción

Marta Sanz, Farándula, Barcelona, Anagrama (2015)
https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/farandula/9788433998002/NH_553

Llego un poco tarde a Farándula porque, como dice la zamba, "anda faltando plata" para comprar novedades y nos paseamos por las bibliotecas y nos llevamos a casa unos cuantos de esos objetos que cada vez interesan menos, incluso a los bibliotecarios. En realidad buscaba Cuentos completos de Lydia Davis pero no estaba allí donde tenía que estar, es decir, por ningún lado, de modo que la bibliotecaria, después de comprobar que era un libro de setecientas páginas y confundirlo con los Cuentos Completos de Doctorow por su tamaño, decidió cambiar su estado en la base de datos como "perdido". Sin Lydia Davis me quedé. Sin Lydia Davis nos quedamos todos los usuarios de esa biblioteca. No sé si habrá muchos usuarios interesados en Lydia Davis. Desaparecen muchos libros en las bibliotecas. Eso me confesó la bibliotecaria. Entonces leí Farándula.

¿Es una novela? Sí, es una novela, pero una fragmentaria, con un narrador muy distanciado e irónico, que narra "Parodiando. Es decir, odiando un poco". Abundan las descripciones, las comparaciones teatrales y cinematográficas, las enumeraciones veloces, las frases nominales, es decir, sin verbo, sin acción. Diría que hay poquísima acción, y sin embargo, tampoco digresiones ensayísticas, sino más bien descripciones que nos van poniendo en situación. Es curioso pensar una novela sobre teatro sin acción. Cómo conseguir narrar sin apenas acción.

Pero ¿de qué trata? De una actriz vieja que fue famosa en otros tiempos pero que ya nadie le hace caso ni tiene quién la cuide pues no ha tenido hijos ni puede cobrar la jubilación: es así de precario el mundo del espectáculo. 
"Valeria hizo un esfuerzo para verse a sí misma dentro de veinte o treinta años, y decidió que lo mejor sería volver a fumar, excederse con la ginebra y con las malas compañías, follar sin condón y no lavarse, comer pasteles y torreznos en las barras de los mesones, apoyar las nalgas en los retretes públicos, salir a la calle para aspirar bocanadas de dióxido de carbono. Pensó: 'Será mejor morirse pronto'."
Eso no lo piensa la actriz anciana sino la única que le echa una mano (la narradora del libro) e intenta buscar a alguien que pueda pagarle el asilo. No consigue demasiado. Está también Daniel, un actor que se ha equivocado firmando un manifiesto, que vive en París, o sea, un actor exiliado, un traidor. Están Natalia y Lorenzo y otros personajes que se encargan de darnos a entender que los valores de entonces de nada sirven en el mundo de hoy: importa más un reality que las tablas, importa más la naturalidad y la juventud que el trabajo de la voz. Evidentemente todo es extrapolable a otras artes, otros oficios. Porque ¿a quién le interesa el teatro, la música, los libros? Podemos seguir, pero para qué. Mejor déjenme citar un párrafo que parece venir a confirmar aquello de que el arte... Pero ¿a quién le interesa el arte?

"Quizá mi 'me pienso pensando' constituye una prueba: la de que soy incapaz de salir de mí misma, y la escritura siempre es un modo del ensimismamiento y la autocompasión. La necesidad de hablar desde detrás de una celocía, para que nadie nos mire directamente a los ojos. Y así escribir siempre sería una renuncia. Un exilio. Una manera de fingir que uno sale al encuentro del otro cuando en realidad rumia, digiere, regurgita, mastica, relame, traga, se nutre, defeca sus propias e intransferibles palabras."

lunes, 24 de abril de 2017

Alberto Laiseca, el monstruo iluminado

Alberto Laiseca, La hija de Kheops, Barcelona, Tusquets (2006)
https://www.planetadelibros.com/libro-la-hija-de-kheops/88693

Creo en la iluminación, no en la inspiración.
El faraón tiene un sueño y el astrólogo lo interpreta: debe construir la pirámide pero no estará enterrado allí sino en el vértice de la sombra que dará la pirámide a cierta hora del día. El arquitecto, Tofis, es un loco obsesionado con los mosquitos a quien el astrólogo Cetes protege a toda costa, porque es el único que aún conoce la tradición.
De modo que mientras se va construyendo la pirámide, la novela nos presenta un imaginario fresco de aquella sociedad: la Casa de los Locos, la biblioteca secreta del mago, el ejército y su organización, los esclavos, los pescadores y campesinos, los matrimonios, las casas de prostitución y todo tipo de costumbres sexuales, etcétera, todo engarzado con una prosa irónica, creativa, directa, de delirio contenido y de cuento tradicional del tipo Las mil y una noches
Una novela sorprendentemente narrativa (teniendo en cuenta que es Laiseca) y encantada. Una novela divertidísima, pues el humor atraviesa toda la escritura. ¡Y qué humor! Un humor que trabaja por acumulación.

"¿Por qué lo amos no serán más claros? Cuánto más fácil sería la vida si cada tanto a ellos no se les ocurriesen excentricidades ininteligibles. Es más sencillo aprender a leer que captar los deseos de un amo."


lunes, 17 de abril de 2017

Rosa Chacel o escribir por encima y como en broma

Rosa Chacel, Memorias de Leticia Valle (1945), prólogo de Andrea Jeftanovic, Barcelona, Comba (2017)
https://www.editorialcomba.com/catalogo/libros/narrativa/memorias-leticia-valle/

Digámoslo sin rodeos: esta novela es excelente. Es linda, sencilla, se lee con absoluta naturalidad de una sentada. Raro que no se hable más de Rosa Chacel. De hecho, la primera vez que presté atención al nombre de Rosa Chacel fue por Mario Levrero, en La novela luminosa: "Hace un tiempo le había hecho conocer a Rosa Chacel, a quien descubrí por casualidad en una liquidación de libros usados. Memorias de Leticia Valle me pareció una novela extraordinaria, y la hice circular entre todas mis amigas brujas, porque no me quedó la menor duda de que doña Rosa era una auténtica bruja, en el buen sentido de la palabra". A mí también me toca empezar con esta novela, hermana de Las primas de Aurora Venturini o Memoria por correspondencia de Emma Reyes, y con esto quiero decir que quien haya disfrutado de una disfrutará de las otras, porque comparten la intimidad, la travesía hacia la adolescencia, lo eludido, el sentido del humor entre naif e irónico y el desparpajo. 
"Claro que se lo conté del modo especial que yo le contaba las cosas, muy por encima y como en broma, recalcando bien el aspecto cómico que pudiera tener el susto que me había llevado."
Tal vez Rosa Chacel se centre un poco más en las percepciones que acompañan el ir abandonando "esa enfermedad" de la infancia. Las analiza con un tono directo, confidente, que discurre sin torpeza, sin cambios bruscos, de manera sorprendentemente natural. Las escenas se suceden una tras otras como si navegáramos en una barca por un río apacible. Y uno se pregunta cómo consigue atrapar al lector, porque lo que narra no tiene nada de extraordinario, se parece demasiado a nosotros mismos.
"Solo que yo sabía que lo que me embrutecía no era la falta de libros, no era que antes estudiase y ahora no hiciese nada, sino precisamente que ahora el no hacer nada lo hacía de otro modo. Antes ponía más atención en ese no hacer nada que en cualquier otra cosa. Para levantarme de la cama había una lucha que duraba media mañana todos los días; para arrancarme del balcón o del patio, o del rincón donde me metía a jugar, para hacerme acostar a una hora razonable, la misma historia. Porque precisamente cuando no hacía nada me ponía furiosa que me interrumpiesen, que me hiciesen cambiar de postura inesperadamente. En cambio, desde que caí en el pueblo, todo me dio igual: me levantaba sin llamarme nadie y en cuanto oscurecía ya estaba deseando irme a la cama."
Así nos lo cuenta la protagonista, una niña huérfana de madre que vive con su padre, un general que acaba de volver de la guerra de Marruecos, y su tía. Al poco de comenzar la novela dejan Valladolid y se trasladan a Simancas, un pueblecito. El cambio de ambiente provoca cambios en ella. Pocas cosas le interesan. Enseguida Leticia conoce a Luisa y su marido, Daniel, con quienes pasa la mayor parte del día: Luisa, una mujer diferente a quien admira, le enseña música, y Daniel hace de profesor, porque Leticia no va a la escuela, no le gustan los niños de su edad, su aburre horriblemente con ellos. 

*

Cada persona tiene un secreto, viene a decirnos el libro. Allí se cuentan cosas, pero se callan otras muchas. De hecho, el asunto del que trata la novela apenas se insinúa. Comprendemos, porque se trata de la vida y todos más o menos la comprendemos, y si no comprendemos al menos nos damos cuenta de que ahí hay un misterio. 



lunes, 10 de abril de 2017

Rodrigo Fresán y la máquina para soñar (diario de lectura) 2

Rodrigo Fresán, La parte soñada, Barcelona, Literatura Random House (2017)
http://www.megustaleer.com/libro/la-parte-sonada/ES0144883

Y seguimos. La tercera parte, la del insomnio y la más larga de las tres, lleva por título:

Esta noche (Manual de últimos auxilios para soñadores despiertos)

Fresán nos lleva de nuevo a las definiciones: el pasado, el insomnio, la muerte, las camas, el fin del mundo, la relectura, lo que significa escribir y cómo dejarlo, la educación de un escritor, es decir, sus lecturas y sueños y fantasías, la relajación, la hipnosis, remedios y trucos para dormir, Vila-Matas, Saul Bellow, Iris Murdoch, el escritor IKEA, su propio doble y las novelas dobles de sus propias novelas, etcétera. 
Largo el etcétera. 
Las enumeraciones y digresiones fluyen con una "voz rara, además. Una voz que aun en tercera persona del singular sonaba tanto a una primera persona. Una voz, pensaba él, como llegando desde afuera, desde lo alto, pero tan asimilada como la voz de los padres leyéndoles a sus hijos en la cama para que se duerman".  
Pero acá encontré lo que buscaba. Acá encontré la respuesta a esa pregunta que me hacía al principio: ¿cómo lo hace? ¿Por qué no lo dejamos ahí tan lindo ese lomo en la biblioteca? Fresán es un encantador, aquello que Vladímir Nabókov llamaba shamanstvo (de chamán, claro). Como un encantador de serpientes: las serpientes somos sus lectores y la prosa es la música que se activa y nos hace salir de ahí de donde salen las serpientes a mirar qué es eso que hay por encima. Por encima hay insomnio. Dicen que cuando tenemos insomnio es porque aparecemos despiertos en el sueño de alguien. 
"De ser eso cierto, el insomnio recurrente sería consecuencia de estar muy presente en los pensamientos de los demás (¿de Ella?)."
Menos mal que no sueñan demasiado conmigo.
Menos mal también que el insomnio está plagado de admiración a Nabókov y sobre todo a Cosas transparentes. Hago una pausa y leo en una tarde Cosas transparentes. Trata de un corrector de pruebas que sufre de insomnio y una noche mata a su mujer. Trago saliva y regreso a La parte soñada. Hay una trama que implica a un espía que va siguiendo a Nabókov y su mujer Vera hasta Suiza. ¿Viene a cuento? Vaya uno a saber.
Aparece también la trama narrativa que llamaremos "familiar": El Niño, que es hermano de Penélope, y el Tío Hey Walrus, adorador de The Beatles y Kurt Vonnegut. Aparece la historia de El Niño: quiere convertirse en escritor ("[...] ¿acaso habrá algo más básica e intrínsecamente infantil que la idea de trabajar para hacer reales cosas que no lo son?"). Enseguida nos damos cuenta de que hemos retomado la historia primera, es decir, la del escritor a quien han extraído sus sueños en Onirium. Ahora está hablando de su pasado porque el pasado es el huésped del insomnio. El insomnio es lo contrario del sueño, pues. En el insomnio el pasado se va extendiendo como un imperio que va conquistando territorio. Va ocupando países a medida que pasan los años. Además, el escritor ya ha dejado de escribir. También nos percatamos (o necesitamos buscar la trama y la encajamos) de que el excritor ha viajado a Suiza por un encargo: debe escribir un artículo sobre el acelerador de partículas CERN. 
Bueno. Algo más o menos así. 

Entonces la terminé. ¿Qué me pareció? Una novela acelerada y recién expandida a la velocidad de la luz. Una novela big bang. Una novela inimitable. Una novela futura con poca narrativa y mucha información y jugosas digresiones ensayísticas. Una novela para escritores, pero sobre todo para lectores que escriben. Y para lectores que leen aunque no sea fin de semana.  

"Con los autores favoritos pasaba lo mismo que con las novias: en un principio, uno los quería idénticos a uno, uno quería escribir como ellos; después se iba entendiendo, acaso cuando ya era demasiado tarde, que lo que a uno más y mejor le hacía era no un opuesto pero sí un complementario (y así, en ocasiones, uno hasta se acababa casando y viviendo felizmente como lector con libros que uno detestaba y solo soñaba con abandonar o asesinar o al menos serles infiel hasta que la muerte nos separe como escritor). Alguien que no fuese un implacable espejo de los propios defectos sino un contenedor de virtudes extrañas que podían salvarte la vida, alejarte de las taras y de vicios y tics, completarte. De igual manera, cuando eres joven te seducen aquellos libros de otros que, al leerlos, piensas que alguna vez podrás llegar a escribir. Cuando ya no eres joven, en cambio, te enamoras de esos libros de otros que comprendes que jamás podrás escribir. Un amor no correspondido pero, aun así, un amor amable."


Aquí la primera parte:
Rodrigo Fresán y la máquina para soñar (diario de lectura) 1

lunes, 3 de abril de 2017

Rodrigo Fresán y la máquina para soñar (diario de lectura) 1

Rodrigo Fresán, La parte soñada, Barcelona, Literatura Random House (2017)
http://www.megustaleer.com/libro/la-parte-sonada/ES0144883

¿Qué se hace con un libro de Rodrigo Fresán en las manos aparte de empezar a ponerse inquieto y algo nervioso y también, por qué no decirlo, bastante ansioso? Uno se pregunta: ¿podré con él, con casi seiscientas páginas de prosa fresaniana por delante? Lo primero que hay que decir es que La parte soñada se sostiene por el estilo. Un estilo primaveral como si acabara de producirse el big bang, un estilo entrópico de "estructuras líquidas", referencias eruditas y pop, chistes y juegos de palabras. La escritura Fresán es sobre todo estilo, ya lo saben.
Bueno.
Vamos a intentarlo.
La ¿novela?, se divide en tres partes: el sueño, la duermevela y el insomnio, según se refirió a ellas el propio autor. 

La primera parte lleva por título:

Esa noche (Notas al pie para una enciclopedia de caminantes dormidos)

Siento temor y eso me divierte: no voy a entender nada. Esto es pura digresión cuyo único motor de avance es el tema: lo onírico. Más ensayístico que narrativo. Entramado de citas. Carácter enciclopédico. Varias tipologías. Variaciones de escenas como sueños recurrentes. Notas al pie insertadas en el cuerpo del texto "como plantas que lo enredan y lo envuelven".
Poco a poco va naciendo una historia: un escritor que ha dejado de escribir, un amor imposible (Ella), una canción y el poder de NO cumplir los sueños: es decir, si sueña algo, seguro que eso no va a pasar. Este escritor (o excritor) se interna en un lugar llamado Onirium donde procederán a extraerle los sueños. (Uno enseguida piensa en Philip K. Dick, aunque también hay referencias explícitas a Nabókov.) Pero el excritor sabe perfectamente que el único sueño es Ella. Para peor Ella también es la que está a punto de extraerle los sueños y, una vez que le hayan extirpado los sueños, desaparecerán. Ella desaparecerá.
"Porque los artistas que no son otra cosa que soñadores vocacionales están acostumbrados a que estas cosas, a que estas supuestas casualidades, existan. Y que sean como las sogas que mantienen bien atadas a la falta de ocurrencia y de ocurrencias del día a día. Su don es saber verlas y detectarlas y buscarlas y encontrarlas y hasta domesticarlas; mientras que el resto de las personas se limitan a experimentarlas de tanto en tanto y ser acariciadas ocasionalmente por el viento de la maravilla. / Así que la vio y la amó porque ya la amaba."
Resulta muy divertido leerlo, aunque todavía no comprendo por qué, o mejor, no sé cómo lo consigue. Es adictivo como la velocidad. Es adictivo como escuchar música. Transmite, además, algo del élan del rock argentino: la frescura de la juventud, algo que ha desaparecido. El anhelo del enamorado, del amor imposible, el amor adolescente.
Sospecho que la segunda parte versará sobre los sueños que se le han extirpado al protagonista (si podemos llamarlo así). Entendámoslo así. Da igual cómo lo entendamos. Nosotros leemos lo que queremos.

La segunda parte lleva por título:

Aquella noche (Catálogo irracional para una exposición)

Llegados a este punto, nos damos cuenta de que el título de cada parte (en este caso, notablemente más larga que la primera) en realidad no ayuda sino que oscurece. Fresán oscurece, pero lo sorprendente es que la cantidad de referencias internas y chistes íntimos se aceptan aunque no se entiendan. (Hay muchos guiños a otras obras suyas que no he leído, tipo Mantra, tal vez por eso me pierdo.) Fresán oscurece y enrarece, pero queremos entender. Por eso seguimos. Aunque seguimos sin entender.
Esta segunda parte se divide en tres y es claramente un homenaje a Cumbres borrascosas. Enseguida me alegro de haberla leído recientemente. La tengo fresca. La primera de estas tres subhistorias (¿tal vez un primer sueño extirpado?) comienza con un tono elegíaco, poético, onírico o algo así, cuya protagonista es Stella d'Or. ¿Quién es Stella d'Or? ¿La voz del sueño, de la noche, de la oscuridad? ¿Los "orígenes míticos de la noche"? Tal vez.
En algún momento se habla de que escribir es como entrar en una casa y de que cada texto es como una habitación de esa casa. Pensemos que hemos entrada en la casa de los sueños. Pensemos que hemos entrado en la máquina para soñar. Pensemos que después de la habitación de Stella d'Or hemos dado con un pasillo y una segunda historia: la de las hermanas Tulpa. Estas hermanas viven en la Luna y son claramente el trasunto lunático de las hermanas Brontë. Una de ellas ha escrito una historia y se las lee a las demás. Hay aquí un juego de historia dentro de la historia (sueño dentro del sueño). Esta historia trata sobre un hombre que viaja a la Tierra, es decir, el espejo invertido de Neil Armstrong y del primer viaje a la Luna.
Enseguida entramos a la tercera subhistoria: la de Penélope. Es la más larga de las tres. Evidentemente ese pasillo ha desembocado en la sala de estar o hemos subido una escalera para llegar al ático que ocupa toda la superficie de la planta de la casa. Poco a poco descubrimos que Penélope es escritora. Ha escrito la historia de Stella d'Or y también la de las tres hermanas Tulpa. Penélope está loca y es una apasionada de Cumbres borrascosas. Hay un exhaustivo análisis de Cumbres borrascosas: argumento pormenorizado, variaciones cinematográficas, análisis de personajes, biografía de las hermanas Brontë, etcétera. Aquí notamos que Fresán no le tiene miedo al cambio de registro, al ensayo, al enciclopedismo. Vuelvo a agradecer haber leído Cumbres borrascosas recientemente. Enseguida se nos informa de que Penélope ha decidido escribir variaciones de Cumbres borrascosas. También se nos deja saber que ha perdido a su hijo en una playa. Y que sus padres se parecen demasiado a Catherine y Heathcliff. Fin de la segunda parte. 
"El lector es un ladrón de tulpas. Alguien que aprovecha y se aprovecha de cuerpos construidos por otros y los incorpora a esa otra vida dentro de la vida que es la que transcurre en los libros. Dejar a otro que primero haga el trabajo duro y sucio y así el lector llegando al final, con la mesa puesta y los comensales dispuestos. Y solo teniendo que sentarse junto a ellos y mirarlos fijo (leer es la forma más fija de la mirada aunque las pupilas no dejen de moverse y contraerse y expandirse según la situación) y hacerles modificaciones muy personales, para volverlos únicos e intransferibles."
Allá vamos con la tercera. Allá vamos con el insomnio. En el siguiente post.

Aquí la segunda parte:
Rodrigo Fresán y la máquina para soñar (diario de lectura) 2

lunes, 27 de marzo de 2017

Italo Calvino y Juan José Saer: el escritor y su crisis (dos citas)

Juan José Saer, El concepto de ficción,
Rayo verde, Barcelona (2016)
"La función de la literatura no es corregir las distorsiones a menudo brutales de la historia inmediata ni producir sistemas compensatorios sino, muy por el contrario, asumir la experiencia del mundo en toda su complejidad, con sus indeterminaciones y sus oscuridades, y tratar de forjar, a partir de esa complejidad, formas que la atestigüen y la representen." ("Literatura y crisis argentina", 1978)














Italo Calvino, Punto y aparte,
traducción de Gabriela Sánchez Ferlosio,
Madrid, Siruela (2013)

"Como estaba diciendo hace unos días, cuando me lo encontré me dijo: 'Estoy en crisis'. Y yo le repliqué: '¡Ah!, ¡qué bien! ¿También tú?', y no porque yo sea tan cruel como para alegrarme de los sufrimientos ajenos, sino porque, para un escritor, la situación de crisis (cuando una determinada relación con el mundo sobre el que ha construido su trabajo se muestra inadecuada y es necesario encontrar otra relación, otra forma de ver a las gentes, a la realidad de las cosas, a la lógica de las historias humanas) es la única situación que da fruto, que permite el contacto con algo verdadero, que permite escribir justamente aquello que los hombres necesitan leer, aunque no se den cuenta de que lo necesitan." ("Diálogo de dos escritores en crisis", 1961)

lunes, 20 de marzo de 2017

Margaret Atwood o la ironía avanza a tientas

Margaret Atwood, El cuento de la criada (1985), traducción de Elsa Mateo, Barcelona, Bruguera (2008)

Un despliegue de voz narrativa parcial de la que desconfiamos desde el primer instante (similar a aquella voz de la criada en Cumbres borrascosas), nos cuenta un cuento: su propio cuento, uno infernal. Estamos en un futuro próximo, el totalitarismo ha afectado a las Mujeres: no son otra cosa que vientres fecundos y uniformados. Existe, evidentemente, la resistencia, y también el recuerdo de la transición: cómo poco a poco se va imponiendo un estado de nuevo puritanismo que fácilmente podemos identificar con la situación de muchísimas mujeres en otras partes que por fortuna no son mi casa.
"Por supuesto, en los periódicos aparecían noticias: cadáveres en las zanjas o en el bosque, mujeres asesinadas a palos o mutiladas, mancilladas, solían decir; pero eran noticias sobre otras mujeres, y los hombres que hacían semejantes cosas eran otros hombres. Ninguno de ellos era conocido de nosotras. Las noticias de los periódicos nos parecían sueños, pesadillas soñadas por otros. Qué horrible, decíamos, y lo era, pero era horrible sin ser verosímil. Eran demasiado melodramáticas, tenían una dimensión que no era la dimensión de nuestras vidas. / Éramos las personas que no salían en los periódicos. Vivíamos en los espacios en blanco, en los márgenes de cada número. Esto nos daba más libertad. / Vivíamos entre las líneas de las noticias."
Atención!, parece decirnos Atwood, la libertad de las mujeres es un asunto que ha de vigilarse día a día, una conquista paciente como una hormiga, como con todos los derechos humanos.)
  
El amor está prohibido. Las fecundaciones son programadas (a la manera de Nosotros, de Zamiatin, y tantas otras). Pero la grandeza de esta novela, sin embargo, no radica exclusivamente en imaginar (o repensar) la pesadilla totalitaria distópica donde las mujeres son las principales afectadas, sino (como siempre) en cómo se nos cuenta la historia: la prosa es ágil, por momentos poética, siempre irónica ("Solo se puede pensar claramente con la ropa puesta"; "La sala es apagada y simétrica; esta es una de las formas que adopta el dinero cuando se congela"; "Moira era como un ascensor con los costados abiertos. Nos producía vértigo"); la narradora, que avanza a tientas, es de poco fiar, y una vez que termina el cuento, nos enteramos de que estuvimos leyendo una transcripción de un documento histórico encontrado en unas grabaciones de casete. 
"Espero. Me compongo. Mi persona es una cosa que debo componer, como se compone una frase. Lo que debo presentar es un objeto elaborado, no algo natural."
Un objeto o artefacto del tipo que adoramos.


lunes, 13 de marzo de 2017

Evan Dara y Juan José Saer: el escritor sin atributos (dos citas)

Evan Dara, El cuaderno perdido (1995), Prólogo de Stephen J. Burns, traducción de José Luis Amores, Málaga, Pálido Fuego (2015)
http://www.palidofuego.com/el-cuaderno-perdido-evan-dara/



«… En realidad, esto me sucede a menudo, sentir como si las palabras, las palabras de otros, han desplazado las mías y me han dejado sin espacio; no sé por qué, a través de qué mecanismo, ocurre esto, pero cuando pasa, y pasa a menudo, descubro que desarrollo una necesidad, un anhelo sincero, de palabras que no se hayan convertido en amargas y extrañas ―o sea, de palabras propias, palabras que sean exclusivamente mías en medio de este fregado ajeno―; y sin embargo me encuentro con que, cuando busco dichas palabras ―las mías―, no parece haber ninguna: todas mis palabras, ante el menor examen, me parecen ajenas, mucho más obra de otros; y por tanto me pregunto cómo puedo afirmar que nada de lo que ocurre en mi conciencia es mío y no producto de alguna alteridad; a menudo siento que no pienso tanto como que atiendo subrepticiamente a mis propios pensamientos, que escucho una narración que está siendo contada entre otros: que son otros los que me piensan; porque, a decir verdad, nada de ello parece salir de mí […].»




Juan José Saer, El concepto de ficción (1997), Barcelona, Rayo Verde (2016)


«El trabajo de un escritor no puede definirse de antemano. Aun en el caso de que el escritor parezca perfectamente identificado y conforme con la sociedad de su tiempo, de que su proyecto sea el de ser ejemplar y biempensante, si es un gran escritor su obra será modificada, en primer lugar en la escritura y después en las lecturas sucesivas, por la intervención de elementos específicamente poéticos que sobrepasan las intenciones ideológicas. [...] El escritor debe ser, según las palabras de Musil, un “hombre sin atributos”, es decir un hombre que no se llena como un espantapájaros con un puñado de certezas adquiridas o dictadas por la presión social, sino que rechaza a priori toda determinación. Esto es válido para cualquier escritor, cualquiera sea su nacionalidad. En un mundo gobernado por la planificación paranoica, el escritor debe ser el guardián de lo posible.»