rumiar la biblioteca

lunes, 15 de septiembre de 2014

Sergio Galarza o la rabia también inmigra

Sergio Galarza, Paseador de perros, Avinyonet del Penedés, Candaya (2009)
http://www.candaya.com/paseadordeperros.htm

Novela de escenas alrededor del empleo de un inmigrante peruano paseador de perros, tal como indica el título, y es reflexión sobre la precariedad y sobre la discriminación y sobre todo la autodiscriminación de los que viajan y buscan un destino propio.

"Si la X no fuera la primera letra de mi documento de identidad, nadie me reconocería como inmigrante porque no uso zapatos con escamas ni ropa de imitación y mi cabello solo brilla cuando no lo lavo en varios días. X de extranjero. X de problema. X porque estás marcado."
Habría que remarcar que esto es real pero que además es también igual si dispones de doble nacionalidad: el estigma de haber nacido en otro lugar, según la violencia de la discriminación y la violencia del nacionalismo y la violencia hacia los atrevidos que se desplazan, cada cual por sus motivos, pero sobre todo la violencia, más remarcable si cabe, de pretender diferenciarse de todos los trashumantes: intentar clasificarlos en diferentes tipos, negarse a que nos envuelva la misma bolsa que contiene todo aquello extranjero.

A veces es necesario desplazarse para que la conciencia de clase te abofetee.

"Me paré frente a la fuente en la cual habían plantado un pedazo del Muro de Berlín, de aquella época cuando las ideologías servían para complejizar las diferencias entre ricos y pobres, explotadores y explotados, dueños y empleados, y deseé estar del otro lado."

Interesante novela, ágil y fresca, de frase sencilla y exudante de rabia contenida. Un baño de realidad.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Agustín Fernández Mallo o la perplejidad

Agustín Fernández Mallo, Limbo, Madrid, Alfaguara (2013)
http://www.alfaguara.com/es/libro/limbo/

Aproximaciones al limbo y su divertimento:

1. El limbo es el estado exacto donde el sonido y el espacio se comprenden o confunden. El Sonido del Fin habita en el desierto, carente de objetos (al menos numerables); la sonoridad del disco depende escrupulosamente de la disposición de los objetos en la sala de grabación.

2. El limbo es el estado intermedio entre el original y la copia, aunque todo absolutamente es copia, según nos dicen. Determinar de qué limbo es copia esta novela, o mejor: determinar hacia qué copia o desde qué copia se construye este limbo intermedio.

3. La muerte es doble, gemela, copia; la segunda persona es el hambre. El limbo es el universo paralelo donde habitan tanto el hambre como las almas muertas (y no pienso en Gogol sino en México y sus muertos).

4. La irrealidad es lo incontable; lo determinado es real.
       a) La segunda persona es real (el hambre).
       b) El limbo es irreal.
       c) Los personajes son irreales.
       d) La disposición de los objetos es absolutamente real.
       e) El desierto es irreal.
       f) El vómito es irreal.
       g) El plagio es irreal.
       h) La cita es real.

5. Limbo es una novela teórica y musical (aunque no comparto criterios). Corrijo: Limbo es una novela teórica y sonora.

6. Limbo es una novela sobre Mengele y sus gemelos.

7. La perplejidad es descaradamente real.






lunes, 1 de septiembre de 2014

William Gaddis o la novela wagneriana

William Gaddis, Jota Erre (1975), traducción de Mariano Peyrou, Madrid, Sexto Piso (2013)
http://www.sextopiso.es/5985-jota-erre/

El anillo de los nibelungo empieza con un prólogo: El oro del Rin. Aquí se cuenta cómo Alberich, el enano, roba el oro escondido bajo el agua del Rin y con él construye el anillo que otorga a quien lo posee un inusitado poder. Con el mismo oro se construye un yelmo o máscara que al colocárselo le permite tomar diversas formas por acto de magia.

Con el anillo y su desmedida ambición de riqueza (ya que solo es posible forjarlo si se está dispuesto a renunciar al amor), el enano domina a los de su especie, esos seres de las montañas, que en la mitología se relacionan generalmente con el oro y la muerte y la tecnología y la magia y los instrumentos musicales.


*

¿Jota Erre no es acaso una novela absolutamente wagneriana? No solo por el argumento, también por el recurso del leitmotiv: las palabras o expresiones o interjecciones repetidas de los personajes que permiten identificarlos.

Además, es una novela completamente sonora: una construcción de voces que se elevan y voces que se entrecruzan y luego callan y se interrumpen constantemente unas a otras incluidos también los sonidos de la radio y la televisión. Un artefacto similar al rollo de pianola: colócalo y se ejecutará a la perfección, tal y como el pianista tocó la canción cuando grabó dicho rollo. (No olvidemos que antes de matar al pianista hay que asegurarse de que haga su trabajo.)
"[...] o si las lanzaderas tejieran por sí mismas y los plectros tocaran la cítara por sí mismos, sin una mano que los guiara, entonces, los arquitectos no necesitarían trabajadores y los amos no necesitarían esclavos."

Lo que enseguida me lleva a pensar en aquellos monos borgianos tecleando en una máquina de escribir durante toda la eternidad, y también en el azar y la desaparición de la conciencia de autoría.


Abre el libro y ejecuta la novela y notarás como si tuvieras entre manos un simulacro mágico: parece que el narrador haya desaparecido, solo escuchamos, interpretamos, deducimos. Tomamos la forma de lector-piano: una lectura exigente y satisfactoria para los ambiciosos, para aquellos que como Alberich buscan bajo las aguas literarias el oro del Rin.

Fascinante, también, el recurso para unir todas esas voces. Las suturas son deliciosas: un coche que pasa, una llamada telefónica, un viaje en tren, un encuentro casual nos trasladan de un escenario a otro, de una escena a otra.

*

¿De qué habla la novela?

"Sobre un montón de cosas, es, no se puede saber sobre qué es un libro antes de que esté hecho, sobre eso es cualquier libro que valga la pena leer, solucionar problemas."



"O sea, justo desde el principio, que pensé que era un plan buenísimo pedirle prestado dinero a un banco, cuando descubrí que casi no se puede no pedirles dinero, hasta que ahora tienen como a todo el mundo cogido por los huevos, o sea, ¡lo que tendría que haber hecho es ir a por un banco desde el principio!"




"Dieciséis años, como vivir con un inválido, joder, dieciséis años, cada vez que entras ahí, sentado, esperando, igual que lo dejaste, mueve un palito, ahuecarle la almohada, cortar un párrafo, añadir una frase, darle la mano, joder, pequeña, calentarle la leche, añadir una coma, sales un rato a tomar el aire, paquete de cigarrillos, vuelves, exactamente igual que lo dejaste, ojos te siguen por toda la habitación, mueve su palito, tienes que imaginarte qué coño quiere, ahuecarle la almohada, joder, cambiarle la venda, leer en voz alta, cambiar una oración de sitio, limpiarle la barbilla, otro párrafo, joder, ojos te siguen cuando sales, te quedas una semana, te quedas un mes, todo el año, joder, pensar en otra cosa, joder, los amigos te preguntan cómo va, todos esperan que esté listo para salir algún día, no quieren malas noticias, no hay noticias, mejor que les cuenten mentiras, sonrisa enorme, cualquier día de estos, vas por la calle, joder, hay sol, empiezas a pensar que a lo mejor te lo encuentras, que a lo mejor ya está todo arreglado, has salido solo, vuelves, abres la puerta, joder, exactamente donde lo dejaste..."
 

lunes, 25 de agosto de 2014

Juan Gabriel Vázquez o la construcción de la memoria

Juan Gabriel Vázquez, Las reputaciones, Madrid, Alfaguara (2013)
http://www.alfaguara.com/es/libro/las-reputaciones-5/


Algo acecha: la desmemoria, la desconfianza sobre la construcción de esa memoria, la fragilidad de la reputación.

Al protagonista de esta historia, un caricaturista reconocido, se le presenta un día en casa una joven que pretende recordar lo que pasó una noche puntual. Entre ambos reconstruyen un recuerdo compartido (y por lo tanto, a primera vista, real).
"Qué rara es la memoria: nos permite recordar lo que no hemos vivido."
Sin embargo, no deja de exponerse la duda y el recelo sobre la veracidad de lo acontecido. ¿Se puede narrar la memoria, o mejor, la sospecha de esa memoria? ¿Acaso la memoria no es esclava de la interpretación? La memoria es tan artificiosa como la ficción, y lo mismo puede decirse de la reputación que pende de un hilo.

"Y él pensaba en ese giro curioso, hacer memoria, como si la memoria fuera algo que fabricamos o pudiera conjurarse, a partir de ciertos materiales bien escogidos, con la mera fuerza del trabajo físico."

La reputación de las personas puede extrapolarse: la reputación de las regiones, los países, las comunidades. La reputación trabaja para la opinión pública, que a veces parece que importa.

"Tal vez eso era la reputación: el momento en que una presencia fabrica, para quienes la observan, un precedente ilusorio."

Novela sobre la memoria y reputación, que a ratos se asemeja, en cierta manera, a la ciencia ficción: recordar hacia el futuro o construirlo.

"Para una tribu indígena de Paraguay, o quizás era de Bolivia, el pasado es lo que no vemos ni podemos conocer. El meteorito siempre viene por la espalda, no lo vemos, no podemos verlo. Hay que verlo, verlo venir y hacerse a un lado. Hay que ponerse de cara al futuro. Es muy pobre la memoria que solo funciona hacia atrás."

Aquí Juan Gabriel Vázquez presenta la novela en Casa América:

https://www.youtube.com/watch?v=djdYoybdcFU

lunes, 11 de agosto de 2014

Marcel Schowb y la desaparición de la risa

Marcel Schwob, El deseo de lo único, trad. de Cristian Crusat y Rocío Rosa, Madrid, Páginas de espuma (2012)
http://paginasdeespuma.com/catalogo/el-deseo-de-lo-unico/

Envejecida a veces pero destellante a ratos esta antología de textos críticos de Marcel Schowb, sobre todo para rastrear influencias:

"El auténtico lector crea casi tanto como el autor: solo que aquel construye entre líneas. Quien no sepa leer en el blanco de las páginas jamás será un degustador de libros." (p. 303)


En concreto quería detenerme en un pasaje del que quizá valga la pena adentrarse un poco e imaginar sus implicaciones a largo alcance. Dice Schwob:

"La risa está probablemente destinada a desaparecer. ¿Por qué razón, entre tantas especies animales extinguidas, habría de persistir el tic de una de ellas? Esta ordinaria manifestación física ante la percepción de una cierta desamornía en el mundo se borrará con el escepticismo total, la ciencia absoluta, la piedad general y el respeto por todas las cosas." (p. 205)

¿Desaparecerá el humor en la literatura, en la vida?

En épocas como las de ahora donde apenas si nos permitimos unas risas, la afirmación parece una premonición. Aunque es cierto que el humor suele salvarnos de la desmesura, y donde más abunda la barbarie, el sarcasmo parece funcionar como el mejor antídoto.

Pero si las cosas siguen por derroteros similares y se empecinan en repetirse y se parecen demasiado a ciertas pesadillas de la humanidad, de poco nos servirá el decoro o la mudez o la sonrisa empática. Ya no habrá normas compartidas. Ya no habrá respeto por nada. No habrá de qué reírse, porque la entropía ni siquiera será percibida como tal.

Ojalá quede en broma pesada nomás.

lunes, 4 de agosto de 2014

Ariana Harwicz o instrucciones para leer La débil mental

Ariana Harwicz, La débil mental, Buenos Aires, Mardulce (2014)
http://www.mardulceeditora.com.ar/ficcion.php

Instrucciones para leer La débil mental:

1. Meta la cabeza en un cubo de agua. Aguante. Si es posible, agénciese algún voluntario que le impida levantar la cabeza del agua hasta que usted se ponga verdaderamente violeta (o violento). Siempre hay voluntarios para eso. ¿Suena a tortura? No se inquiete, este es un ejercicio que se practica asiduamente en muchísimos talleres de teatro.

"Qué se puede entender por fuera de esta asfixia."

"Ya no puedo pensar en nada más. Ya no siento mi cerebro mío."

2. Tome aire y siga. El lenguaje sinestésico favorece experiencias únicas. Recuerde usted Las criadas de Jean Genet y rondará bien cerca de estas dos protagonistas desquiciadas y mamíferas en grado sumo. Rememore también Las primas de Aurora Venturini. Son dos animalitas. Perversas también, si no fuera que la perversidad está relacionada con la inteligencia y con la conciencia de esa perversidad.

"Tengo esta manía de embrutecerme."
 "Estoy echada como un mamífero con las orejas lanudas sobre los ojos."


3. Pero no se amedrente: las almas inocentes van al cielo y la prosa es salvaje y linda. 

"Lo escuché con la reverencia y el sobrecogimiento de una débil mental que se nubla y se pierde en mil detalles a su alrededor, una plaga de microbios sobre la explanada."