rumiar la biblioteca: 2017

lunes, 16 de octubre de 2017

Karla Suárez y el viaje de la memoria

Karla Suárez, El hijo del héroe, Barcelona, Comba (2017)
https://www.editorialcomba.com/catalogo/libros/narrativa/hijo-del-heroe/

Ernesto, el protagonista de esta historia, está a punto de viajar a Angola. Uno se pregunta por qué, aunque enseguida queda claro: su padre ha muerto allí. Su padre, el "héroe" para la familia, fue uno de los héroes de guerra de la independencia de Angola. Entonces se nos recuerda que para los cubanos la Historia está metida en sus entrañas. De modo que, mientras Ernesto está viajando rumbo al continente negro, va recordando no solo su propia vida, sino también la de su país.

El hijo del héroe trata sobre las implicaciones de Cuba en la independencia de Angola, acaecida en 1975. Pero también traza un recorrido por la historia de Cuba y refleja un fresco de todos esos inmigrados cubanos en escenarios europeos como Berlín y Lisboa. 
"A veces me pregunto dónde termina el peligro real y empieza la paranoia. La línea es demasiado sutil. Renata decía que no había nada peor para alguien con manía persecutoria que tener la posibilidad de ser perseguido, y en Cuba sucedía algo similar: nos habían inoculado la enfermedad de sentirnos en peligro."
Narrada con una prosa que avanza como un vaivén de memoria y presente, emparentada con el boom latinoamericano, con un tono clásico, entre tierno e intimista, va entretejiendo la voz en primera persona con referencias literarias (el título de cada capítulo es el de alguna obra) y muchas canciones.
 "[...] para mantener una conversación interesante me bastaba con tomar apenas los títulos de los libros y enlazarlos con pocas palabras."  
Una conversación con el pasado, y también: un atisbo de esperanza.

lunes, 9 de octubre de 2017

Cynthia Ozick o no hay que rendirse demasiado rápido

Cynthia Ozick, La galaxia caníbal (1985), traducción de Ernesto Montequin, Buenos Aires, Mardulce (2017)
http://www.mardulceeditora.com.ar/ficcion.php

[Publicado en Revista de Letras el 04/10/2017]

Cynthia Ozick (Nueva York, 1928) dice que escribir es una especie de “locura alucinatoria” de la que no se puede escapar, y tal vez por eso sus textos exhalan autenticidad e ironía, erudición y algo de alocamiento. Ella es maestra del desparpajo filoso y de servirse de metáforas sorprendentes, pues suele construirlas con lenguaje cotidiano de trazo certero. Rasgos estos que encontramos ya en La galaxia caníbal, segunda novela publicada originalmente en 1985 y por fin traducida al castellano de la mano de Mardulce, novela que viene a confirmar que Cynthia Ozick construyó su voz, desde el comienzo, con decisión y originalidad. Es cierto que suele contarnos historias que implican el Holocausto o la condición de extranjero, cuyos personajes acostumbran a relacionarse con el arte o con la intelectualidad. Esta novela no se aleja de ello, por eso se la agrupa generalmente con la narrativa judía norteamericana: un tono bastante próximo a la ironía triste de Saul Bellow.
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lunes, 2 de octubre de 2017

Javier Cercas y Margaret Atwood: el misterio de escribir (dos citas)

Javier Cercas,
La velocidad de la luz (2005),
Literatura Random House,
Barcelona 82013)

"Que aún no sepas de qué va la novela [...]. Si lo sabes de antemano, malo: solo vas a decir lo que ya sabes, que es lo que sabemos todos. En cambio, si aún no sabes lo que quieres decir pero estás tan loco o tan desesperado o tienes el coraje suficiente para seguir escribiendo, a lo mejor acabas diciendo algo que ni siquiera tú sabías que sabías y que solo tú puedes llegar a saber, y eso a lo mejor tiene algún interés. [...] Lo que quiero decir es que quien siempre sabe adónde va nunca llega a ninguna parte, y que solo se sabe lo que se quiere decir cuando ya se ha dicho."






Margaret Atwood,
La maldición de Eva (2005),
traducción de Montse Roca,
Lumen, Barcelona (2006)

"Odio escribir acerca de mi escritura porque no tengo nada que decir sobre el tema. No tengo nada que decir porque no me acuerdo de lo que pasa mientras lo hago. Esos momentos son como pequeñas piezas fragmentadas de mi cerebro."

lunes, 25 de septiembre de 2017

Monika Zgustova y las mujeres supervivientes del gulag

Monika Zgustova, Vestidas para un baile en la nieve, Barcelona, Galaxia Gutenberg (2017)

[Publicado en Revista de Letras el 22/09/2017]

Aleksandr Solzhenitsyn argumentaba que había sido encerrado en el gulag por ingenuidad: sabía que no podía mencionar secretos militares pero creía que se le permitiría pensar. Saul Bellow se refería al sufrimiento del pueblo ruso, el de sus antepasados, como uno de tal magnitud que los supervivientes se perciben, aunque no lo pretendamos, como más “humanos”. Naturalmente que algo de todo esto ―la injusticia, la desesperanza, la humanidad, la intensidad de la amistad―, encontramos en Vestidas para un baile en la nieve, de Monika Zgustova (Praga, 1957), publicado por Galaxia Gutenberg, libro de entrevistas, a medio camino entre la crónica marcadamente literaria y el testimonio, que nos recuerda a Vasili Grossman, Ilyá Ehrenburg o Svetlana Aleksiévich, pues enseguida identificamos ese estilo de la prosa y el diálogo de los grandes escritores rusos. Las entrevistadas son mujeres supervivientes que el régimen catalogaría como intelligentsia, que por mala suerte (muchas veces), por ingenuidad o por combatir contra el estalinismo, fueron enviadas al gulag.
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lunes, 18 de septiembre de 2017

Chantal Maillard y la razón estética

Chantal Maillard, La razón estética (1998), Barcelona, Galaxia Gutenberg (2017)

En la era de la posverdad, en la era de la ficcionalización absoluta y la ironía desmedida, La razón estética de Chantal Maillard, reditada por Galaxia Gutenberg veinte años después, es una lectura que, además de deliciosa y desentrañadora del concepto de posmodernidad, aporta los elementos necesarios para comprender lo que estamos viviendo. Pero ¿qué es exactamente "razón estética"?
"Razón creadora, por tanto, más que creativa, la diferencia es importante. La creatividad puede definirse como la capacidad de un sujeto para enlazar, asociándolos, unos elementos dispersos; la creación, en cambio, es la capacidad de diseñar mundos posibles: formas actuantes. Una forma actuante es una especial disposición de la realidad ―universo poético o narrativo― que tiene la particularidad de transmitirse, de asentarse, de modificar la visión y, por tanto, de formar cultura."

Sin embargo, ejercer la razón estética requiere cierta responsabilidad ética, viene a decirnos Maillard en el prólogo. He aquí el problema al que nos enfrentamos cuando la ficción llevada a la percepción de lo cotidiano, al entendimiento del mundo, a la concepción de otro mundo posible, se neutraliza o se banaliza hasta convertir un poder valioso, desestabilizador y disidente, en un "todo vale".
"La distancia que permitía tomar conciencia de la ficción se ha reducido drásticamente. Esto permite neutralizar las emociones dolorosas que experimentaríamos ante un hecho trágico si asistiésemos a él sin mediación y, consecuentemente, frenar los movimientos de rebeldía que nuestro rechazo pudiese generar. El peligro, el enorme peligro de la representación es que cualquier acontecimiento, sea este de la naturaleza que sea, se recibe con una tasa de placer que viene a sumarse a la variante emocional que entra en juego. Ese es el poder de la ficción. Cuando asistimos a los acontecimientos como si fuesen un espectáculo porque se nos re-transmiten por los mismos canales y en el mismo formato que la ficción, nos llegan con ese plus de placer que caracteriza todo espectáculo. Los noticiarios se convierten entonces en capítulos de una serie televisiva y las historias de corrupción o el seguimiento del éxodo de las poblaciones, en sendos culebrones que se reanudan a diario a la hora prevista y que reconocemos por el titular: 'Crisis de refugiados', 'Ataques terroristas', etcétera.

La razón estética es un libro absolutamente recomendable. Nos explica la posmodernidad y apuesta por la razón estética mediante la imaginación y la ironía, dos herramientas que, utilizadas a favor de la Luz, son capaces de transformaciones esperanzadoras, pues la esperanza es lo último que se pierde. Por si acaso, dejamos un conjuro para decir mentiras (ficciones) y construir verdades.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Eduardo Lago o cómo narrar la página

Eduardo Lago, Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee, Barcelona, Malpaso (2013)
http://malpasoed.com/es/libro/siempre-supe-que-volveria-a-verte-aurora-lee/

Sorprendente, juguetona, paródica, a medio camino entre el trhiller intelectual y la novela puzle de estructura compleja, Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee nos cuenta la historia de un escritor que contrata a otro escritor para que este, que domina con soltura la escritura por encargo, deduzca cuáles hubieran sido las bases narrativas de la última novela no terminada del genial Vladimir Nabokov conocida como El original de Laura. Este arranque nos lleva a leer unas cuantas aventuras de doble trama (el escritor fantasma también tiene otro encargo: la biografía de un magnate), contada a partir de diferentes voces y materiales heterogéneos. Ahora bien, lo más sorprendente: el juego narrativo con el diseño de la página, es decir, cómo narrar la página:
"Baje a la zona de notas, su presencia aquí arriba me distrae mucho."
Por lo demás, abundan las referencias literarias convertidas en chistes de especialista, aunque si no los pillas no pasa nada. De modo que podríamos decir que se pasa un buen rato, cosa que se agradece, aunque eché en falta un poco más de profundidad o al menos un poco de aquello que Alan Pauls llamaría enrarecimiento.

"Que más que a otro libro, El original de Laura se asemeja a lo que nos pasa en la vida. Como en la vida, no hay ningún narrador encargado de controlar lo que pasa."

lunes, 4 de septiembre de 2017

Piglia y Murakami hablan de escribir

Haruki Murakami,
De qué hablo cuando hablo de escribir (2015),
traducción de Fernando Cordobés y Yoko Ogihara,
Barcelona, Tusquets (2017)
Murakami desentraña sus secretos: nos cuenta cómo escribe. Para empezar, dice que en su opinión el escritor no debe ser extremadamente inteligente, porque si tiene las ideas claras, no hará falta tomarse el trabajo de construir una novela, proceso lento y de descubrimiento de aquello que verdaderamente se quiere escribir. Piglia viene a decir lo mismo sirviéndose de una metáfora: "un artista es aquel que nunca sabe si va a poder nadar: ha podido nadar antes, pero no sabe si va a poder nadar la próxima vez que entre en el lenguaje".
Murakami abunda: "El fundamento de todo escritor es contar una historia; expresado con otras palabras se puede decir que es penetrar en la parte más profunda de la conciencia. En cierto sentido es sumergirse en la oscuridad del corazón". 
Al parecer las metáforas acuáticas son bastante cercanas a lo que significa "entrar en escritura". El que escribe se zambulle presa de entusiasmo y va hacia algún lado sin tener ni idea de adónde asomará la cabeza. Como precisa Piglia: "El arte de narrar es el arte de la percepción errada y de la distorsión. El relato avanza siguiendo un plan férreo e incomprensible y recién al final surge en el horizonte la visión de una realidad desconocida: el final hace ver un sentido secreto que estaba cifrado como ausente en la sucesión clara de los hechos."

Ricardo Piglia,
Formas breves,
Barcelona, Anagrama (2000)
¿Y qué opina Murakami sobre la imaginación? Cree que "la imaginación es una combinación de recuerdos fragmentados e incoherentes. Esa memoria incoherente combinada de forma eficaz, por muy contradictoria que pueda parecer, puede tener un carácter tanto preventivo como intuitivo y, en mi opinión, eso debe transformarse en el motor y en la fuerza de la historia". Piglia universaliza la misma idea: "La tradición literaria tiene la estructura de un sueño en el que se reciben los recuerdos de un poeta muerto".

Sobre la cuestión de la originalidad, Murakami dice que, para ser original, un escritor debe "tener un estilo propio"; "ser capaz de superar ese estilo peculiar" para evolucionar, y esa originalidad debe convertirse, con el tiempo, en "estándar, en norma. Tiene que ser absorbida por la psique de la gente y convertirse en un criterio de valor". En cambio Piglia ve el asunto justo al revés: "el problema no es tanto que una obra sea o no de vanguardia, lo fundamental para un escritor es que el público y la crítica sean de vanguardia". Parece que la manera de leer es fundamental para que la vanguardia acontezca. Tampoco podemos olvidar que el escritor es, ante todo, un lector irreverente de la tradición.

En todo caso, ambos coinciden en que el proceso de escritura conlleva largos periodos de silencio. Murakami: "la fase de preparación es de las más importantes. Es un periodo de silencio durante el cual se gesta y se desarrolla dentro de uno el brote de lo que está por venir". Piglia cita a Macedonio Fernández para decir algo parecido: "Es necesario, dicen, saber ser lento, se debe saber callar".

lunes, 28 de agosto de 2017

Eduardo Halfon y la memoria

Eduardo Halfon, Duelo, Barcelona, Libros del Asteroide (2017)
http://www.librosdelasteroide.com/-duelo

Si acaso este libro trata sobre algo quizá sea sobre la memoria, sobre la falsedad de la memoria y la fragilidad de su construcción. También sobre un viaje al pasado, a los recuerdos que se encarnan como fantasmas en un escenario a veces tan onírico que enseguida acuden reminiscencias de Juan Rulfo.

"Y yo me convencí a mí mismo de que no los estaba engañando, de que no era mentira, de que esa versión de la historia alguna vez había sido verdad, al menos para mí."
Por lo demás, encontramos a Eduardo Halfon en estado puro: prosa meditativa y escritura de autoficción. 

lunes, 21 de agosto de 2017

Notas sobre la visita de Ngũgĩ wa Thiong’o a Barcelona


Ngũgĩ wa Thiong’o, Descolonizar la mente (1986), traducción de Marta Sofía López Rodríguez, Barcelona, Debolsillo (2015)
http://www.megustaleer.com/libro/descolonizar-la-mente/ES0139172

[Publicado en Liberoamérica el 15/08/2017]

Apunto algunas reflexiones sobre la conferencia de Ngũgĩ wa Thing’o en el CCCB. Fue como leer su libro Descolonizar la mente. Las mismas ideas. Me decepcionó un poco, porque el enfoque fue solamente político (en cuanto a la lengua). Yo pensaba que se explayaría algo más sobre cuestiones formales: texturas, sintaxis, relaciones semánticas-pensamiento, por ejemplo. Tiene un discurso marxista y antiimperialista. A primera vista uno está de acuerdo, no lo niego, pero con la lectura de Descolonizar la mente es más que suficiente como para seguir abundando en este aspecto.
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lunes, 14 de agosto de 2017

Bruce Bégout: el horror es un parque de atracciones

Bruce Bégout, Le ParK (2010), traducción de Rubén Martín Giráldez, Barcelona, Siberia (2014)
http://www.editorialsiberia.com/lepark.html

Parque de atracciones del espanto, Le ParK es un folleto informativo, una entrada de enciclopedia (a lo Borges), un texto periodístico, un prospecto de medicamento, tal vez una crónica de un lugar del que huir como de la peste o los campos de exterminio o de la más abominable celda de tortura. 
"¿Es un laboratorio al aire libre donde se ponen a prueba, a la vista de todos, las futuras prácticas de control social?"
Bégout utiliza un lenguaje frío como lo que describe: Le ParK está situado en una isla (a lo Bioy) a la que acuden algunos turistas que disfrutan del horror. Conocemos algunos casos (los pocos momentos verdaderamente narrativos del libro), como la historia de Leer, un hombre que llegó por una entrevista de trabajo y a quien le suceden cosas muy similares a las que se producen en Solaris; la historia de Lev, un hombre encerrado allí voluntariamente como prisionero, pues no sabe ni soporta vivir en lo Abierto, o la historia de Lady W., una señora a quien le atrae lo prohibido y el dolor, sobre todo el de los demás.
"Nunca un lugar ha dado la sensación de estar tan conectado con las emociones más sombrías del alma humana, como marchando al unísono."
Construido por un arquitecto llamado Licht con el dinero de un magnate ruso de nombre Kalt, este espeluznante parque de atracciones responde a una teoría bien particular: la neuroarquitectura, cuyas directrices conocemos porque podemos leer algunos fragmentos del libro Introducción a la neuroarquitectura, cuyo autor es el propio Licht. Tal vez sea la parte más interesante de todo el libro:



No sin humor del más negro, Le ParK describe toda la violencia de la que es capaz el hombre, toda la impunidad a la que nos enfrentamos como sujetos de un experimento social encaminado a construir robots a quienes ya no afectan no solo las reminiscencias del horror del pasado (Auschwitz, gulag, Guantánamo, etcétera), sino todo aquello producto de la imaginación que trabaja a favor de lo Oscuro y que, lamentablemente, está sucediendo en el mundo real.

lunes, 7 de agosto de 2017

Miguel Albero o cómo fracasar mejor

Miguel Albero, Instrucciones para fracasar mejor, Madrid, Albada (2013)
http://www.abadaeditores.com/libro.php?l=362#

¿Cansado del éxito en todo lo que se propone? ¿Harto de que todo le salga bien? No se preocupe, aquí tiene usted el antídoto: un libro que le ayudará a fracasar y conseguir siempre ese deseado resultado adverso.

Fracase usted a lo grande, fracase mejor, como decía Beckett. Pero ¿cómo va a hacerlo? Primero, piense en algo enorme, propóngase una empresa descomunal, no es plan de fracasar con menudencias. Segundo, acometa la empresa sin esperanzas de éxito pero con absoluto convencimiento:
"La falta de esperanza es crucial porque anula el efecto más pernicioso del fracaso, que no es otro que el desengaño, que a su vez segrega otro sentimiento deleznable, la frustración. El desengaño nace, como la propia palabra anuncia, de haber estado previamente engañado y ese engaño es precisamente el generado por la esperanza."
En tercer lugar, no se olvide de que su fracaso sea lo suficientemente visible, de que las personas a quien usted quiere y respeta le tengan por un auténtico fracasado.
 "Y si consigues no querer nada, entonces en efecto no fracasas, el fracaso no es una opción y por tanto nadie le dedica un ensayo, ni siquiera un aforismo. Porque si niegas el deseo, niegas el proyecto, niegas la posibilidad de fracasar porque nada te propones, más allá de esa misma negación."

lunes, 31 de julio de 2017

Margaret Atwood y el poliamor futurista

Margaret Atwood, Por último, el corazón (2015), traducción de Laura Fernández Nogales, Barcelona, Salamandra (2016)
http://salamandra.info/libro/ultimo-corazon

La última novela de Margaret Atwood, ambientada en un futuro cercano, nos presenta un mundo donde la inseguridad y la crisis económica han arrasado la dignidad de las personas. Charmaine y Stan, una pareja que ha perdido su casa, tiene que vivir en el coche y turnarse para dormir: los ladrones acechan constantemente.

Enseguida nos enteramos de que existe un proyecto de ciudad perfecta llamado Positrón. Allí las personas viven en libertad durante un mes y al siguiente son encarcelados, de modo que libres y presos se alternan y comparten casa, y todo resulta mucho más económico y lógico. Las experiencias se multiplican, nadie se queja, los que no encajan se eliminan. Es decir, Positrón es una de esas ciudades utópicas que dan tanto miedo, pues la perfección, aunque deseable, no existe.

Enseguida la novela, alocada como pocas, comienza a tomar rasgos de novela romántica, de enredos, de poliamor futurista:
"En esos momentos, Charmaine diría cualquier cosa. Lo que Max no sabe es que, en cierto modo, ya lo hace con los dos a la vez: esté con el que esté, el otro también está allí, invisible, participando, aunque a un nivel inconsciente. Inconsciente para él, pero consciente para ella, porque los lleva a los dos en la conciencia, con mucho cuidado, como si fueran delicados merengues, o huevos crudos, o crías de pájaro. Pero no cree que amarlos a los dos a la vez sea algo sucio: cada uno tiene una esencia distinta, y resulta que a ella se le da bien atesorar la esencia única de cada persona. Es un don que no tiene todo el mundo."
No sabemos si Atwood defiende la postura final, es decir, la elección del pasado por parte de la pareja ("El pasado es mucho más seguro, porque todo lo que tiene que ver con él ya ha ocurrido. No se puede cambiar y, por eso, en cierto modo, no hay nada que temer"), pero de lo que sí estaremos seguros al cerrar el libro es de que la parodia campa a sus anchas (parodia de la novela romántica, del amor como constructo cultural, de la cirugía estética y el ansia de juventud eterna, del deseo y su manipulación). Recordemos que toda parodia, además, pretende meter el dedo en la llaga, y Atwood siempre lo consigue con desparpajo, una prosa brillante e irónica, su irreverencia y un filoso sentido del humor. 

lunes, 24 de julio de 2017

William Gaddis, Italo Calvino, Walter Benjamin y el autómata

Italo Calvino, Punto y aparte,
traducción de Gabriela Sánchez Ferlosio,
Madrid, Siruela (2013)
En "Cibernética y fantasmas (Apuntes sobre la narrativa como proceso combinatorio)", Italo Calvino se pregunta qué estilo literario tendría un autómata, y llega a la conclusión de que sería uno clásico, aunque evidentemente cada cierto tiempo el autómata debería variar el estilo para renovar la literatura mediante un proceso combinatorio (no muy diferente del que sigue un autor, salvo que este último se sirve de la intuición y corta por atajos cuando, suponemos, el autómata se serviría de la totalidad de combinaciones posibles de un corpus dado). Sin duda, reflexiona Calvino, el papel relevante en el hecho literario (si obviamos la confección humana) quedaría relegado al lector. Primero, para decidir cuál de todas esas combinaciones es la "adecuada". Segundo, porque la literatura en sí sigue siendo un asunto de la conciencia humana que difícilmente puede interesar a una máquina. 

Walter Benjamin,
La obra de arte en la época de su
reproductibilidad técnica
,
traducción de Andrés Weikert,
México, Ítaca (2003)

Ya decía Walter Benjamin, refiriéndose a la fotografía:
"Con esta, la mano fue descargada de las principales obligaciones artística dentro del
proceso de reproducción de imágenes, obligaciones que recayeron entonces exclusivamente en el ojo."
También argüía que el arte reproducido (o construido por máquinas) pierde su aura. Esto que parece tan místico, Benjamin lo defendía con los siguientes argumentos: la obra ya no es única; da un poco igual cuál fue la primera obra de donde se tomaron las copias; no importa si la obra ha salido ya del ámbito de culto; tampoco tiene sentido preguntarse (si nos atenemos a la literatura) con qué materiales trabajó el autómata: ¿se trata de fragmentos de otras obras? ¿Se trata de copiar el fraseo de la sintaxis, de insertar allí otras palabras siguiendo una lógica gramatical y semántica? 

*
De algo relacionado con esto se lamentaba el narrador de Ágape se paga, de William Gaddis, cuando se refería al invento de la pianola:
William Gaddis, Ágape se paga,
traducción de Miguel Martínez-Lage,
México, Sexto Piso (2008)
"El azar y el desorden campan a sus anchas y se llevan todo por delante y este sistema binario, máquina digital, con su rollo de papel que se lo juega al todo o nada y que es la que defiende el fuerte, sí, era el fuerte, todo el asunto consistía en ordenar y organizar y eliminar el azar, eliminar el fracaso, como si fuera un gravísimo defecto de carácter y como si en eso y nada más consistiera la tecnología, música entretenimiento contabilidad, contabilidad, hace setenta años un gran pianista registró un rollo de papel coordinando sus manos y pedaleando en la quincuagésima parte de un segundo, 1926, y una empresa lo comercializó y llegó a vender diez millones de rollos y todo termina por ser un tebeo, el gentío que se apiña ahí fuera crash bang y asalta las puertas en busca del placer la democracia salta los muros aterroriza a la élite que ha encontrado su rinconcito de entretenimiento de clase alta ya cuando María Antonieta y la toma de la Bastilla con este, sí, aquí está este, un anuncio alemán de 1926 que es el que aguanta prietas las filas en defensa de la clase, allá que van, aquí que vienen, 'una clase de personas aún más numerosa que no consigue que funcione con éxito el tipo habitual de pianola, porque carecen de un sentido preciso de los valores musicales. No tienen 'oído musical', y por esa razón tocan atrozmente en pianos provistos incluso de pianolas internas de grado aún mejor", ¿hablamos de lo que es la clase?, ¿de la defensa de estos elitistas amantes de la música? No, aquí no, aquí no se habla más que de lo que se habla siempre. ¡Las ventas!"
¿Habrá máquina capaz de reproducir un estilo como este? ¿Este estilo no es acaso un juego de intenciones (el tono: apasionado, quejoso, algo cínico) sumado a una sintaxis desordenada, tal vez mediante un arte combinatoria a la manera de un autómata? (Recordemos que Los reconocimientos, novela monumental, parece construida por retazos o citas o referencias a otras novelas.) Obviemos el asunto social que el narrador de Gaddis inserta en su discurso como problemática de la reproductibilidad. Naturalmente, el autómata podría injertar el discurso social como elemento combinatorio. Diremos, entonces, que es un panfleto de defensa del autor como hacedor. También el autómata, según la combinatoria, podría defender al autor, incluso podría defenderse a sí mismo, arguyendo que él también se sirve del azar (y sería cierto) y que es capaz de fracasar (aunque de esto no se daría cuenta sin la ayuda del lector). 

Tal vez el fracaso sea la medida (y también el límite) de toda obra de arte. Tal vez el fracaso sea el asunto más relevante de la teoría de la recepción.

lunes, 17 de julio de 2017

Tatiana Goransky o narrar con banda sonora

Tatiana Goransky, Fade out, Barcelona, Comba (2017)
https://www.editorialcomba.com/catalogo/libros/narrativa/fade-out/

Existen novelas con banda sonora, pero pocas que narren a partir de una banda sonora. Aquí no hay peripecia con música de fondo, sino que la narración avanza a través de la música, con injertos de letras de canciones, de estilos musicales que significan tanto como las palabras, y es a partir de estos elementos que la novela va desarrollándose.

Lo cierto es que estamos ante una novela musical en muchos aspectos:
1. La banda sonora que narra.
2. Tres voces, tres narradores (Kumiku, Renata y el escritor fantasma), es decir, una novela coral, y a la vez, una novela puzle, pues somos los lectores quienes tenemos que armarla.
3. La novela avanza por variaciones: una misma escena es contada desde distintos puntos de vista (esos tres narradores) o con materiales distintos (cartas, diarios, recuerdos, etcétera), de manera similar a como trabaja el jazz.

Pero a pesar de toda esa música, el objetivo que persiguen las protagonistas de este libro es llegar al silencio, quedarse en silencio, producir silencio.
"La búsqueda de producción de silencio es la base de este libro."
Fade out trata sobre tres mujeres pertenecientes a tres generaciones diferentes que buscan el silencio. Dos de ellas tienen una extraña capacidad: la de emitir música por sus oídos, como radios ambulantes. La tercera es muda. Algo hay aquí de realismo delirante, confesó la autora en alguna entrevista. Desde luego que el tono general es humorístico: es tan absurdo lo que se nos cuenta que la seriedad con que se trata desencadena la risa.
Por detrás, la trama del amor, la que sostiene toda la novela. El amor romántico, pero también el amor maternofilial. 

¿El amor es silencio?
"Estar en silencio, hacer silencio, producir silencio, ser silencio. Formas distintas de estar presente, de no mirar hacia el pasado ni el futuro. Así como el sonido teletransporta, el silencio nos da la capacidad de quedarnos donde estamos."


 

lunes, 3 de julio de 2017

Jorge Wagensberg y Carl Jung: hormigas y malentendidos

Jorge Wagensberg,
Toería de la creatividad,
Barcelona, Tusquets (2017)
Jorge Wagensberg desarrolla en este libro un concepto muy interesante, al que denomina Síndrome del Malentendido Colectivo, es decir, cuando un grupo de individuos similares se ponen de acuerdo para construir una nueva individualidad colectiva, y esto se produce cuando la probabilidad de supervivencia para tal especie es mayor como colectividad que como individuos aislados. Pero a menudo se producen malentendidos colectivos fuera del sentido común (piénsese, por ejemplo, en xenofobia), y Wagensberg lo ilustra con un curioso caso, el de remolinos de hormigas. Copio aquí una larga cita para explicarlo:
"Un caso muy espectacular es el fenómeno de los llamados remolinos de hormigas. Aunque el fenómeno es raro, suele suceder con especies de hormigas ciegas que se orientan casi exclusivamente por el rastro de feromonas que otros individuos de la colonia dejan en el suelo durante sus desplazamientos [...]. En condiciones normales se forman las típicas procesiones de hormigas que han salido del nido en busca de comida o que están regresando a él. Sin embargo, aunque es ciertamente poco probable, en ocasiones se observa un comportamiento patológico que consiste en que un grupo de individuos mueren exhaustos. [...] La desactivación del buche es mucho menos probable que su activación, por lo que, finalmente, el remolino puede acabar incluso separándose de la ruta original y el extraño (y aparentemente sin sentido) círculo vicioso persistirá tenazmente hasta el agotamiento total. Es un buen ejemplo de lo que Ilya Prigogine llamó en su día order through fluctuations, o de cómo un caos local arrastra a un sistema hacia un nuevo orden global [...]."
 Añadamos ahora un párrafo sobre hormigas que encontré en el libro Sincronicidad de Carl Jung. El concepto de sincronicidad se refiere a la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero no de manera causal (causa-efecto), sino de manera azarosa o por "casualidad". Jung también elige a las hormigas para ilustrar el asunto:
"Cogemos tres cajas de cerillas y ponemos 1.000 hormigas negras en la primera, 10.000 en la segunda y 50 en la tercera, y una hormiga blanca en cada una de ellas; cerramos las cajas y hacemos un agujero lo suficientemente pequeño como para impedir que salga más de una hormiga a la vez. La primera en salir, de cada una de las tres cajas, es siempre la blanca."
Las hormigas también esclavizan a otras especies a fin de que trabajen para ellas, se suicidan si la colonia corre peligro, construyen balsas vivientes para cruzar cursos de agua. Tal vez deberíamos adjudicarnos la mentalidad de los insectos para comprender ciertos comportamientos gregarios. Como dice Wagensberg:
"Lamentablemente los malentendidos se difunden mucho mejor que los bienentendidos y quizá sea por eso por lo que la palabra malentendido es tan frecuente, mientras que bienentendido ni siquiera existe aún como palabra. El Síndrome del Malentendido Colectivo también contribuye a establecer los límites del así llamado sentido común."
 

lunes, 26 de junio de 2017

P. L. Salvador: disparate con gigoló

P. L. Salvador, Nueve semanas, prólogo de Constantino Bértolo, Oviedo, Pez de Plaza (2016)
http://www.editorialpezdeplata.com/nueve-semanas.html

Bloss Ñejer es un gigoló, es decir, un hombre que vive de las mujeres, un mantenido. La historia que se nos cuenta, narrada a varias voces y en formato de diario, es el periplo de nueve semanas (de ahí el título) de una relación entre el mencionado gigoló y una escritora, Dedé, hija de un editor de posición acomodada. Una historia de enredos, al fin y al cabo, una comedia romántica de escritores, escritores-fantasma, escritores-trepa, editores y mucho sexo como moneda de cambio.

El tono es socarrón, divertido, desenfadado, macarra. La sintaxis, entrecortada, abrupta, con juegos de palabras algo musicales (repeticiones, variaciones, etcétera), con aire Cabrera Infante, con abundancia de diminutivos y atención en el lenguaje.

"Asiento con disgusto. Mi madre siempre consigue que me sienta mal (y asienta peor). Lo que digo, ya escribo como el tipo ese. Empiezo a pensar que estoy robándole el estilo (es-ti-la-zo). Porque él no tiene ninguna posibilidad... ¡Ladrona! Y pensar que nosotros (nos) somos la crema-cremita (cremosa) de la sociedad. Los dioses del nepotismo. Panza satisfecha y sonrisa jactanciosa. Movemos los hilos. ¡Danzad, marionetas!"

Constantino Bértolo, autor del prólogo de la novela que nos ocupa, la define como novela-disparate y novela-antidecoro, emparentada con la tradición picaresca y quijotesca e incómoda, donde nunca se olvida tampoco la denuncia social. 

¿Quiénes serán sus lectores? Aquellos que no teman enfrentarse a lo políticamente incorrecto, a lo incómodo, al machismo exacerbado, al dedo que señala lo evidente: siempre somos esclavos de alguien, siempre existe un amo un escalón más allá. 

"Y fui un escritor rechazado-rechazado, mil veces ¡rechazado!, por no encajar, por desconocido, por estar lejos (no me dijeron de qué o de dónde), por mediocre (deberían haber dicho [¿para qué andar con tapujos?]), por ser un don nadie, pero sabía que no leían mis obras, que harto de recibir rechazos empecé a pegar hojas, con una gotita de pegamento, y no las despegaban, ¡no las despegaban porque no llegaban siquiera a la página cinco!, eso en el caso de que las abrieran, y no sabía 'por qué demonios las aceptaban', bueno, sí lo sabía, si bien me resistía a creerlo, para cubrir las apariencias (pavor tenían de que el gran público se enterara [o enterase] de que ¡nada más!, publicaban aquello que les interesaba), aunque, sin embargo, las agencias editoriales sí estaban descubriendo su juego, pues en ese momento ¡solo una!, aceptaba originales, y (yo) podía probar que los devolvía a los ocho días (8), como si en una semana (semanota) se pudiera juzgar un manuscrito (larguísimo), aunque ellos hubieran dicho, claro está, que, nada más recibirlos, los examinaban (bien examinaditos), pero eso es (y siempre será) palabrería que mueve a la risa (o al llanto)."

lunes, 19 de junio de 2017

Maurice Blanchot y la soledad del escritor

Maurice Blanchot, El espacio literario (1955), traducción de Vicky Palant y Jorge Jinkis, introducción de Anna Poca, Barcelona, Paidós (2000)
https://www.planetadelibros.com/libro-el-espacio-literario/19009

Cosas que escribió Maurice Blanchot a propósito de la soledad del escritor:

1. "El escritor nunca sabe si la obra está hecha." Digamos que la da por terminada, pero solo cuando la abandona. Abandonar es sinónimo aquí de terminar y también de continuar en otro libro lo que aún no ha quedado escrito en el libro anterior.

2. "El escritor nunca lee su obra." Sabemos que la lectura es tan creativa como la escritura, es decir: el lector construye la obra al leerla, la hace posible, la revive, la actualiza. ¿Cómo hará el escritor para llevar a cabo semejante tarea de desdoblamiento simultáneo? El escritor en realidad es incapaz de leerse a sí mismo, pues no lo tiene fácil para construir su propia obra desde el otro extremo del hecho literario.

3. "Escribir es hacerse eco de lo que no puede dejar de hablar." Aquello que se llama tono, la voz de la obra, no es exactamente el yo del autor. Es otra cosa. El escritor, para escribir, ha de despojarse del yo y prestar oídos a la voz que habla por él. Sin duda aquí Blanchot, a quien podríamos definir como el eslabón entre el concepto romántico y el formalista a la hora de pensar la escritura, se acerca bastante a la noción del escritor como médium.

4. "Escribir es entregarse a la fascinación de la ausencia del tiempo." El espacio donde se crea la obra es de una soledad esencial, no solo en el sentido de recogimiento, de apartarse del mundo y de los demás, sino en el sentido precisamente de apartarse a sí mismo para dar voz al tono que exige la obra. Toda esta fenomenología tan complicada de comprender para quien no escribe resulta evidente para quien tenga la experiencia de la escritura. El tiempo, en este espacio, es un tiempo (y un espacio) que hoy podríamos llamar "universo paralelo". Algo de esquizofrenia. Algo de realidad virtual. De modo que el escritor no está solo únicamente por falta de compañía, sino que está solo después de apartar su yo para dar paso a esa otra voz que llamamos tono.

De más está decir que todo este proceso de despojamiento del yo y de incertidumbre es absolutamente placentero para el escritor. 

lunes, 12 de junio de 2017

Carson McCullers es verdad

Carson McCullers, El aliento del cielo, prólogo y comentarios de Rodrigo Fresán, traducciones de José Luis López Muñoz y María Campuzano, Barcelona, Seix Barral (2007)
https://www.planetadelibros.com/libro-el-aliento-del-cielo/13129

Carson McCullers es amor, dice Rodrigo Fresán en el prólogo de esta recopilación de todos los cuentos y tres de sus novelas, divertidísimas, por cierto: Reflejos en un ojo dorado, La balada del café triste y Frankie y la boda. Ella habla del amor, al fin y al cabo, pero también: de epifanías que sobrevienen en la edad de la adolescencia, de parejas venidas a menos aficionadas al alcohol, del fracaso, de la emoción, de la injusticia del racismo, de las miradas de aquellos que saben.
"Existe un tipo de personas que tienen algo que las dintigue de los mortales corrientes; son personas que poseen ese instinto que solamente suele darse en los niños pequeños, el instinto de establecer un contacto inmediato y vital entre ellos y el resto del mundo." (La balada del café triste)
"Habló con gente de la calle y una vez más percibió aquella inexplicable conexión entre sus propios ojos y los de los demás." (Frankie y la boda)

Impresiona leer (a veces releer) una buena cantidad de sus textos de seguido: la capacidad de entretejer verdadera emoción y fina ironía, con cierto desparpajo de tanto en tanto. Cada vez que leo ese cuento que tal vez sea uno de los mejores cuentos de todos los tiempos, "¿Quién ha visto el viento?", ese que narra una noche de un escritor fracasado en todos los sentidos (no consigue escribir una tercera novela, su matrimonio se desmorona irremediablemente), me sobreviene la idea de verdad: cómo escribir la verdad, ironía y emoción a un tiempo.

Carson McCullers es amor, pero también: Carson McCullers es verdad.



“―Talento ―dijo con amargura―. Un talento pequeño, de un solo relato…, eso es la cosa más traicionera que Dios puede conceder. Trabajar y trabajar, con esperanza, con fe hasta que la juventud se consume… He visto esa situación demasiadas veces. Un talento pequeño es la mayor maldición divina.

―Pero ¿cómo sabe que tengo un talento pequeño, cómo sabe que no es grande? No lo sabe, ¡no ha leído nunca una sola palabra de lo que he escrito! ―protestó el otro lleno de indignación.

―No pensaba en usted en particular. Hablo de manera abstracta.” ("¿Quién ha visto el viento?")

lunes, 5 de junio de 2017

La novela deejay VII

Si imaginamos un destino de la literatura similar al destino de la música, en el sentido en el que hoy aplaudimos y celebramos y adoramos al deejay como si de una estrella de rock o de un concertista virtuoso o de un afamado compositor se tratara, y celebramos su trabajo, es decir, el de poner discos, como arte, o mejor dicho, celebramos su collage y su mixtura y su capacidad de navegar por el tiempo y la tradición, de hacer tremolar el tiempo sobre diferentes bases, y extrapolamos el fenómeno al libro, o mejor, al libro electrónico, y pensamos que el escritor dejará de ser ese juntapalabras o el que busca estilo y contruye una escritura, y que su función se habrá desplazado hacia un diseñador-maquetador con talento, con conocimientos de programador, que fabrique collages y corta-pegas y links de navegación por las grandes obras de todos los tiempos y aplaudamos su trabajo, lo celebremos como gran hacedor de los tiempos por venir, y colaboremos para que pueda ganarse la vida con mucha mayor soltura que un escritor, porque tal y como dicen algunos, y no sin razón, con semejante tradición para qué escribir o reescribir, o contestar y dialogar con esa tradición, quizá sea suficiente con manipularla y fragmentarla y servirnos de ella para contar la historia que queramos, para seguir ejecutando el hecho literario.

Por ejemplo, yo podría continuar con el montaje de una autobiografía in progress, que ya comenzara con el post La novela deejay, La novela deejay II, La novela deejay III, La novela deejay IV, La novela deejay V y La novela deejay VI utilizando un fragmento de El corazón es un cazador solitario de Carson McCullers para explicar qué es exactamente mi "cuarto interior":

lunes, 29 de mayo de 2017

Marguerite Duras: el tiempo impasible

Marguerite Duras, La vida tranquila (1944), traducción de Alejandra Pizarnik, Buenos Aires, Mardulce (2017)
http://www.mardulceeditora.com.ar/ficcion.php

[Publicado en Revista de Letras, 24/05/2017]

Si se dice que la segunda novela de todo escritor tiende a ser una novela fallida, he aquí la excepción que confirma la regla, pues La vida tranquila es una bellísima segunda novela de Marguerite Duras (1914-1996), publicada originalmente en 1944 y ahora reeditada por Mardulce en traducción de Alejandra Pizarnik. “Escribe, no hagas nada más”, le aconsejó Raymond Queneau después de leerla. Más influenciada por las lecturas de Faulkner y Hemingway que por el nouveau roman y el relato autobiográfico con que construiría sus escritos posteriores, La vida tranquila está narrada en primera persona, la voz de una joven que sabe que ha dejado la infancia cuando se da cuenta de que ha perdido la capacidad de olvidar.
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lunes, 22 de mayo de 2017

Zygmunt Bauman y Gaston Bachelard: cómo nadar y guardar la ropa

Zygmund Bauman, Vida líquida (2005),
traducción de Albino Santos Mosquera,
Barcelona, Paidós (2006)
Me arrimo al agua. No como Narciso, o no del todo, sino para entender la modernidad líquida, concepto instaurado por Zygmunt Bauman hace una década. ¿Por qué se refiere a la modernidad como líquida? En un principio, por contraposición a la modernidad sólida. Seguidamente, para definirla a la manera del río de Heráclito: el agua en movimiento, la corriente siempre cambiante, la falta de estructuras sólidas, de valores permanentes: "La modernidad líquida es 'líquida' en tanto en cuanto también es posjerárquica". 
En Vida líquida Bauman se refiere a todos esos fenómenos de la vida posmoderna y mercantilista (la que habitamos) que ya conocemos de sobra: la falta de estabilidad y la precariedad, los cambios constantes de identidad, la necesidad de formación durante toda la vida, la liviandad en las relaciones interpersonales, la falta de orientación y dirección de la vida en general, es decir, la incapacidad de determinar un futuro. La incertidumbre absoluta.

No sabemos por qué Bauman en lugar de elegir el agua no se decantó por el aire: "Todo lo sólido se desvanece en el aire", decía El manifiesto comunista. (Nota: esto nos invita a pensar que, tal y como dicta la lógica, la modernidad que sigue será gaseosa.) Tampoco sabemos por qué no meditó sobre otras propiedades del agua, a saber: la pureza, la sonoridad del agua y su relación con el lenguaje, con la sintaxis, la sexualización del agua como elemento femenino (néyades), la fecundidad del agua como origen de la vida, el alimento primordial, el narcisismo o el agua como reflejo, la quietud de las aguas oscuras, la sangre como vida, la sangre como muerte. Esta enumeración viene de Bachelard. 
Gaston Bachelard, El agua y los sueños (1942),
traducción de Ida Vitale, México,
Fondo de Cultura Económica (2005)

Gaston Bachelard elaboró una poética de la ensoñación. La ensoñación se diferencia del sueño y del arquetipo porque en ella participa la conciencia: elabora imágenes de las que se sirve la mentalidad poética, la constructora de paradigmas. 
Diremos que el poeta Bauman tomó del agua las connotaciones de Heráclito (fluidez, cambio constante) y también otras que podríamos denominar de "nadador": el hombre enfrentado a los elementos. 
Diremos que la modernidad líquida tiene como héroe al nadador. Aunque Bauman se cuida bien de decirnos que la modernidad no sabe lo que es un héroe, pues el mercado no entiende de héroes. 
El nadador es la celebrity. Ha sido capaz de hacerse ver entre las aguas, aunque tan solo durante ese minuto de fama. Después, que se lo lleve el río. Como nos lleva a todos. "Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar", decía Manrique.

Pero Bauman no analiza la modernidad líquida utilizando todas las imágenes pertenecientes a la modernidad sólida. Se sirve de lo que le sirve, como todo poeta. No aprovecha todos los arquetipos del agua del incosciente colectivo (cosa pasada de moda, es decir, inservible), los constructos de la cultura (una de las víctimas de la mercantilización, pues cultura significa tradición, sedimentación, necesidad de lentitud, de comprensión y compenetración, necesidad de tiempo, es decir, todo lo contrario del usar y tirar, de la obsolecencia, de la velocidad inconsistente y generadora de residuos de la mercantilización). Más bien nos aconseja que para sobrevivir, nadadores de hoy, debemos ser capaces de dejar de enfrentarnos a ello y deshidratarnos en lo fluido, olvidarse de nadar, quitarnos la ropa y convetirnos en agua, confundirnos con la mentalidad del torrente y dejarnos arrastrar, compenetrarnos absolutamente con el elemento. Después de todo, somos agua, y como dice Bachelard, "el ser consagrado al agua es un ser en el vértigo".