rumiar la biblioteca

lunes, 28 de julio de 2014

Sueños: Fogwill, Perec y el asunto de la música

Fogwill, La gran ventana de los sueños,
Madrid, Alfaguara, 2013
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¿Los sueños son originales? ¿Acaso no participan de lo que Jung llamó el inconsciente colectivo y la simbología de la cultura? De no exisitir imágenes oníricas y simbólicas recurrentes, Freud no hubiese prosperado lo más mínimo, ni tampoco llamaríamos sueño a eso porque seríamos incapaces de recordarlo y hasta narrarlo una vez despiertos.

De modo que a simple vista hasta los sueños tienen su propia tradición, de la que es imposible escabullirse, porque también ellos responden al discurso y son interpretables. 


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Dice Fogwill en la introducción a La gran ventana de los sueños:
"Cualquiera y a mí me ha sucedido puede volver a escribir o a reescribir la obra de otro, pero nadie podrá resoñar tus sueños ni soñar los tuyos con tu propio estilo de soñar, o de escuchar tus sueños."
Acto seguido, estiré la mano y agarré La cámara oscura de Georges Perec, con ánimo de comprobarlo. Para empezar, no hay más que atender un instante a ambos títulos y notarlos contrapuestos. Pero quería detenerme en otro ejemplo de lo que el mismo Fogwill llamaría originalidad en la dimensión de los sueños y que podemos titular "El asunto de la música".

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El asunto de la música

Georges Perec, La cámara oscura (1973),
trad. de Mercedes Cebrián, Madrid,
Impedimenta, 2010
"La música es la única de las artes que no parece manifestarse en sueños. No se sueñan músicas. Al parecer los músicos suelen soñar respuestas a problemas musicales. Alguien dice haber compuesto una fuga en sueños, pero no hay testimonios de músicos y melómanos que hayan escuchado en sus sueños una melodía ni un ritmo." Fogwill

"P. canta. / Canta notablemente bien. Es una canción de estilo realista, pero muy conmovedora. / [...] Le pregunto cómo se las ha arreglado para tener coros que la acompañen al final de la canción. Me dice que eso se hizo en la grabación y me detalla el nombre del sistema algo como 'video-tape' empleado. / Ella iba cantando por la calle, y la gente incluso se giraba para escucharla, aunque de todos modos tenía acompañamiento, como en un disco." Perec
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Más allá de la anécdota o chiste, son dos curiosos compendios de sueños, lectura ligera y hasta despreocupada, si se quiere, propia del verano. Para compaginar con vídeos:














lunes, 21 de julio de 2014

La novela deejay II

Si imaginamos un destino de la literatura similar al destino de la música, en el sentido en el que hoy aplaudimos y celebramos y adoramos al deejay como si de una estrella de rock o de un concertista virtuoso o de un afamado compositor se tratara, y celebramos su trabajo, es decir, el de poner discos, como arte, o mejor dicho, celebramos su collage y su mixtura y su capacidad de navegar por el tiempo y la tradición, de hacer tremolar el tiempo sobre diferentes bases, y extrapolamos el fenómeno al libro, o mejor, al libro electrónico, y pensamos que el escritor dejará de ser ese juntapalabras o el que busca estilo y construye una escritura, y que su función se habrá desplazado hacia un diseñador-maquetador con talento, con conocimientos de programador, que fabrique collages y corta-pegas y links de navegación por las grandes obras de todos los tiempos y aplaudamos su trabajo, lo celebremos como gran hacedor de los tiempos por venir, y colaboremos para que pueda ganarse la vida con mucha mayor soltura que un escritor, porque tal y como dicen algunos, y no sin razón, con semejante tradición para qué escribir o reescribir, o contestar y dialogar con esa tradición, quizá sea suficiente con manipularla y fragmentarla y servirnos de ella para contar la historia que queramos, para seguir ejecutando el hecho literario.

Por ejemplo, yo podría continuar con el montaje de una autobiografía in progress, que ya comenzara con el post La novela deejay, utilizando algunas frases de La vida instrucciones de uso de Georges Perec. Allí se menciona a quien fuera uno de mis tío-abuelos, Joseph Nieto, nacido en 1934 fortuitamente en Paraguay, después de un parto complicado, afincado en Mendoza con su familia y, más tarde, huido a Europa con apenas diecinueve años donde encuentra mujer y trabajo. Las causas de la repentina desaparición de José Nieto del territorio argentino siguen siendo un misterio cuando no una broma: por motivos políticos, piensan algunos, por persecusión de la ley, alegan otros, como si en tantos casos no fuera la misma cosa. La figura del tío José, como se lo conocía en la intimidad, era referida de tanto en tanto cuando las cosas se ponían fuleras: "Habrá que hacer la del tío José", decían, y preparaban las maletas. Sin embargo, ni siquiera las generaciones inmediatamente posteriores lo conocieron en persona.

Huelga decir que un diseñador o un maquetador competente y creativo convertiría esta fotografía en producto bien diferente y sobre todo atractivo y estimulante y reverberante para las nuevas generaciones:





lunes, 14 de julio de 2014

Elvira Navarro y el desbarajuste

Elvira Navarro, La trabajadora, Barcelona, Literatura Random House (2014)
http://www.megustaleer.com/ficha/RH28061/la-trabajadora

Una correctora freelance alquila una habitación de su piso para llegar a final de mes. La inquilina, una rubia de proporciones nórdicas, se le antoja a la correctora algo inquietante. No sabemos quién de las dos está loca, quizá ambas, porque nos topamos con medicación a cada vuelta de página. Huelga decir que la situación general es sumamente precaria.
Del narrador desconfiamos desde la primera línea porque abundan los juegos metaliterarios, los desbarajustes y la proyección.


Diría que el libro cobra textura en cuanto se pone de manifiesto el gran desbarajuste, o mejor, cuando la desfigurada percepción de la realidad es explicada a partir de ciertos mapas de la ciudad en los que, a la manera de un collage, se ha cambiado deliberadamente de lugar algunos edificios o señas de identidad: plazas, carteles, monumentos. De modo que el mapa es a la vez identificado y desconocido, como un doble, como las dos siniestras compañeras de piso.

"Durante el tiempo en que los estuve mirando, mientras constestaba a las preguntas de mi inquilina sobre cuál era el mejor, pensé que aquellas composiciones no eran inocentes, ni habían salido de la cabeza de Susana, sino que copiaban algo ambiental. Cuando subimos al metro, mi inquilina volvió a sacar los mapas de la carpeta y a escrutarlos, y a mí me pareció que se fundían con el aire."
A saber si la ciudad entera, y con ella sus habitantes, no han enloquecido por completo, no están sufriendo un ataque de pánico colectivo. Porque la ciudad por donde la protagonista pasea se asemeja demasiado al Madrid de los mapas-collage.

"Todo era como siempre, si bien lo que se desplegaba ante mí no parecía la ciudad que veía a diario, sino los planos de Susana, que creí habitados de manera subrepticia, y que ahora que la ciudad se descubría como otra cobraban sentido. No habría podido precisar en qué consistía esa otredad, pero me resultaba obvio que la tenía delante, que crecía y conspiraba contra mí."

  

lunes, 7 de julio de 2014

Antonio Orejudo o el adolescente está soñando

Anronio Orejudo,
Ventajas de viajar en tren (2000),

Barcelona, Tusquets, 2011
Sueños de adolescentes españoles chanantes y delirantes, sueño también del profesor universitario de literatura, o más que sueño, pesadilla y todo eso que te cuento sin venir a cuento, porque no hay sino sorpresas de una prosa ligera y al tiempo rítmica y sofisticada.

Cercano a Copi, Aira, Guebel y hasta a Laiseca y Levrero, de narrativa onírica y osada, en búsqueda constante de provocar al lector: asco, miedo, indignación, risa, desorientación, excitación. Tampoco pierde tanto el hilo de la narración, y eso es celebrable. Hilarante, pues, y al tiempo metaficcional: nunca olvida desnudar el pacto de ficción, y de paso algunos artefactos del varón.   

La narrativa de Antonio Orejudo puede resumirse con una cita de Ventajas de viajar en tren:
"Y todo eso, que en el tren le había parecido extraordinario, pero posible, verosímil y hasta divertido, sintió que se iba convirtiendo conforme ella lo relataba en una cómica sucesión de disparates, como esos sucesos perturbadores, como esas ideas geniales que se nos ocurren en sueños, y que al verbalizarlas se diluyen en el aire o dejan al descubierto su condición de gilipollez."

Antonio Orejudo,
Un momento de descanso,

Barcelona, Tusquets, 2011
Pero es denuncia también, porque el delirio no deja de cumplir una función social (y por eso enredo a Laiseca y su realismo delirante) que le da la vuelta a la realidad como un guante de látex, de látex o, bueno, ya me entienden, con tanta pornografía me obsesiono, pero este otro libro además de sexo habla de la universidad y de la corrupción y de las injusticias aunque con impecable sentido del humor, cosa que no deja de ser valiente, por otro lado, por el lado de la honestidad. Y también de la imaginación y la mentira, herramientas de todo escritor:

"Aunque eso me atormentó durante algún tiempo, al final comprendí que obsesionarse con distinguir nítidamente entre realidad e imaginación era un error operativo y conceptual que además conducía a la neurosis. Entendí que era más razonable -y también más exacto- considerar que la imaginación es un sexto sentido, tan fidedigno o engañoso como los demás. Al fin y al cabo, la vista también nos juega a veces malas pasadas. Hasta la razón nos resulta en ocasiones poco fiable, sin que por ello desconfiemos por principio de nuestros análisis o nos arrepintamos de tener circunvoluciones cerebrales."
Os dejo un vídeo (cortesía de Librerías Gandhi) con una breve entrevista:

lunes, 30 de junio de 2014

Constantino Bértolo y el grado cero de la crítica

Constantino Bértolo, La cena de los notables, Cáceres, Periférica (2008)
http://www.editorialperiferica.com/?s=catalogo&l=30

Ameno y juicioso recorrido por la noción de lectura y crítica el que propone Constantino Bértolo, del que quiero detenerme en un concepto iluminador, el de "grado cero de la lectura":

"Es el tipo de lectura que se explicita en frases como 'Leo para olvidarme de todo', 'Prefiero libros que no me hagan pensar mucho', o 'Quiero algo ligerito para leer en la playa', y que directamente se relacionan con enunciados como 'La leí de un tirón', 'Te atrapa desde el principio', 'Una lectura apasionante' o el tan socorrido 'enganche'. / Una lectura semejante presupone una urdimbre lectora plana, el grado cero de la lectura, que delata no tanto una atrofia de los aspectos antes señalados como una conformidad pasiva con la conciencia dominante y una acomodación a la literatura entendida como lenguaje aséptico y neutro, mero vehículo de transmisión de historias entretenidas. Ni que decir tiene que tal adecuación responde a una visión de la realidad en la que el individuo es contemplado como una unidad autosuficiente, ajena a cualquier tipo de influencia o interferencia proviniente de un 'exterior' que se vive como amenaza contaminante."
Recordemos que Roland Barthes definía "el grado cero de la escritura" como aquella capacidad del lenguaje literario de tornarse neutro, blanco, desgajarse de lo que hasta entonces se entendía por literario, por estilo literario, un estilo periodístico, si por periodístico entendemos lo más próximo a la objetividad, y del que Camus con El extranjero, en opinión de Barthes, es representante. Un lenguaje, sin embargo, que no deja de ser constructo y que a poco que se inserte en el canon, se convierte en otro tipo de estilo literario que, por otra parte, no ha dejado de practicarse.

Lo que me ha llevado a rumiar si aquel grado cero de lectura definido por Bértolo pero llevado hasta la pureza absoluta pueda convertirse, si no lo ha hecho ya, en cierto tipo de lectura crítica, a poco que se practique de forma pública, una crítica neutra, blanca, objetiva pero entretenida, que atrape desde la primera frase, un discurso que no incida ni publicite ni se contamine de subjetividad ni de juicios de valor ni de contradicciones y que se presente a sí misma como verdaderamente ingenua.

Un estilo de crítica: ¿El grado cero de la crítica?

lunes, 23 de junio de 2014

Gonzalo Torné o Barcelona en suspenso

Gonzalo Torné, Divorcio en el aire, Barcelona, Literatura Random House (2013)
http://www.megustaleer.com/ficha/GM27293/divorcio-en-el-aire

El cascarrabias cínico Joan-Marc ha tomado la palabra, prototipo algo exagerado del catalancito burgués inútil hijo de papá (qué hacemos sin papá, por qué me abandonaste), los que espían correos y teléfonos ajenos, los que desprecian ciertos barrios de la ciudad, los que valoran el hablar francés con buen acento, los que tratan con condescendencia a los extranjeros, los que despellejan a sus rivales, los que detestan a los viejos: y la vejez, esa evidencia que acecha, y la enfermedad, eso de lo que tomamos conciencia cuando estamos a punto de pisar la cuarentena: el miedo a lo inevitable, la certeza de que ya no puede arreglarse.

"¿Qué podía recomendarle a aquel pobre tonto? No conozco ningún paliativo contra el paso de los años ni para tantas cosas hermosas que han muerto arrastradas por el flujo de la vida corriente: horas y horas de indescriptible vulgaridad. Tampoco podía convencerle de que en términos generales este asunto tan delicado de vivir fuese a mejorar: la edad se las arregla para descubrirnos peores perspectivas sobre nosotros."

Ritmo trepidante y a la vez reflexivo, como olas, como loops que ralentizan pero al tiempo completan y redondean y por fortuna terminan regresando a la historia principal, al divorcio que está por tener lugar, y todo eso sin un respiro, algo parecido aunque discursivo y lineal (qué remedio tratándose de un libro) a cómo transcurre el pensamiento, al menos a cómo creemos que podemos plasmar eso que llamamos reflexión, el encadenamiento de ideas, la imagen que despierta el recuerdo de otra similar, pero todo ese deambular por la conciencia (o la experiencia) tiene un sentido: la justificación de cómo se ha llegado a eso.

Me ha sorprendido Torné con ese complejo y detallista retrato del prototipo y del hábitat construido con frases elaboradas donde la ironía nunca falta, y la ambición por representar la condición humana a lo realismo judío norteamericano que tan bien casa con la idiosincrasia del catalán: el hombre venido a menos, el hombre con miedo, el desconcertado por el mundo y sus semejantes, el fracasado y sobre todo desilusionado que reclama a gritos: ¿por qué nadie me explicó cómo iba esto?

Confieso que conmueve como una novela de Bellow.

"¿Cuál es la frecuencia en la que los confusos relatos que avanzan por su propio carril cristalizan en una visión amable para las personas que importan, para no dejar una sola fuera de los círculos misteriosos de la amabilidad? No lo sabes, claro, nadie lo sabe, pero creo que así es como vivimos, empujados por una inercia oscura a separarnos de nosotros mismos, y nadie puede restituir nada, lo que pasó está roto, lo que se rompió no puede volver a juntarse."