Mariana Enriquez, Nuestra parte de la noche, Barcelona, Anagrama (2019) https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/premio-herralde-de-novela/9788433998859/NH_636 Algo de esta novela conecta completamente con el imaginario adolescente: el mal, la oscuridad, lo inexplicable, el terror en todas sus variantes, lo esotérico. Partiendo de aquí, el resultado es fascinante porque está contado desde la tradición (Brontë de Cumbres borrascosas + Bolaño de 2666) y estructurado en varias partes que ofrecen distintos puntos de vista a propósito de los Bradford, una familia de clase alta que lo maneja todo a su antojo, que tiene lazos con lo más oscuro de la política y lo más oscuro del poder sobre las personas.
"Los crímenes de la dictadura eran muy útiles para la Orden, proveían de cuerpos, de coartadas y de corrientes de dolor y miedo, emociones que resultaban útiles para manipular."
Es también una expansión del cuento "La casa de Adela" de Las cosas que perdimos en el fuego, casa en la que Adela, una niña, desaparece.
Los Bradford necesitan a un médium para contactar con la Oscuridad, y para ello se sirven de un niño pobre, Juan, a quien utilizan en unas ceremonias horrorosas. Este Juan es un personaje muy ambiguo, por momentos es víctima, por momentos despliega una maldad delirante. Pero todo en él resulta fascinante, a la manera de Heathcliff de Cumbres borrascosas. Juan crece, se casa con una Bradford, tienen un hijo, Gaspar, y toda la tensión narrativa se centra en si Gaspar heredará la capacidad de dialogar con la Oscuridad.
"Nadie la entiende, amiga, le dijo Juan, que descansaba con los ojos cerrados pero perfectamente lúcido. El problema no es si es posible entenderla. El problema es si habla para nosotros o solamente habla en su abismo, si lo que habla es el hambre sobre el vacío. Si tiene algo más que la inteligencia de la tormenta o la tierra cuando tiembla. Si es algo más que otra ceguera, solo que nos parece iluminada porque no la conocemos."
Natalia Carrero, Letra rebelde, Madrid, Belleza infinita (2016) https://bukinda.com/es/inicio/21-letra-rebelde-9788494186790.html Novela gráfica de humor irreverente, Letra rebelde nos cuenta la vida de una mujer que no sabe si escribir o no y sobre todo cuándo hacerlo, cómo sortear las interrupciones de la vida cotidiana. Reflexiones que bordean la metaliteratura, cómo ser mujer-madre en los tiempos de ahora y qué significa escribir, si realmente es tan maravilloso como nos cuentan. Notables las páginas de lectura de esos ya clásicos consejos de escritura (Rilke, Carta aun joven poeta) o de pintura (Read, Carta a una joven pintora) intercalados con las interrupciones de la vida cotidiana.
Si imaginamos un
destino de la literatura similar al destino de la música, en el sentido
en el que hoy aplaudimos y celebramos y adoramos al deejay como
si de una estrella de rock o de un concertista virtuoso o de un afamado
compositor se tratara, y celebramos su trabajo, es decir, el de poner
discos, como arte, o mejor dicho, celebramos su collage y su mixtura y
su capacidad de navegar por el tiempo y la tradición, de hacer tremolar
el tiempo sobre diferentes bases, y extrapolamos el fenómeno al libro, o
mejor, al libro electrónico, y pensamos que el escritor dejará de ser
ese juntapalabras o el que busca estilo y construye una escritura, y que
su función se habrá desplazado hacia un diseñador-maquetador con
talento, con conocimientos de programador, que fabrique collages y
corta-pegas y links de navegación por las grandes obras de todos los
tiempos y aplaudamos su trabajo, lo celebremos como gran hacedor de los
tiempos por venir, y colaboremos para que pueda ganarse la vida con
mucha mayor soltura que un escritor, porque tal y como dicen algunos, y
no sin razón, con semejante tradición para qué escribir o reescribir, o
contestar y dialogar con esa tradición, quizá sea suficiente con
manipularla y fragmentarla y servirnos de ella para contar la historia
que queramos, para seguir ejecutando el hecho literario.
Por ejemplo, yo podría continuar con el montaje de una autobiografía in progress, que ya comenzara con los posts La novela deejay, La novela deejay II,III,IV, V, VI,VII, VIII,IX y X utilizando un fragmento de El mesías de Estocolmo de Cynthia Ozick para explicar esa sensación de fascinación y brillante explosión mental que provoca un texto de vez en cuando, eso que busco incansable como se busca el deseo:
"Y esa es la única certeza: uno empieza a escribir –para bien o para mal– de verdad y como uno cuando por fin comprende que jamás podrá escribir como otro. [...] El Estilo. El Estilo Propio a partir de fragmentos ajenos."
La última parte de la trilogía de Rodrigo Fresán empieza con ese (el mismo) escritor (que ya es excritor) en un avión, porque parece que en el aire se activa la memoria, los viajes propician la introspección. Así, este libro que es mucho más estilo que "historia", que se presta mejor a escuchar (ejecutar) que a resumir su trama, despliega sus temáticas habituales (obsesiones fresanianas) pero lo hace desde el análisis de qué es la memoria para un escritor. ¿Qué es recordar para un escritor? Primero, como algo que más o menos se acerca a la parte teórica del asunto, y luego, siguiendo lo que hace poco Enrique Vila-Matas denominó como la "dinámica del me acuerdo" de Georges Perec: me acuerdo de eso y de lo otro y de lo de más allá, suponemos que muy cerca de la biografía de Fresán (y cuando digo Fresán piénsese en el escritor), esos episodios de toda una vida de escritor que fueron importantes para ese escritor. La educación sentimental de ese escritor. La visita a su palacio de la memoria, esas habitaciones en las que uno guarda cosas y se encuentra con cosas y a veces hasta crecen cosas que en principio no deberían estar allí.
Todo esto usando enumeraciones, citas intercaladas, diferentes tipografías, sus obsesiones: 2001 (la película), The Beatles, Nabokov, Proust, Bellow, el escritor IKEA, Ella, sus diatribas contra la autoficción y las costumbres a las que nos someten las nuevas tecnologías, ¿contar la historia de sus padres?, Vonnegut, su inexistente país de origen, un tal Nebel (¿Fogwill?), su hermana Penélope, el hijo de esta, su tío Hey Walrus, Pertusato, Nicolasito, Dylan, Glenn Gould, Philip Dick, la novela Drácula, Blade Runner, Barcelona y los escritores latinoamericanos, Barcelona y el independentismo (la anécdota de cómo la vicepresidenta regaló uno de sus libros), y mucho más, todo eso contado por nuestro superhéroe favorito: Bildungsro-Man. Un final a la 8½ de Fellini. Muchas risas, por supuesto.
"Había cada vez más narradores y cada vez menos escritores, pensaba él. Y estaba claro que unos y otros no eran lo mismo: no era lo mismo un gran escritor que un gran narrador (un gran narrador era suplantado por otro gran narrador sin gran dificultad y eran numerosos; mientras que los contados grandes escritores eran insustituibles y se iban acumulando para siempre y siempre dispuestos si se los llamaba). Los libros de los grandes escritores hablaban un idioma único y propio y muy difícil de aprender y de dominar por otros. Los libros de los narradores de diverso tamaño, en cambio, parloteaban todos con la misma lengua y emitían frases como redactadas por funcionales pero desapasionados autómatas."
"Cuanto más lee uno, más promiscuo es el viaje de un libro a otro."
Uno de los aspectos más notables de esta ya de por sí notable novela es la exposición de ese misterio inexplicable: me refiero al asunto de cómo trabaja la ficción.
Recuerdos del futuro es una novela a medio camino entre la autoficción, la novela de iniciación y el ensayo. El argumento es sencillo: la autora visita a su madre y encuentra un diario suyo de juventud. El diario corresponde al momento en que la autora decide instalarse en Nueva York y dedicarse por completo a la escritura. Así conocemos sus paseos por la ciudad, sus dificultades económicas, sus amistades y fiestas, sus amantes, sus lecturas y sobre todo a su vecina, a quien escucha a través de la pared y que parece estar bastante loca. Además, durante ese año le sucede un acontecimiento algo traumático. Lo curioso es comprobar cómo algunas de esas peripecias de la vida cotidiana se cuelan en la novela que está escribiendo por entonces, pero siempre de modo caprichoso, pues es así como trabaja la ficción.
De manera que tenemos tres tipos/registros de texto: el diario en sí mismo, la novela que estaba escribiendo por entonces y este plano del presente donde todo eso se interpreta o reescribe. Evidentemente, hay un profundo análisis de la memoria y de cuánto hay en ella de imaginación, así como también de todo lo relacionado con la escritura. Una amalgama entre memoria y escritura y cuánto hay en ambas de biografía e imaginación.
"Siempre he creído que la memoria y la imaginación son una sola facultad."
"Si el pasado no es un lugar que se puede visitar, entonces arrancar verdades de él es como sacar nada de la nada. Y el pasado no es un lugar. Y si el pasado no existe más que en las maquinaciones de la física teórica y la ciencia ficción, ¿qué nos queda entonces? ¿Debo creer que todo lo que queda son fluctuantes imágenes mentales en la mente de las personas que desaparecerán con ellas cuando mueran, y los registros históricos, volumen tras volumen de palabras y números?"
Un explorador de la anatomía, Neuman, ordenada de manera algo caprichosa, con reminiscencias girondinas y cortazarianas, saltando las zonas como le place en prosa poética:
"Del pentagrama de la frente, cuelga una clave de sol. Por forma y contenido, la oreja pide música." ("Oreja caracol")
humorística:
"¿No resulta sospechoso que su tamaño coincida con el de un dedo?" ("Ocupaciones del ombligo")
política:
"Numerosas mujeres se acomodan con los dedos el peinado, abriéndolo en arpegios, y otros tantos hombres lo reafirman con la palma de la mano para que no se les disperse la simetría. En esa mínima, abismal diferencia cabe la historia entera de nuestra educación." ("Revoluciones del cabello")
y absurda:
"Se desaconseja analizar una mano para corroborar las propias opiniones. Dicho menester le corresponde a la crítica literaria." ("Reprobación del brazo y alabanza del codo")
a partes iguales. Aquí el cuerpo se despliega como mapa del estilo y erótica del alma, que lo transita todo.
"El alma es una obra de vanguardia sin autor. Metaboliza imágenes y segrega visiones veinticuatro horas al día. Verbigracia, una selva donde crecen aviones y adverbios. Un glaciar engarzado en un anillo. Un volcán emitiendo acordes mayores. Una montaña de espejos cuya altura refleja la de su escalador. Una catarata que es un pentagrama que es un sistema ferroviario. Un mar donde las olas rompen desde los cuatro puntos cardinales. Un atardecer blanco." ("Multicuerpo del alma")