rumiar la biblioteca

lunes, 14 de abril de 2014

Damián Tabarovsky y la paradoja

Damián Tabarovsky, Una belleza vulgar, Barcelona, Caballo de Troya (2011)
http://www.megustaleer.com/ficha/CT94807/una-belleza-vulgar

Esto es una broma, dice Tabarovsky, una hoja de plátano que cae al vaivén del viento, y mientras cae se describe la ciudad, los edificios, los vecinos que habitan la calle Thames. Prohíbete narrar y apáñate con el resto: hiperdescribe o hiperreflexiona, y evita enlazar historias.

Eso suena a monsieur Teste, a instrucciones de uso, a hoja sin atributos. Eso suena a tentación de alegoría: la ciudad es el texto, la hoja es la Literatura, el viento es la inercia de seguir leyendo. Pero no, nos advierte Tabarovsky, "El relato de la hojita es el relato sin metáfora. Es la historia literal. La historia porque sí. Y nada de lo que dice, dice otra cosa". Olvídalo, piensa en la hoja.

Sigue a la hoja, me ordeno, pero en mi rumiar se transforma en otra cosa: la tentación de la hiperinterpretación. Porque este texto se sostiene siempre y cuando construyamos o al menos nos veamos seducidos por lo hacedor: déjame hilvanar otro texto-lectura a mi antojo. ¿Una historia de la literatura por capítulos? Qué vicio. Pero tú sigue la hoja, me repito, ahora me obligo, y recuerda la literatura de izquierda, la que sabe que puede fracasar.

"Quizá haya que inventar una literatura y un arte que creen novedad no como una ruptura que borra las huellas del pasado, sino como la introducción de paradojas en los discursos existentes, en el discurso del presente. Una política literaria de vanguardia podría ser esta: encontrar paradojas allí donde no se ven, introducirlas allí donde no están."

Más que de la hoja, aquí se habla del viento: la rutina de seguir leyendo, el movimiento.





lunes, 7 de abril de 2014

Salvador Benesdra o la novela esquizofrénica

Salvador Benesdra, El traductor (1998), Buenos Aires, Eterna Cadencia (2012)
http://blog.eternacadencia.com.ar/archives/2012/25871

Novela de dualidades y paralelismos, El traductor se detiene allí donde el análisis de la realidad internacional puede reflejarse perfectamente en lo cotidiano y se pliega también hasta alcanzar nuestros días o, mejor: se revela inquietantemente de actualidad, cuando los enfrentamientos "a la guerra fría", y sobre todo el discurso "a la guerra fría", vuelven a desplegarse, aunque en los días que corren ambos polos practican exactamente el mismo sistema de organización social.

Empieza la década de los noventa; la URSS se derrumba. A Ricardo Zevi, traductor en planta de Turba, una editorial de izquierda, le encargan traducir a un filósofo liberal con ideas como esta:

"No fue la democracia lo que impidió desde 1945 el mantenimiento de una sociedad más jerarquizada en Europa, sino la supervivencia en las masas de sueños igualitaristas estúpidos que el supuesto desarrollo de la URSS caucionaba."

Y parece que la editorial, acorde a los tiempos que corren, necesita "reestructuración", al igual que la Unión Soviética. Perestroika! 

"La izquierda toda, desde los talmudistas del troskismo hasta los más tibios socialdemócratas, veía o mejor dicho trataba de ver cómo desaparecían piedra a piedra bajo sus pies los últimos vestigios que quedaban de lo que alguna vez había sido su mundo, su civilización, su cultura o su cimiento vergonzante y clandestino. La última catedral de la religión atea del socialismo parecía llevarse en su derrumbe hasta el último testimonio de que la izquierda había sido alguna vez una realidad, defectuosa como un mundo, malvada como un gulag, vigente como una piedra."

Pero también es novela esquizofrénica, por la mirada distorsionada del protagonista y de la que por momentos desconfiamos. Y al tiempo novela de pares opuestos, a lo doctor Jekyll y mister Hyde, porque ese traductor izquierdista practica de puertas adentro la más abyecta de las esclavitudes con su propia compañera: relación sadomasoquista, "malvada como un gulag", dominante y tópica, repleta de las más degradantes fantasías del varón.

De prosa filosa, aunque algo panfletaria, bien estructurada, seductora y con bastante sentido del humor, expone la ambigüedad mediante un realismo del que por momentos también recelamos: bomba de puertas afuera; gangrena en el interior.




lunes, 24 de marzo de 2014

Alejandra Pizarnik y Roland Barthes

Roland Barthes, El placer del texto (1973),
trad. de José Miguel Marinas,
Madrid, Siglo XXI (2007)
"Con el escritor de gozo (y su lector) comienza el texto insostenible, el texto imposible. Este texto está fuera del placer, fuera de la crítica, salvo que sea alcanzado por otro texto de gozo: no se puede hablar 'del' texto, solo se puede hablar 'en' él, a su manera, entrar en un plagio desenfrenado, afirmar histéricamente el vacío de gozo (y no repetir obsesivamente la letra del placer)."
 
Roland Barthes








Alejandra Pizarnik,
Poesía completa, Barcelona,
Lumen (2000)


el centro
de un poema
                       es otro poema
el centro del centro
                       es la ausencia

en el centro de la ausencia
mi sombra es el centro
del centro del poema

Alejandra Pizarnik

lunes, 17 de marzo de 2014

Jeffrey Eugenides o el amor cultural

Jeffrey Eugenides, La trama nupcial (2011), traducción de Jesús Zulaika, Barcelona, Anagrama (2013)
http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_828

¿Cómo elaborar una trama nupcial en la actualidad?, se pregunta esta novela, ¿cómo hacerlo cuando ha dejado ya de plantear conflictos?

"Las grandes epopeyas cantaban la guerra; la novela, el matrimonio. La igualdad sexual, buena para las mujeres, había sido mala para la novela. Y el divorcio la había desbaratado por completo. ¿Qué importaba con quién se casaba Emma si luego podía presentar una demanda de divorcio? ¿Cómo se habría visto afectado el matrimonio de Isabel Archer con Gilbert Osmond si hubiera existido un acuerdo prenupcial? En opinión de Saunders, el matrimonio ya no significaba gran cosa, y la novela tampoco. ¿Dónde podía uno encontrar hoy día una trama nupcial? En ninguna parte. Tendría que recurrir a la narrativa del pasado. Tendría que leer novelas no occidentales sobre sociedades tradicionales. Novelas afganas, novelas indias. En lo que se refiere a la literatura, tendría que retroceder en el tiempo."

¿Quizá proponiendo una alternativa de final o narrándonos las elucubraciones del varón? ¿Quizá aprovechándose e ironizando o parodiando las novelas romántico-eróticas y comerciales y vendidas en todos los aeropuertos y leídas por muchísimas mujeres? ¿O apelando a los estudios literarios y deconstructivos de la trama nupcial y del amor como discurso amoroso, como construcción cultural?

Para qué volver a contar la historia de lo rancio del amor, de lo tópico y naif. ¿Se trata de un homenaje a la novela decimonónica? ¿O más bien alude al hecho antropológico del asunto, a que la cultura sigue celebrando y afirmando el amor a pesar de todo?

¿Dónde está el conflicto en esta novela?

"Si utilizabas la cabeza, si llegabas a ser consciente de cómo el amor ha sido construido culturalmente y empiezas a ver sus síntomas como puramente mentales, si reconoces que estar 'enamorado' es solo una idea, entonces quizá puedas liberarte de la tiranía del amor. Madeleine sabía todo esto. El problema era que no funcionaba. Podía leer las deconstrucciones del amor de Barthes durante todo el día sin que su amor por Leonard disminuyera lo más mínimo. Cuanto más leía El discurso amoroso, más enamorada se sentía."




lunes, 10 de marzo de 2014

Pola Oloixarac o narrar teorías

Pola Oloixarac, Las teorías salvajes (2008), Barcelona, Alpha Decay (2010)
http://www.alphadecay.org/libro/las-teorias-salvajes

¿Narrar teorías?, me pregunto ante este texto ecléctico y a primera vista caótico y abundante en sentencias y referencias antropológicas y filosóficas y teóricas y bibliográficas, donde la narración apenas si ocupa lugar, la narración a secas, la narracioncita, diría Oloixarac, o quizá este narrador que se sirve con demasiada frecuencia del diminutivo, que parece mirarlo todo con una lupa a la inversa.

Narrar teorías y narrar la historia, o al menos una visión crítica de la historia argentina y de la intelligentsia argentina, la que participó en la revolución.

Pero sobre todo narrar y escenificar una original teoría de la presa como justificación y desarrollo de la violencia, aplicable al miedo, la política y la seducción:

"La teoría de las Transmisiones Yoicas podía organizarse en torno a un 'trauma infantil' de la especie, una experiencia primordial reprimida: las persecuciones sufridas por los primeros homínidos pervivían grabadas en un fondo latente de la especie; estas viviencias habían influido en la evolución del cerebro y, con ello, en la organización de la cultura como celebración del pasaje de presa a predador (para Fischer, la existencia del miedo como fenómeno mental organizaba la evolución física del cerebro); este trauma primordial que no nacía de ser asesinos, como venía de escribir Freud en Tótem y tabú, sino presas explicaba la fascinación humana por convertirse en predadores, el instinto de la guerra, el talento para la violencia."





lunes, 3 de marzo de 2014

La camarera de Artaud: bonus track


A punto de viajar a la Villa del Libro tres años después de la publicación de La camarera de Artaud, despliego mis apuntes y retazos sueltos y desaprovechados, los hilos cortados de la narración, el cajón de recuerdos de cuando mi primera novela andaba en gestación, y doy con uno de ellos que reproduzco más abajo a modo de bonus track. 

Y también pienso en esa lectura que todavía anhelo, en ese lector que también soy yo y que la impaciencia del rumiar me ha arrebatado: La camarera de Artaud es sobre todas las cosas una biografía de Artaud encubierta, o para ser más precisa, una especie de introyección o identificación de la protagonista con ciertos aspectos de la biografía de Artaud. 

Bonus track o hilo deshilachado

Y cuando creía que estaba a punto de llegar, oí las voces gruesas de esos muchachos y deduje que había caminado en círculos. Me tumbé en el suelo y me camuflé con la vegetación. Con ellos estaba el granjero que más tarde reconocería como amigo de Philippe. Llevaba una linterna de mano y alumbraba al suelo y poco después vi que el de la escopeta y Benoît desenterraban una caja de madera y se pasaban unos a otros ciertos objetos que no alcancé a distinguir. Era evidente que andaban en cosas raras. La curiosidad era tan grande que en cuanto vi que se marchaban adentrándose en el bosque, los seguí a un par de metros de distancia. Media hora de camino nos separaba de la pequeña granja del hombre de la barriga. Entraron en un cobertizo que estaba junto a la casa sin encender la luz. Aquello me permitió acercarme hasta una de las ventanas y espiar lo que estaban haciendo. Se habían sentado en ronda y el del pañuelo sostenía una vela. Estaban mirando unos papeles impresos que no pude llegar a leer. El de la escopeta, que se la había quitado de la espalda y la había apoyado en una silla desvencijada, estaba eufórico y felicitó al señor de la barriga. Éste se puso de pie y apartó unas cuantas cajas con huevos, otras de cartón que parecían vacías porque las levantó con una sola mano, algunos trapos sucios y, por fin, descubrió la máquina en cuestión. Enseguida comenzó a explicarles el funcionamiento de aquella pequeña imprenta clandestina, a juzgar por sus grandilocuentes movimientos de manos y la extrema atención de los demás. Benoît fue el primero en probarla. Los otros seguían pasándose la cantimplora de vino rancio porque aquello había que festejarlo. La máquina hacía un ruido tremendo, pero no parecía importarles. En cuanto el del pañuelo comenzó a leer, sentí una nariz húmeda primero y al instante una lengua áspera en mi rodilla. Perrito, perrito, dije susurrando, y le acaricié la cabeza. Movía la cola y me empujaba con el hocico invitándome a jugar. Cogí una rama seca y la lancé lejos para que el perro fuera a buscarla y aproveché que se alejaba para salir corriendo a toda velocidad.