rumiar la biblioteca

lunes, 26 de enero de 2015

W. H. Hudson: Argentina y otros animales

W. H. Hudson, Allá lejos y tiempo atrás (1918), traducción de Miguel Temprano García, Barcelona, Acantilado (2004)
http://www.acantilado.es/catalogo/all-lejos-y-tiempo-atrs-84.htm

A propósito de las construcciones literarias e identitarias de un país, en general, y de Argentina, en concreto, cito aquí un párrafo de este delicioso libro de memorias del ornitólogo y escritor Guillermo Enrique Hudson, nacido en Argentina en 1841, quien se consideró a sí mismo inglés sin atisbo de duda en ningún momento de su existencia y que llama "nativas" a las muchachas nacidas en ese mismo territorio que lo vio nacer a él (con independencia de su origen español, indígena o negro).


"Los primeros colonos que construyeron sus casas en aquel inmenso espacio vacío que llamamos la pampa procedían de un país en el que la gente tiene la costumbre de sentarse a la sombra de los árboles, el cereal, el vino y el aceite se consideran imprescindibles y se cultivan hortalizas en el jardín. Era natural que plantaran árboles y jardines, tanto por la sombra como por su frutos, allí donde construían sus casas en la pampa, y no hay duda de que, durante dos o tres generaciones, trataron de vivir igual que en las zonas rurales de España. Pero ahora su principal preocupación era la cría de ganado y, como los animales pastaban libres por las interminables llanuras y parecían más bien bestias salvajes que domésticas, su vida transcurría a lomos de un caballo. Ya no podían cavar o arar la tierra, ni proteger sus cosechas de los insectos y los pájaros o incluso de sus propios animales, así que dejaron a un lado el pan, el vino y el aceite y comenzaron a alimentarse solo de carne. Se sentaban a la sombra de los árboles plantados por sus padres o bisabuelos y comían sus frutos hasta que los árboles morían de viejos o los derribaba el viento o el ganado, y entonces acabaron la sombra y la fruta. / De este modo, los colonos españoles de la pampa se fueron transformando de un pueblo agrícola en uno exclusivamente pastoril y cazador. Más tarde, cuando se sacudieron de encima lo que llamaban el 'yugo hispánico', las continuas guerras y degollinas entre las diversas facciones, que fueron como las guerras entre los cuervos y las urracas salvo que se emplearon cuchillos en lugar de picos, los reafirmaron y hundieron aún más en su modo de vida bárbaro y salvaje."

¡Pero si esos son los gauchos! ¡Ex españoles vagos, carnívoros y salvajes! ¡Bárbaros de los que Sarmiento se encargará en cuanto pueda!

En fin, el libro es maravilloso y feliz, y al leerlo recordé la misma sensación de libertad y simpatía que me produjo la Grecia de Gerald Durrell en Mi familia y otros animales.

lunes, 19 de enero de 2015

Sadkó o la leyenda del músico sin trabajo

Ilyá Repin,
Sadkó en el reino subacuático

En mi segundo y último viaje de visita a Rusia allá por el 2011, en concreto, Sarátov, quiso la casualidad que en el teatro de ópera de la ciudad se estuviera representando la obra de Rimski-Kórsakov que por entonces me interesaba sobremanera y a la que asistí sin dudarlo: Sadkó.
El mito (o leyenda) de Sadkó es uno de los más antiguos mitos eslavos, según nos cuenta Vladímir Propp, un mito de boda, por un lado, y de abandono de la religión pagana en beneficio de la cristiana, por otro. Además, es una leyenda donde el realismo es desbordante: el músico Sadkó, tañedor del gusli (algo parecido a una cítara), se ve obligado a abandonar la música porque el arte ha dejado de constituir un valor. 
¿Cómo sobrevivir en ese nuevo mundo? Sadkó se dedica a los negocios y se enriquece considerablemente. Sin embargo, aquello no ocurre sin la ayuda del zar del mar, una especie de Poseidón eslavo, que más tarde exigirá la devolución de ese favor. Huelga decir que la cosa termina bien porque al final aparece un santo y se evita una tentación.

El área de la ópera, "La canción del mercader indio", bastante popular en Rusia, forma parte de una de las escenas de comercio. Adoro esta versión de Rosa Ponselle:


 
Aquí el maridaje con Orfeo,
una preciosa antología no venal
de García Gual y Hernández de la Fuente

Cierto que Sadkó comparte con Orfeo muchas cosas: las más llamativas sean quizá, por un lado, el arte de la música y el poder de su encanto como arma ante los elementos, y, por otro, la capacidad de transitar entre diferentes mundos. Sin embargo Sadkó viene a ser como su hermano pragmático y más humano en tantos otros sentidos: en el realismo de un mundo aquejado por el dinero, en el espejismo del amor, en la capacidad de transformarse y evitar tentaciones que suelen desembocar en tragedia.






Aquí una simpática versión:



lunes, 12 de enero de 2015

Thomas Bernhard olvidó

Thomas Bernhard, El malogrado (1983), traducción de Miguel Sáenz, Madrid, Alfaguara (2006)
http://www.alfaguara.com/es/libro/el-malogrado/

El magnífico y eufónico Thomas Bernhard olvidó: en todo el libro El malogrado relegó, arrinconó, mutiló, calló y postergó a Sviatoslav Richter, a pesar de que repite Horowitz y Gould, y Horowitz y Gould son las palabras mágicas o también las palabras alrededor, las palabras afines. Incomprensible, pienso, salvo si la ausencia, el hueco, la carencia de eso innombrado en su letanía algo exagerada de pianista frustrado pretendiera tal vez... ¿evidenciarlo?, ¿materializarlo?..., porque ¿es acaso posible que no lo conociera?



"O penetramos como un todo en la música o no penetramos en absoluto, decía Glenn a menudo, también a Horowitz. Per solo él sabía lo que eso quería decir, pensé. Un Glenn tiene que encontrarse con un Horowitz, pensé, y de hecho en el único momento oportuno. Si ese momento no es oportuno, no se logra lo que se logró con Glenn y Horowitz."
 Repaso todo el libro, releo nerviosa, busco y... nada. Solo aquello que conceptualmente me pone un poco nerviosa: el músico patético, romántico, la encarnación del genio.
"Ni siquiera Horowitz hubiera sido aquel Horowitz si hubiese faltado Glenn, porque el uno condicionaba al otro, y a la inversa. Fue un curso de Horowitz para Glenn, pensé, de pie en el mesón, y nada más."

Aprovecho el despiste de Bernhard, pues, e invito a disfrutar de este documental del otro pianista, del eslabón, del primer "roquero". Enjoy!




lunes, 5 de enero de 2015

Thomas Pynchon: El arco iris de la gravedad o el musical de la Segunda Guerra Mundial

Thomas Pynchon, El arco iris de la gravedad (1973), traducción de Antoni Pigrau, Barcelona, Tusquets (2009)
http://www.tusquetseditores.com/titulos/fabula-el-arco-iris-de-la-gravedad

Si la Segunda Guerra Mundial es el mito del siglo XX o el definitivo signo para el nuevo orden mundial sobre el que se construye el paradigma de la realidad desde entonces, Pynchon construye un texto enorme y monstruoso con diversos mitos, incluidos los conspiranoicos, hechos rigurosamente históricos, otros tantos tópicos y multitud de canciones, a la manera de la ópera americana por excelencia, el musical (o la película-musical), donde todo termina por banalizarse con el arranque de esas melodías que parecen no venir a cuento. Musical, cómic, escenas noires: ¿Qué es la Segunda Guerra Mundial a poco que se planee sobre ella con una mirada cínica?

"Ello significa que esta guerra no fue política en abosluto, la política no fue más que una comedia, solo destinada a mantener a la gente distraída... Fue dictada, en cambio, por las necesidades tecnológicas, por una conspiración entre los seres humanos y la técnica, por algo que necesitaba el estallido de la energía de la guerra y gritaba: '¡A la porra el dinero, la vida misma de [insértese aquí el nombre de la nación que sea] está en peligro!', pero que quería decir, sin duda alguna: 'Casi está amaneciendo, y yo necesito mi ración nocturna de sangre, mi financiación...'. Las verdaderas crisis solo fueron crisis de distribución y prioridad; no entre las firmas industriales -aunque la representación teatral lo hicicera creer así-, sino entre las diferentes Tecnologías: Plásticos, Electrónica, Aviación, de acuerdo con sus necesidades, comprendidas solamente por la elite dirigente..."

 Si de cinismo hablamos, leed esto:


"Estoy deseando que termine la guerra en el Pacífico para poder volver a casa, si te interesa saberlo. Ahora es allí el tiempo de las lluvias de la ciruela, el Bai-u, cuando maduran las ciruelas. Solo quiero estar con Michiko y mis pequeños y, cuando lo consiga, no volver a salir una sola vez de Hiroshima."

 *

Una novela desbordante que comienza en Londres, en concreto dentro del hospital psiquiátrico Santa Verónica, cede de un organismo encargado de predecir los bombardeos en la ciudad compuesto por personajes de lo más variopintos: un plavoviano que experimenta con locos que dicen presentir dónde van a caer las bombas, un experto en datos, espiritistas y médiums de todo tipo, y Slothrop, nuestro protagonista, quien tiene erecciones en los lugares de los bombardeos... ¿Por qué? Pues porque de pequeño fue vendido por su propio padre a un científico que hacía experimentos con cierto material plástico con el que están recubiertos los cohetes... Una vez finalizada la contienda, y después de una breve estancia en la Costa Azul donde copia y memoriza cierta información sobre los cohetes, Slothrop acude a la Zona, Alemania ocupada y repartida, donde abundan espías y donde todos quieren robarse científicos y planos de armamentos. Esto definitivamente no es ficción (piénsese en la Nasa, por ejemplo), salvo por la manera en que está narrado. Su aventura no es más que una huida perpetua, ya que por sus conocimientos es perseguido por todos; Slothrop conoce a muchas chicas, consume y trafica con drogas, se sube a un barco, que parece el trasunto de aquel barco a la deriva donde antiguamente se encerraba a los locos, un barco lleno de viejos europeos austrohúngaros y sus orgías; se insmiscuye en las mismas entrañas de la tierra, donde los enanos (piénsese en Wagner o mitos nórdicos) estaban construyendo el Cohete junto con el comando negro o secreto, ¡tampoco se deja la obsolescencia programada de las bombillas de luz!, y un montón de disparates y alucinaciones y chascarrillos de difícil lectura, recurrentes referencias literarias y evidentemente miles de novelas diversas que se derraman incontenibles dependiendo de su lector.

http://gravitys-rainbow.pynchonwiki.com/wiki/index.php?title=Main_Page


Novela desafiante, autor demasiado influyente. Un poco tarde le hinco el diente.

Aunque si uno sigue pensando en la biblioteca como autobiografía, en la secuencia personal de lecturas, en baldas que se reacomodan, diré que leí a Pynchon y releí a Bolaño y Fresán y Laiseca y Filloy; Copi y sus secuaces o Ferré y sus precursores, por ejemplo.




Más arco iris: Thomas Pynchon: El arco iris de la gravedad o cómo se documenta un escritor






lunes, 29 de diciembre de 2014

Thomas Pynchon: El arco iris de la gravedad o cómo se documenta un escritor

Thomas Pynchon, El arco iris de la gravedad (1973), traducción de Antoni Pigrau, Barcelona, Tusquets (2009)
http://www.tusquetseditores.com/titulos/fabula-el-arco-iris-de-la-gravedad

Hay una escena en el café Odéon de Zúrich donde el protagonista Slothrop se encuentra con un espía argentino, un anarquista disidente del pujante poder peronista, que describe Argentina de la manera que sigue:


"En la época de los gauchos, mi país era un trozo de papel en blanco. Las pampas se extendían hasta donde llegara la imaginación de los hombres, inagotables, sin cercas. Hasta donde llegara el gaucho a caballo, el lugar le pertenecía. Pero Buenos Aires consiguió la hegemonía sobre las demás provincias. Todas las neurosis de propiedad cobraron fuerzas y comenzaron a infectar el campo. Se construyeron cercas y el gaucho fue menos libre. Es nuestra tragedia nacional. Nos obsesiona la construcción de laberintos donde antes solo había cielo y llanura abierta. Dibujamos modelos cada vez más complejos sobre la hoja en blanco. No podemos soportar esta apertura: nos aterroriza. Mira a Borges. Mira los suburbios de Buenos Aires. Rosas, el tirano, murió hace un siglo, pero su culto florece de nuevo. Debajo de las calles de la ciudad, las conejeras de habitaciones y pasillos, las cercas y las redes de caminos de acero... El corazón argentino, con toda su culpa y perversidad, anhela el retorno a aquella mera y tranquila serenidad: aquella unidad anárquica del cielo y las pampas."

No olvidemos que la colaboración del gobierno argentino durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial fue crucial, y definitiva al terminar la contienda, como refugio para empresas, personas y divisas. Tal vez pertenezca a la teoría conspiranoica, pero se dice que unos cuantos submarinos fueron avistados en las costas. Sin embargo lo que me divierte sobremanera es la irónica (¡y tan literaria!) transparencia con que el escritor deja plasmado cómo se ha documentado: leyendo a Borges, a Lugones, a Hernández. El gaucho es un anarquista: ¡Gaucho Bakunin, dice! 

Más arco iris en: Thomas Pynchon: El arco iris de la gravedad o el musical de la Segunda Guerra Mundial


lunes, 22 de diciembre de 2014

Iris Murdoch sabe nadar

Iris Murdoch, El mar, el mar (1978), traducción de Marta Gustavino, Barcelona, Debolsillo (2013)
http://www.megustaleer.com/ficha/P83649A/el-mar-el-mar

Pregúntense si el arte y la vida se parecen en algo:
"Se me acaba de ocurrir que en estas memorias podrían caber toda clase de delirios fantásticos sobre mi vida, ¡y la gente se los creería! Así es la credulidad humana, el poder de la palabra impresa y de cualquier 'nombre' conocido, o cualquier 'personalidad del mundo del espectáculo'. Aunque los lectores afirmen que 'se lo toman con cierto escepticismo', en realidad no es así. Están ávidos de creer, y creen, porque creer es más fácil que no creer, y porque cualquier cosa escrita tiende a ser 'verdadera en cierto modo'."

El protagonista de este diario, un director de teatro retirado, ha sacado la varita mágica cual Próspero para acomodar los elementos a su gusto pero aquí nadie le hace caso. Esto no es un escenario, parecen decirle los demás protagonistas. El prodigio, paranoico y divertidísimo, termina por desvanecerse a pesar del ahínco con que ha sido construido. El fracaso no solo sobreviene al personaje, también al lector, que al poco desconfía de todo.

"En realidad, todo esto se terminó hace mucho tiempo, y ahora lo estamos soñando."  
"Pero tú estás intentando obligarme a entrar en una trama que no es la trama de la situación. Lo que estás diciendo es todo colateral, es una especie de comentario abstracto. Eres tú quien está 'contando un cuento'. Yo estoy en el lugar donde suceden realmente las cosas."

¿Las cosas suceden realmente? Murdoch reflexiona sobre la ficción de la vida en relación con lo que convencionalmente entendemos por ficción y que solemos relegar al arte de la fabulación. Por lo visto se parecen en cierto punto: aquello del caos y la necesaria interpretación. Acaso tergiversada, acaso magnificada, pero siempre personal y maravillosa.


Qué necesaria esta experiencia marina, de prosa lúcida y rebosante de sentido del humor, con ese punto intermedio entre la inocencia y la ironía de los realmente talentosos.