Esta novela está ambientada en Caracas, una ciudad que se va quedando vacía de personas pero con cada vez más perros callejeros, perros abandonados por la gente. El protagonista, Ulises, se ve envuelto en un proyecto que hereda de su exsuegro: poner en pie la fundación Simpatía por el Perro, que se encarga precisamente de entregar perros abandonados en adopción. El mismo Ulises es un huérfano que creció en una familia de adopción, de modo que el proyecto le toca de cerca. Al mismo tiempo, su exmujer le va detrás porque quiere quedarse con el piso y dejarlo en la calle.
El asunto está lleno de misterio: reaparece una antigua novia que no está precisamente bien de la cabeza, se conocen algunos secretos algo esotéricos y perrunos de los gobernantes venezolanos, hay una seguidilla de trágicas muertes, entre otras cosas, de tal modo que la novela resulta sumamente entretenida, una novela de enredos y de misterios, y al mismo tiempo nos presenta una panorámica de la Caracas actual, una ciudad cada vez más vacía y afantasmada.
"–No sé –dijo Mariela–. Los de Sendero eran terroristas. Y había una guerra. Y entre los senderistas y los soldados cometieron todo tipo de barbaridades. Unas más horrendas que otras. Aquí, en cambio, uno siente una guerra pero no la ve. Y son los mismos desplazados, la gente misma, los que abandonan a sus perros. Eso es peor que colgarlos de un poste. Los abandonan para anunciar que se marchan de este infierno."
