Mapa del nuevo cuento latinoamericano I : rumiar la biblioteca

lunes, 21 de marzo de 2016

Mapa del nuevo cuento latinoamericano I

[Artículo publicado en Quimera. Revista de Literatura, n.º 387, febrero de 2016: http://www.revistaquimera.com/2016/01/20/no-387-febrero-de-2016/]


Cuando a los escritores del boom latinoamericano se les preguntaba por su influencia más incuestionable, ellos contestaban: Faulkner. Si a los escritores del nuevo cuento latinoamericano les formuláramos una pregunta semejante, probablemente contestarían: Carver. Diríase que, en general, el fantasma del realismo norteamericano se cierne sobre Latinoamérica. ¿Se acuerdan del cuento fantástico, ese que remataba el final con una vuelta de tuerca y confería otra capa de sentido a lo veníamos leyendo? Apenas se practica ya. El narrador prefiere susurrarnos su confesión, contarnos una anécdota, exponer su comprensión/incomprensión de lo que le rodea. Habla de literatura, de sí mismo como desfiguración. Toma la voz de la violencia social. A menudo se asemeja a un costumbrista del siglo XXI o, dicho de otra forma, despliega su talento para referirse a lo íntimo o lo banal.

Pero por fortuna toda escritura es una lucha de influencias, un mestizaje. De modo que podemos hablar de realismo y sus variantes con marcado predominio de la primera persona como rasgo más o menos general, pero también de continuación del boom, de adoradores borgianos, de susurradores inquietantes, de autoficción, de metaficción, de narradores reflexivos o filosóficos, de narradores naif, de fanáticos del cine y la carretera, de periodismo al destape, de suspense, de escritura del cuerpo o, también, de prosa con aires centroeuropeos.

Despleguemos, pues, un mapa del nuevo cuento latinoamericano. Atendamos a las diferencias.

(Huelga decir que no están todos, pero sí una muestra lo suficientemente representativa de las tendencias narrativas y editoriales: 8 mujeres/16 varones.)




La máquina


Alberto Chimal (Siete, Salto de Página): Impecable prosa donde toda la literatura (y no exagero) se da cita y se reformula. Fantástico trabajo de recuperación y reapropiación siempre humorística de los textos míticos/sagrados/clásicos/históricos. No faltan reflejos a lo mejor de Borges y al así llamado boom latinoamericano. Leer esta recopilación de los mejores cuentos de Chimal no tiene desperdicio: puro gozo, puro talento, pura belleza. A veces llegué a dudar si Chimal no es en realidad aquella máquina perfecta de hacer literatura con la que muchos sueñan.




Narrador naif


Federico Falco (Elefante, El Cuervo): De prosa fresca con tono costumbrista, Falco destila cierto aire enrarecido y morboso desde sus comienzos, un elemento oscuro y a veces perverso que atrae como un imán. Por lo demás, digamos que es un alumno aventajado de Carver y que por lo general sitúa las escenas en pueblos del interior de Argentina, donde parece que no pasa nada.


Luciano Lamberti (El asesino de chanchos, Nudista): Lamberti comparte con Falco el escenario y el influjo del realismo norteamericano pero utiliza de forma más marcada un narrador en primera persona al que podríamos llamar “naif” y que deja que el inteligente sea el lector. Esto resulta en una prosa rápida que hilvana episodios sin detenerse a explicar sus causas. Al parecer este tipo de narrador está tomando fuerza en la narrativa argentina, pues resulta sumamente humorístico.




Desparpajo y velocidad de la anécdota


Margarita García Robayo (Cosas peores, Seix Barral): García Robayo derrocha desparpajo. De prosa sencilla y precisa, de tonalidad oral y fresca, nos sitúa en escenas in media res para contarnos poca cosa, pero con el suficiente sentido del humor y la sugerente sensualidad y la tentación de lo siempre sexual que enseguida nos atrapa.


Juan Terranova (Música para rinocerontes, El Cuervo): Diríase de Terranova que enhebra anécdotas mediante la utilización de los diálogos, que maneja con mucha soltura y verosimilitud. Además de frecuentar la autoficción, su estilo es directo, sencillo, socarrón y divertido. Tiene la frescura de una conversación entre amigos y la rapidez del periodismo.




Suspense y perversidad


Samanta Schweblin (Siete casas vacías, Páginas de espuma): Schweblin escribe como un cuchillo con el que nos amenaza constantemente. Desborda talento para el suspenso y lo inquietante. Leer a Schweblin es tener el corazón en la boca. Es intuir el peligro. En este caso, los cuentos están enlazados entre sí por diferentes elementos: un jardín, unas cajas, la desaparición de niños. Por lo general, asistimos a rutinas de lo más estrafalarias que atrapan nuestra morbosa curiosidad, pues sabe jugar con la perversidad del lector, a quien trata de cómplice.




La carretera


Liliana Colanzi (Vacaciones permanentes, El Cuervo) y Maximiliano Barrientos (Diario, El Cuervo) trabajan una narrativa más cercana al cine de road movie. Colanzi nos habla de chicas ricas y destroyers que quieren dejar de ser las nenas de papá. Barrientos nos cuenta viajes por carreteras donde abundan (naturalmente) los coches, los bares de mala muerte y el despecho amoroso. Ambos comparten una prosa rápida, sencilla, directa, juvenil y sumamente visual.


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