rumiar la biblioteca

lunes, 23 de febrero de 2015

Onetti suena a tango

Juan Carlos Onetti, La vida breve (1950), Barcelona, Edhasa (1977)

Breve es la vida del escritor, nos dice Onetti, breve pero múltiple. El hacedor gusta de vivir tantas vidas como le permita la imaginación, y de eso trata esta novela, de pequeñas vidas alternas. De alternativas, las que se puedan.

También será breve mi lectura. 
(Lectura: otra forma de vida breve.)

Porque qué más agregar a esas superpuestas vidas breves con sus respectivas mujeres en escenarios paralelos y ya no sabemos cuál es la historia principal y cuál la de ficción:


"Sobre el escritorio, la fotografía estaba entre el tintero y el calendario, las cabezas de los tres representantes sobrinos de la Queca esforzaban sus sonrisas a la espera del momento en que el hombre que me había alquilado la mitad de la oficina -se llamaba Onetti, no sonreía, usaba anteojos, dejaba adivinar que solo podía ser simpático a mujeres fantasiosas o amigos íntimos- se abandonara alguna vez, en el hambre del mediodía o de la tarde, a la estupidez que yo le imaginaba y aceptara el deber de interesarse por ellos."

Onetti viene a explicarnos cómo funciona la cabeza de un escritor y fondo y forma reproducen la idea.

"Un argumento, vamos -había dicho Julio Stein-; algo que se pueda usar, que interese a los idiotas y a los inteligentes, pero no a los demasiado inteligentes."

Por lo demás, su prosa suena a tango y a todo el imaginario rioplatense del tango: garúa, mujer, adulterio, rechazo, asesinato.


lunes, 16 de febrero de 2015

Jorge di Paola / Juan José Manauta

Quería hacer dos post: uno sobre Di Paola y otro sobre Manauta; quería releer los dos ejemplares de cuentos viejos y de papel excesivamente amarillento que andan allí cambiando de balda en mi biblioteca y humedeciéndose, y atemperándose de interrogantes y cierta ranciedad; quería, no faltaba la voluntad, pero la modorra de siesta en pleno invierno desanima a cualquiera.

Diré de Di Paola, quizá el más interesante y simpático: el espejo, el simulacro, la prosa rara, la enfermedad.

"Porque somos incapaces de aseverar, incapaces de negar que nos miramos a un camaleón adosado a nuestro espejo, y que con otro en la navaja nos afeitemos. En ese espejo que se empaña con su propio aliento de camaleón, el desdichado, que solo puede tener su figura cuando otro de su especie se apoya sobre él." ("Camaleón en el espejo")

Diré de Manauta, que parece más prolijo y realista-costumbrista: ahora mismo lo acomodo con Selva Almada.

"Me puse a tomar mate con ella. La Diana es de poco hablar, pero sabe mirar con una tranquilidad en los ojos... por donde se le adivina el hambre y la paciencia que una mujer necesita para aguantarla. Mucha paciencia. Más paciencia que el hombre, porque una mujer piensa tal vez que con el hambre perjudica la descendencia. La Diana callaba (con ese nombre de perra que el Tuco le había puesto), pero sonreía y me miraba tristemente, ajena a toda felicidad, o como diciéndome que ya era una mujer. Le di otra torta frita y ella volvió a arreglar el mate." ("Diana")

lunes, 9 de febrero de 2015

Juan Francisco Ferré o la polisemia

Juan Francisco Ferré, Providence, Barcelona, Anagrama (2009)
http://www.anagrama-ed.es/titulo/NH_463

Algo desquiciante la polisemia de este artefacto o novela del porvenir tejida con motivos entrópicos y deconstruida al ritmo trepidante de una prosa sugestiva y profética y apabullante también, nadie va a negar la desmesura de Ferré. 

Móntatelo tú mismo, como leí por ahí que dice José Luis Amores: Providence es novela que se juega.


"No busque a Providence en Providence. No se moleste, no está ahí. Durante decenios hemos buscado a Providence por todo Providence. Y ahora hemos descubierto que estábamos engañados al actuar así, confundiendo la apariencia de las cosas con las cosas en sí, como nos enseñara el maestro racionalista Immanuel Kant. Hemos confundido fenómenos con esencias, acciones con sustancias, accidentes con seres."

Ejecuto Providence según las sugeridas instrucciones de uso: un videojuego, un guión de cine, un pacto fáustico, un sueño erótico con harén feliniano a lo Ocho y medio, el mito popular del origen de América, una historia de terror lovecraftiana, un remake de Tiburón, un documental macabro sobre la vida de un profesor de cine español, un remake constante de todas las películas a modo de reescritura de la historia del cine, la diseminación de diferentes realidades porque eso es realismo bien entendido, la broma de un adicto-compulsivo o la carcajada de un pícaro demasiado culto que derrocha cinismo y erudición por igual en todos los niveles de lectura que pude adivinar, aunque no ejecutar.

Desbordada he quedado, fascinada. 

Quiero más.

lunes, 2 de febrero de 2015

Lamborghini, Walsh, la violencia y los dinosaurios en la cama

Osvaldo Lamborghini,
El fiord (1969), Barcelona,
Ediciones sin fin (2014)


Dos formas de manifestarse la violencia: la realidad desbordada, en Walsh, que la denuncia o señala; la ficción magnificada y hasta profética en Lamborghini, que la parodia y exubera.
(
A saber cómo se conceptualizará la violencia que sucede ahora.)

Leánse juntos o en conjunto, por ejemplo, El fiord y Operación Masacre y la Argentina de entonces se conforma con salvaje impunidad, al menos desde el punto de vista alejado o quizá también alelado o, mejor, con el imaginario desde el que un hijo de los años setenta ha sido educado.

De El fiord:
"El primer LATIGAZO me arrepolló la oreja izquierda. Perdí toda mi tibieza centrista y grité, grité como un poseso: '¡Arriba los Pobres del Mundo!', y '¡Atrás, Atrás, Chancho Burgués!'. El segundo me incrustó el esternón en la pared del estómago, toda cubierta de musgo. El tercero me arrancó un testículo y vi mi sangre. Con ella regando las baldosas del piso, inicié un desaforado recule en dirección al guerriloto Sebas, quien cuando estuve a su alcance me recibió con una tocadita de upite a modo de aliento y de saludo."

De Operación Masacre:
Rodolfo Walsh, 
Operación Masacre (1957),
Madrid, 451 editores (2008)





"Parece que Rodríguez Moreno estuviera tratando de ganar tiempo. No ha de resultarle muy agradable salir con semejante noche para matar a diez o quince infelices. Personalmente está convencido de que más de la mitad no tienen nada que ver. Y aun los otros le inspiran dudas. Nerviosos partes se cambian entre él y el jefe de Policía que ya ha llegado a La Plata. Las instrucciones son terminantes: fusilarlos. La alternativa: quedar incluido él mismo en la ley marcial. Parece que hasta se habla de mandarle un delegado con tropas."




Y escúchese aquel tema de Charly García, "Los dinosaurios", incluido en Clips modernos (1983), para redondear la idea.




lunes, 26 de enero de 2015

W. H. Hudson: Argentina y otros animales

W. H. Hudson, Allá lejos y tiempo atrás (1918), traducción de Miguel Temprano García, Barcelona, Acantilado (2004)
http://www.acantilado.es/catalogo/all-lejos-y-tiempo-atrs-84.htm

A propósito de las construcciones literarias e identitarias de un país, en general, y de Argentina, en concreto, cito aquí un párrafo de este delicioso libro de memorias del ornitólogo y escritor Guillermo Enrique Hudson, nacido en Argentina en 1841, quien se consideró a sí mismo inglés sin atisbo de duda en ningún momento de su existencia y que llama "nativas" a las muchachas nacidas en ese mismo territorio que lo vio nacer a él (con independencia de su origen español, indígena o negro).


"Los primeros colonos que construyeron sus casas en aquel inmenso espacio vacío que llamamos la pampa procedían de un país en el que la gente tiene la costumbre de sentarse a la sombra de los árboles, el cereal, el vino y el aceite se consideran imprescindibles y se cultivan hortalizas en el jardín. Era natural que plantaran árboles y jardines, tanto por la sombra como por su frutos, allí donde construían sus casas en la pampa, y no hay duda de que, durante dos o tres generaciones, trataron de vivir igual que en las zonas rurales de España. Pero ahora su principal preocupación era la cría de ganado y, como los animales pastaban libres por las interminables llanuras y parecían más bien bestias salvajes que domésticas, su vida transcurría a lomos de un caballo. Ya no podían cavar o arar la tierra, ni proteger sus cosechas de los insectos y los pájaros o incluso de sus propios animales, así que dejaron a un lado el pan, el vino y el aceite y comenzaron a alimentarse solo de carne. Se sentaban a la sombra de los árboles plantados por sus padres o bisabuelos y comían sus frutos hasta que los árboles morían de viejos o los derribaba el viento o el ganado, y entonces acabaron la sombra y la fruta. / De este modo, los colonos españoles de la pampa se fueron transformando de un pueblo agrícola en uno exclusivamente pastoril y cazador. Más tarde, cuando se sacudieron de encima lo que llamaban el 'yugo hispánico', las continuas guerras y degollinas entre las diversas facciones, que fueron como las guerras entre los cuervos y las urracas salvo que se emplearon cuchillos en lugar de picos, los reafirmaron y hundieron aún más en su modo de vida bárbaro y salvaje."

¡Pero si esos son los gauchos! ¡Ex españoles vagos, carnívoros y salvajes! ¡Bárbaros de los que Sarmiento se encargará en cuanto pueda!

En fin, el libro es maravilloso y feliz, y al leerlo recordé la misma sensación de libertad y simpatía que me produjo la Grecia de Gerald Durrell en Mi familia y otros animales.

lunes, 19 de enero de 2015

Sadkó o la leyenda del músico sin trabajo

Ilyá Repin,
Sadkó en el reino subacuático

En mi segundo y último viaje de visita a Rusia allá por el 2011, en concreto, Sarátov, quiso la casualidad que en el teatro de ópera de la ciudad se estuviera representando la obra de Rimski-Kórsakov que por entonces me interesaba sobremanera y a la que asistí sin dudarlo: Sadkó.
El mito (o leyenda) de Sadkó es uno de los más antiguos mitos eslavos, según nos cuenta Vladímir Propp, un mito de boda, por un lado, y de abandono de la religión pagana en beneficio de la cristiana, por otro. Además, es una leyenda donde el realismo es desbordante: el músico Sadkó, tañedor del gusli (algo parecido a una cítara), se ve obligado a abandonar la música porque el arte ha dejado de constituir un valor. 
¿Cómo sobrevivir en ese nuevo mundo? Sadkó se dedica a los negocios y se enriquece considerablemente. Sin embargo, aquello no ocurre sin la ayuda del zar del mar, una especie de Poseidón eslavo, que más tarde exigirá la devolución de ese favor. Huelga decir que la cosa termina bien porque al final aparece un santo y se evita una tentación.

El área de la ópera, "La canción del mercader indio", bastante popular en Rusia, forma parte de una de las escenas de comercio. Adoro esta versión de Rosa Ponselle:


 
Aquí el maridaje con Orfeo,
una preciosa antología no venal
de García Gual y Hernández de la Fuente

Cierto que Sadkó comparte con Orfeo muchas cosas: las más llamativas sean quizá, por un lado, el arte de la música y el poder de su encanto como arma ante los elementos, y, por otro, la capacidad de transitar entre diferentes mundos. Sin embargo Sadkó viene a ser como su hermano pragmático y más humano en tantos otros sentidos: en el realismo de un mundo aquejado por el dinero, en el espejismo del amor, en la capacidad de transformarse y evitar tentaciones que suelen desembocar en tragedia.






Aquí una simpática versión: