Malcom Lowry, Bajo el volcán (1947), traducción de Raúl Ortiz y Ortiz, Barcelona, Tusquets (2017) https://www.planetadelibros.com/libro-bajo-el-volcan/88401 Un largo paseo etílico de prosa deslizante, de emotiva ironía, de resaca de fracasos a lo largo de un solo día, el día de los Muertos de 1938 en ciudad de México. Un volcán amenazando constantemente a cuatro personajes: tres hombres y una mujer de quien todos parecen estar más o menos enamorados. Geoffrey, el cónsul alcohólico, e Yvonne, su ex mujer que ha regresado; M. Laruelle, el director de cine, con quien Yvonne ha tenido un affaire, y Hugh, hermano del cónsul, periodista y activista político. La guerra de España como telón de fondo.
Una novela realista hermana de McCullers y Gaddis, o novela puente entre McCullers y Gaddis: lo McCullers por el realismo fracasado y el alcohol; lo de Gaddis por el constante deambular cinematográfico, los guiños a otros escritores y los anuncios intercalados (y digo Gaddis por no decir Joyce).
"El cónsul terminó su mezcal: todo era una broma patética, desde luego, de todos modos, este plan de subir al Popo, sin bien era el tipo de actividad de la que se habría enterado Hugh antes de llegar, en tanto que descuidaba tantas otras cosas, sin embargo, ¿no se les habría ocurrido acaso que la idea de subir al volcán era equivalente en alguna medida a una vida en común? Sí, ante la mirada de ambos se alzaba con todos sus peligros ocultos, sus trampas, ambigüedades, engaños, portentoso como lo que podían imaginar durante el miserable y breve lapso ilusorio que dura un cigarrillo, que era su destino... ¿o solo era el caso, ¡ay!, que Yvonne era feliz?"
La cosa se va poniendo cada vez más amenazante, pero acompañada de copas y más copas, va tomando un aire progresivamente delirante. Los diálogos se entremezclan y son bastante absurdos: otra cosa no puede esperarse de un puñado de borrachos.
Paula Varsavsky, Las mil caras del autor, Santiago de Chile, Lagüey (2016) http://www.rileditores.com/catlogo-ril02/ityi4lwh39/Las-mil-caras-del-autor Notable libro de entrevistas a excelentes escritores de lengua inglesa tales como Joyce Carol Oates, David Lodge, Michael Cunnigham, E. L. Doctorow, Ali Smith, Russell Banks, Hanif Kureishi, Siri Hustvedt, Edmund White, Esther Freud, David Leavitt, Francisco Goldman, William Boyd y Richard Ford, encabezados por una breve noticia de cómo Paula Varsavsky llegó a la entrevista y que termina por dejarnos un paisaje no solo de la literatura escrita en lengua inglesa, del sector editorial y la difusión de literaturas para ellos extranjeras, o de si se puede o no enseñar a escribir, sino que también ofrece un recorrido por Estados Unidos o Inglaterra.
Doctorow dice que para conocer sobre un país o sobre un momento histórico, es mucho más útil leer novelas que libros de historia, a pesar de que la literatura trabaja con la mentira que es la ficción. En la ficción existe una verdad que trasciende los hechos:
"[...] creo que componer una oración de ficción que no necesariamente tiene un referente en el mundo es una forma de dotarse a uno mismo de un poder adicional que una oración basada en datos fácticos no te da. En este sentido, la mentira es superior a la verdad."
Y Banks afirma, refiriéndose a la función organizativa de lo cotidiano de la escritura para cualquier escritor, por la disciplina que requiere:
"El hecho es que cuando uno escribe está obligado a ser honesto, a ser lo más talentoso posible. También sucede que se necesita compañía de buena literatura. Son trabajos que obligan a revisar la propia vida. Creo que un escritor adquiere una gran intimidad con la literatura. Los académicos no tienen una relación tan profunda con la literatura. De la misma manera un músico adquiere una intimidad con la totalidad de la música. Eso se convierte en un principio organizador de la vida. Comencé a compararme, no solamente con otros escritores, sino con la totalidad de la literatura."
O esta respuesta de Hustvedt con respecto al proceso de escritura:
"Lo fascinante de la escritura es el momento en que el inconsciente, de alguna manera, penetra en la conciencia. Por cierto que uno no... Me doy cuenta cuando escribo, en la medida en que aparecen palabras, recuerdos, memorias, voces. Todo esto surge sin esfuerzo voluntario. Uno entra en un estado que siempre pensé que está conectado con el sueño."
Las entrevistas fueron previamente publicadas en versión corta en diferentes periódicos de Argentina y ahora llegan completas en formato libro.
Diego Gándara, Movimiento único, Buenos Aires, Seix Barral (2018) https://www.planetadelibros.com.ar/libro-movimiento-unico/263809 La experiencia de vida se construye de pequeños detalles, momentos hilvanados que, con el transcurso del tiempo y la perspectiva, comienzan a tomar la forma de cierta narrativa. Aunque eso se ve después, cuando la memoria hace su trabajo e interpreta como le da la gana, y la historia de vida cobra sentido, o al menos pareciera que cobra algún tipo de sentido para llevarnos de un punto a otro. Esos momentos son movimientos, mínimos acontecimientos que nos echan a andar o que directamente nos arrastran. Eso nos cuenta el narrador de esta novela, Santiago Novoa, periodista cultural argentino, que gracias a esos movimientos termina viviendo en Barcelona.
Pero pasan muchas cosas antes de eso. Acompañamos a Santiago en todo el periplo: leemos sus primeras entrevistas (o mejor, las respuestas de esas entrevistas), conversaciones sobre aquello que investiga (sobre todo en relación con la escritora Marina Balcarce, supuesta amante de un militar), su relación con sus padres, sus viajes a Galicia y a Barcelona, todos sus trabajos como colaborador editorial, etcétera, hasta que decide definitivamente, y viendo que Argentina se viene abajo, salir del país.
Santiago llega a Barcelona y la generosidad de algunos escritores latinoamericanos lo recibe con los brazos abiertos. Bolaño, Fresán, Vila-Matas, entre otros, son algunos de los personajes que vemos rondando por ahí.
Pero todo inmigrante sabe que la añoranza y la desperación están justo al lado de la promesa de un destino luminoso. Santiago termina por visitar a un psiquiatra que le diagnostica una depresión severa y le receta un antidepresivo llamado Argentol.
"Era cierto: el Argentol había tenido un efecto milagroso sobre mi ánimo, más allá de que no me gustaran algunos de sus efectos secundarios, como un problema con la memoria (y que perdura hasta el día de hoy) y que me llevaba a olvidarme los nombres de muchos escritores, a confundir los apellidos de algunas personas, y a llenar esas lagunas de la memoria con el nombre de un personaje o con un nombre que, simplemente, me inventaba. Más de una vez pensaba que si algún día me convertía en escritor y publicaba una novela sobre esos años, sobre esa experiencia de vida, no iba a ser necesario resaltar que los personajes y nombres eran ficticios y que cualquier semejanza con la realidad era pura coincidencia, aunque tenía claro que, si llegaba a escribir esa novela, Bolaño no iba a ser ningún personaje: Bolaño iba a ser Bolaño."
Toda esta enorme broma autoficcional se construye con una voz entre tierna, naif y minimal, cuya ironía se desliza suavemente entre los intersticios de continuos movimientos y fracasos cotidianos. Porque no sabemos nunca qué es fracaso y qué es éxito, porque en el fondo no importa, y porque la suposición "es la madre de todos los fracasos".
"De las ventajas que el exilio ofrece a un escritor la más importante sin duda es la relativización de la propia experiencia, individual o colectiva. Narcisismo y nacionalismo sufren, gracias al descentramiento y a la distancia, un rudo golpe. En ese sentido, podemos considerar el exilio como un nuevo avatar del principio de realidad."
"Respecto al país natal, el extranjero es una especie de limbo, y una suerte de observatorio también: es evidente que, después de cierto tiempo, el escritor exiliado flota entre dos mundos y que su inscripción en ambos es fragmentaria o intermitente."
Hojeo este diario de ruptura amorosa. En un diario, la escritura funciona como terapia, expiación, autoconocimiento, deformación y reconstrucción, entre otras cosas. Hay que encontrar el "punto de ficción" de uno mismo. Un diario sirve para ordenar esos detalles significativos y exponer la banalidad cotidiana con un derroche importante de narcisismo. Entonces la escritura se convierte en algo sumergible y también carnoso:
"Escribir hasta que todo quede fuera, la piel, el agua, los peces, las líneas del cuervo, las astas de un ciervo, la pezuña del búfalo, el boqueo anaranjado y ese aletear sin aire. Que la palabra que ya no es voz pase del cuello al meridiano, y que mis dedos dejen en el lápiz la suavidad y la fuerza de las manos. Que la vena, la variz y el intestino sean tinta, junco y suelo."
Si imaginamos un
destino de la literatura similar al destino de la música, en el sentido
en el que hoy aplaudimos y celebramos y adoramos al deejay como
si de una estrella de rock o de un concertista virtuoso o de un afamado
compositor se tratara, y celebramos su trabajo, es decir, el de poner
discos, como arte, o mejor dicho, celebramos su collage y su mixtura y
su capacidad de navegar por el tiempo y la tradición, de hacer tremolar
el tiempo sobre diferentes bases, y extrapolamos el fenómeno al libro, o
mejor, al libro electrónico, y pensamos que el escritor dejará de ser
ese juntapalabras o el que busca estilo y construye una escritura, y que
su función se habrá desplazado hacia un diseñador-maquetador con
talento, con conocimientos de programador, que fabrique collages y
corta-pegas y links de navegación por las grandes obras de todos los
tiempos y aplaudamos su trabajo, lo celebremos como gran hacedor de los
tiempos por venir, y colaboremos para que pueda ganarse la vida con
mucha mayor soltura que un escritor, porque tal y como dicen algunos, y
no sin razón, con semejante tradición para qué escribir o reescribir, o
contestar y dialogar con esa tradición, quizá sea suficiente con
manipularla y fragmentarla y servirnos de ella para contar la historia
que queramos, para seguir ejecutando el hecho literario.