¿Yo sé lo que quiero decir sobre La historia de mis dientes sobre Valeria Luiselli sobre las ganas que tengo ahora de leer Los ingrávidos, por ejemplo? No, no sé, y visité al subastador de posts con mucha esperanza pero poca billetera abultada, de modo que así me quedé, sin palabras. Con dientes pero sin palabras. ¿Esto es una broma? Un libro para sala de dentistas. Una historia hilarante, una biografía donde el desparpajo y la alucinación y el absurdo se despliegan en complejos sistemas de citas que el lector sigue a la perfección, sin confundirse ni equivocarse.
¿Se acuerdan de aquella historia de Cortázar del vendedor de frases? Cuento sin moraleja. Aquí también se subastan muchísimas cosas: dientes, anécdotas, paradojas, etcéteras. Y una personalísima historia de la lectura, de redes literarias e influencias infames.
Comencé a leer y enseguida se desplegó mi propio mapa de sinapsis: 1. Laurence Sterne / Machado de Assís 2. Emma Reyes / Aurora Venturini / Hebe Uhart Y cito solo a estos porque ni leí tanto ni en el libro son nombrados.
Aunque todo lo nombrado revela un gusto exquisito y un sentido del humor afilado. Escribe a lo vampiro, Luiselli, y supongo que esos colmillos prometen más banquetes. Banquetes a los que también invita a sus coetáneos.
Javier Serena, Atila, Zaragoza, Tropo editores (2014) http://www.tropoeditores.com/ Atila fue un guerrero huno insobornable. Aliocha Coll se obsesionó con la imposibilidad.
*
El narrador de esta novela acompaña a Aliocha Coll durante los tres últimos años de vida, exiliado en París, "extranjero entre los vivos", donde lleva una existencia penosa. Los mismos años que tarda en escribir su última novela Atila y suicidarse. Nada le atrae menos que el éxito en cualquier cosa imaginable, excepto tal vez en repudiar a su clase (leitmotiv de la burguesía) y empeñarse en fracasar.
"—No tiene solución —dictaminó, ya camino del avión, desconcertado por las reacciones de mi amigo—. Es como si en medio de un naufragio se hubiera atado a uno de los mástiles de la nave y espantara a gritos a los que se acercaran con la intención de liberarlo."
*
Prosa elegante la de Javier Serena; para mi gusto un poco falta de sentido del humor. Acorde quizá con ese sentimiento romántico y trágico tan desnortado como el mismo protagonista.
"Le decía que actuara como yo, sin exponerse al fracaso ni a la carcajada, que buscara un oficio respetable y bien remunerado, que la fábula del artista pobre y sin reconocimiento era un mito del pasado y que todos los escritores que él había conocido vestían siempre ropa nueva y vivían en barrios acomodados."
Sorpresa la de pensar en la música romántica alemana como en un continuum donde aquellos músicos de todos conocidos parecen relacionarse unos con otros ya sea porque son familiares o discípulos o contrincantes.
De modo que asistimos a algo parecido a un recital de lieder atormentados, o mejor: a las confesiones de los grandes compositores cuando todo ha sucedido ya y no queda sino el reproche y el arrepentimiento. Nótese (y quizá se trate del punto débil) que apenas hay variación entre una voz y otra aunque podría argumentarse que todos comparten el espíritu de la época: sturm und drang.
Aquí un lied de Schubert basado en un poema de Goethe (al parecer uno de los más difíciles de interpretar para un cantante):
La Música de la Memoria reúne un conjunto de monólogos apasionados que funcionan muy bien, a mi parecer, desde el punto de vista didáctico: una guía de la música romántica alemana que por fortuna ha incorporado una extensa y minuciosa playlist que hará las delicias de entendidos y aficionados.
Leila Guerriero, Zona de obras, Madrid, Círculo de tiza (2014) http://circulodetiza.es/autores/ Interesante la voz prístina y arrabalera de Leila Guerriero en este recopilatorio de artículos y conferencias relacionados con el periodismo narrativo, la crónica latinoamericana y sus aledaños.
"La primera cosa que pensé cuando me invitaron a dar esta conferencia fue aquella frase del director de cine François Truffaut que decía no haber conocido a nadie que, de niño, haya querido ser crítico de cine. La segunda cosa en la que pensé fue en que, tan difícil como encontrar a alguien que, de niño, haya querido ser crítico de cine es encontrar a alguien que, de niño, haya querido ser periodista cultural. La tercera cosa en la que pensé fue una frase, y esa frase fue: 'El periodismo cultural no existe'. La cuarta cosa en la que pensé fue un comentario a todo lo anterior. Ese comentario fue: qué suerte." ("El periodismo cultural no existe, o los calcetines del pianista")
En todo el libro sobrevuela la pregunta sobre el hecho de escribir y la dificultad de hacerlo o las pocas ganas de "encerrarse para hacerlo", pero donde mejor y de forma más contundente se plantea el asunto es en el brillante texto "Listas", en el que enumera qué ayuda y qué no ayuda a escribir. Me dentengo en algunos casos del NO que me resultan familiares:
"No tener nada que hacer no ayuda a escribir." "Tener miedo no ayuda a escribir." "Que sea domingo -o feriado- no ayuda a escribir." "Mirar fotos viejas no ayuda a escribir". "Regresar no ayuda a escribir."
Guerriero también podría haber dicho: Naturalmente preferiría no escribir, aunque nadie puede negar que Bartleby ayuda a escribir.
Gabriela Cabezón Cámara, Romance de la Negra Rubia, Buenos Aires, Eterna Cadencia (2014) http://www.eternacadencia.com/catalogo.htm Una okupa se incendia a lo bonzo ante la inminencia del desalojo: punto de partida de un romance bellísimo y crudo a un tiempo, sádico, político, humorísitico a su manera, delirante, irónico y perverso, pero sobre todo poético. Observen qué fraseo:
"Digo quién lo hubiera dicho: lo hubiera dicho cualquiera es la respuesta coral, pero están equivocados el coro y el corifeo; no lo hubiera dicho nadie y menos que nadie yo. Es que cualquier perspectiva es un lugar conseguido, yo no creo que haya lugar totalmente regalado: se llega a la perspectiva, lo que organiza el relato, y si se puede contar es que algo de bueno habrá ahí donde estás parado y si se quiere contar es que algo se está buscando. Ese punto es como un nudo donde se tejen los hilos sueltos de cualquier vida y de esa trenza florece el milagro del sentido que es tan real como fue la damajuana sin fin en las bodas de Canaán [...], y sin embargo salimos, de las bodas y del relato, ebrios de tanto entender cómo es que funciona todo y así vivimos inmersos en resaca celestial."
Un estilo asombroso y eufónico y culto y popular: todo eso a un tiempo. Hipnótico y social o, mejor, es lo que hay.
Juan Carlos Onetti, La vida breve (1950), Barcelona, Edhasa (1977)
Breve es la vida del escritor, nos dice Onetti, breve pero múltiple. El hacedor gusta de vivir tantas vidas como le permita la imaginación, y de eso trata esta novela, de pequeñas vidas alternas. De alternativas, las que se puedan.
También será breve mi lectura. (Lectura: otra forma de vida breve.)
Porque qué más agregar a esas superpuestas vidas breves con sus respectivas mujeres en escenarios paralelos y ya no sabemos cuál es la historia principal y cuál la de ficción:
"Sobre el escritorio, la fotografía estaba entre el tintero y el calendario, las cabezas de los tres representantes sobrinos de la Queca esforzaban sus sonrisas a la espera del momento en que el hombre que me había alquilado la mitad de la oficina -se llamaba Onetti, no sonreía, usaba anteojos, dejaba adivinar que solo podía ser simpático a mujeres fantasiosas o amigos íntimos- se abandonara alguna vez, en el hambre del mediodía o de la tarde, a la estupidez que yo le imaginaba y aceptara el deber de interesarse por ellos."
Onetti viene a explicarnos cómo funciona la cabeza de un escritor y fondo y forma reproducen la idea.
"Un argumento, vamos -había dicho Julio Stein-; algo que se pueda usar, que interese a los idiotas y a los inteligentes, pero no a los demasiado inteligentes."
Por lo demás, su prosa suena a tango y a todo el imaginario rioplatense del tango: garúa, mujer, adulterio, rechazo, asesinato.