Me preguntaba cómo se resolvería el efecto Gaddis en casi trescientas páginas, si provocaría la misma adictiva sensación de lector voyeur que me produjeron las otras dos enormísimas y monstruosas novelas, aquello de "me he inmiscuido como un espía o como un fantasma más bien (pues nadie me ve) en esta escena y la gente habla y tengo que enterarme de lo que hablan". Pero la firma Gaddis es inequívocamente Gaddis también en Gótico carpintero y me sorprende constatar que la fascinación de leer a Gaddis no era producto de la enormidad, la acumulación, la conciencia de la tremendísima gesta, sino que aquel efecto viene provocado por su poética, y su exuberante poética pervive incluso en las distancias cortas. Desconozco si la extensión de esta novela responde a que está sin terminar o a una voluntad de ajustarse un poco (o no desbordar). Pero su estilo sigue siendo exuberante y erótico; valga de ejemplo este párrafo que caracterizaremos como la más digna y sugestiva manera de llevar la sensualidad hacia el lenguaje:
"Repasó calma hasta volverla cuneiforme, se humedeció la yema del dedo y empezó a pasar páginas hasta la C, encontró curiosidad, pasó por cuquería, curandero, siguió por cuña y se detuvo abruptamente en cunnilingus. Lo estaba leyendo con lentitud, se humedeció otra vez el dedo, del Lat. lingere, ver LAMER, cuando el teléfono volvió a sonar."
Gótico carpintero es una gótica novela negra, un policial de intriga política, si queremos, pues trata de cómo se estaban repartiendo África y de cómo la religión, una vez más, funciona como tapadera y como arma psicológica. Hay una casa y dentro de esa casa está Liz, todo el tiempo Liz y un montón de llamadas de teléfono, y los demás personajes entran y salen, hablan todo el tiempo, la visitan y se marchan.
Aleksandra Lun, Los palimpsestos, Barcelona, Minúscula (2015) http://www.editorialminuscula.com/frameset.html Simpático libro pequeño que elige la temática del escritor que cambia de lengua, escritor inmigrante por partida doble, con prosa sencilla y bien construida y sobre todo humorística de aires Hrabal:
"Los sabios intelectuales me propinaron varias patadas, me pincharon con sus plumas y dijeron que estaban hartos de los escritores ilegales que venían a la Antártida a quitarles el trabajo. Intenté explicarles que un idioma no les pertenecía solo a los hablantes nativos y que los miserables inmigrantes también podíamos escribir, pero ellos continuaron pegándome con sus bastones y acabaron arrojándome a un solar vacío."
Los palimpsestos nos cuenta la historia de un escritor del Este que escribe en una lengua que no es la materna internado en un psiquiátrico y sometido a una terapia diseñada para semejante diagnóstico. Vemos desfilar a una buena cantidad de escritores que también eligieron otra lengua que no fuera la materna, como la misma Aleksandra Lun, polaca que eligió el español para su divertida primera novela.
Angélica Gorodischer, Opus dos (1966), Barcelona, Ultramar (1990) Elijo Opus dos porque no es fácil leer a Angélica Gorodischer en España, no solo es difícil sino casi imposible y diré que ese otro libro Kalpa imperial editado por Gigamesh no es mejor que este o al menos no ha despertado en mí mayor extrañeza que este y eso es lo único que le pido a la ciencia ficción teniendo en cuenta que no soy asidua lectora del género. Algo pispeé de Bajo las jubeas en flor (cuentos ciencia ficción con toques surreales, entre los cuales el mejor es "Bajo las jubeas en flor" que cuenta la historia de un no terrícola que es apresado en una especie de cárcel nada más llegar a la Tierra), y de Trafalgar, un libro de relatos cuyo protagonista es un comerciante adicto al café que va de acá para allá interestelarmente y luego relata sus aventuras en distintas reuniones de amigos.
Lo cierto es que me quedo con ganas de leer a la Gorodischer no ciencia ficción, de la que apenas pude degustar algo que anda navegando suelto por ahí ("La cámara oscura" o los primeros cuentos de Menta, por ejemplo).
Y quería hablar de Angélica Gorodischer pero sobre todo del estilo Gorodischer: imaginativo, desenfadado, irónico, de diálogos impecables, ¡y qué sentido del humor!, de esa desbordante muestra de fresca desfachatez:
"Nadie puede obtener nada del violeta [que es una luz que concede deseos] si no se siente como lo que quiere obtener. ¿Se da cuenta? Por eso es imposible crear una mujer." ("Los embriones del violeta", Bajo las jubeas en flor)
"[...] todo lo que se le puede pedir a la literatura: belleza, realismo, diversión, qué más querés." ("Sensatez del círculo", Trafalgar)
"De entrada nomás ya hubo lío con ella. Mi abuela, ¿era argentina o alemana? Yo creo que ni a la Argentina ni a Alemania les importaba un pito la nacionalidad de mi abuela, pero los empleados de inmigración estaban llenos de reglamentos que no decían nada sobre un caso parecido y no sabían qué hacer." ("La cámara oscura")
*
Opus dos arranca con un grupo de arqueólogos en un tiempo remoto que encuentran unas ruinas de lo que hoy conocemos como Buenos Aires. Entonces comprendemos que ha habido alguna explosión nuclear y que los blancos han perdido la hegemonía del poder que ahora ostentan los negros. Su estructura es la de pequeños cuentos que terminan por formar toda la historia entera donde el conflicto de etnias está presente junto a la historia de la humanidad y sus formas de gobierno y todos sus prejuicios:
"-Sí -dijo Dorbal Rivas-, el viejo problema se convirtió en una leyenda, pero las leyendas existen, los niños las aprenden de memoria, y la memoria de la especie las guarda con un temible cuidado. ¿Se da cuenta de que cada hombre que nace, que vive y crece tiene que aprender todo lo que supieron los que vivieron antes que él, y todavía un poco más, lo que se va acumulando? Mire jugar a un niño y piense en todo lo que le falta por aprender. Leer, escribir, contar, la historia, la geografía, los nombres, la lógica, las fórmulas químicas, las teorías, las leyes físicas, y por último y a fondo, lo que él elija. ¿Y sabe lo que se va filtrando entre todo eso? ¿Sabe cuántos elementos irracionales a los que no podemos, no queremos, no sabemos resistir?"
Resaca y adicción. Cocaína y literatura, aunque más cocaína que literatura o quizá más adicción y resaca y superficie de la literatura. Pero ¿qué es la literatura?
"¿Qué es para ti la literatura? ¿Es un antídoto, es una válvula de escape, es una manera de adquirir conocimientos, de vivir otras vidas, de olvidar, de recordar, de fantasear, es una purga, es una expiación, es una lucha contra el tiempo que nos consume día a día, es una manera de cambiar el mundo, es un simple divertimento, es una soberana gilipollez, es una manía como cualquier otra, es un aburrimiento, es un antídoto contra las drogas, es una droga, es una causa de la soledad, es una consecuencia de la soledad, es una alternativa a la prostitución, es una salvación, es una condena, es una poetización de la nada, es una metáfora de la evolución humana, es una discusión con nosotros mismos, es una manera de relacionarse con personas que jamás conoceremos, es una pose intelectual, es una conversación con seres más inteligentes que nosotros, es un soberbio acto de esnobismo, es una degradación de la realidad, es una exaltación de la realidad, es una mistificación de la realidad, es una realidad, es la única jodida realidad por la que vale la pena seguir viviendo en este mundo cruel?"
Cocaína es un diario de un joven "generación perdida" que empieza en Nochevieja y acaba en Nochevieja y avanza día tras día de desazón en fiesta y destila una constante sensación de hastío. Un cúmulo de confesiones sobre la frustración y la desolación en resaca permanente, una fotografía de una generación de españoles que están perdidos y sobre todo echados a perder. Una novela de la desesperanza, por fortuna de prosa veloz y ansiosa como la adicción y aderezada con un resignado sentido del humor. Es también hermana de la llamada literatura del yo, pues "la imaginación es una forma irreverente de reordenar los recuerdos", y también de la llamada literatura de la crisis.
Al principio es una pareja con hijo que llega a Nueva York para empezar de nuevo en la tierra de las oportunidades, pero Franz, austríaco, quien nos cuenta esta historia, se trae consigo el pasado de su familia y de su tierra y de su lengua y literatura, y su mirada está completamente teñida de la vieja burocracia austrohúngara y de un inevitable y angustioso tono kafkiano. Lo cierto es que la experiencia se va enrareciendo hasta el punto de volverse totalitaria y peligrosa.
"Después de los inmigrantes, les llegó el turno a los perros. Como, a pesar de haber aislado a los extranjeros, la epidemia siguió su curso, pensaron que los portadores de la enfermedad eran las mascotas."
Ella, Cindy, una americana de origen judío, representa unos cuantos tópicos de la sociedad americana, de modo que la novela parece indicarnos que Europa y América juntos no pueden engendrar más que hijos con serios problemas psicológicos.
Todo esto ha sido construido con frases cortas, precisas y de ritmo a veces repetitivo pero siempre ágil.
Más interesante y bien lograda la segunda parte de la novela, que consiste en un cuestionario o entrevista por parte de un psicólogo a la pareja en cuestión. Puro diálogo y la idea de que el psicólogo construye narración a la manera de un escritor:
"—Cuando no le gusta el rumbo que está tomando la conversación, imprime giros circenses a la trama. En cuanto la atención se fija sobre usted, promueve luchas dialécticas entre los personajes para desviar la atención. Si lo que quiere es escribir una historia con la que todos estemos de acuerdo, debo advertirle que usted es el personaje menos logrado de todos nosotros."
*
Lanzo a Rebeca dos preguntas relacionadas con dos cuestiones que, cerrado el libro, permanecen latentes en mí:
1.Los primeros capítulos de Eric nos presentan Nueva York casi
como una guía de viajes, pero al mismo tiempo se superponen todas las ideas de
Nueva York que el protagonista trae consigo: las del presente y las del pasado,
tanto es así que él mismo se pregunta si su mujer, cada vez que visitaba Viena,
no estaría paseando por una ciudad que ya no existía. Perdona mi tendencia a
lecturas formales, pero ¿crees que esta idea puede funcionar como metáfora de
la propia lectura? Sería interesante que nos contaras si esta cuestión tiene
algún significado más allá del expuesto.
Más que una metáfora de la lectura, lo que
señalas tiene que ver con la profesión del protagonista de la novela. El padre
de Eric, Franz, es físico y va a Nueva York a realizar un proyecto de
investigación relacionado con el gato de Schrödinger. Según la física cuántica,
la realidad es modificada, incluso creada, por el observador. En ese sentido,
se podría decir que Franz crea el Nueva York por el que pasea; igual que crea
su Viena natal, una Viena muy distinta a la que conoce su esposa. Por otra
parte, nuestra forma de mirar el mundo viene determinada por nuestro bagaje.
Imagino que los aficionados a la lectura “veremos” un Washington Square
diferente a las personas que ni siquiera han oído hablar de Henry James. Y algo
parecido les pasará a los amantes del cine cuando vean Tiffany en la Quinta
Avenida.
2.Hay otra idea que encuentro sumamente interesante:
la relación entre la construcción de un “relato” en la terapia y aquello que se
construye como ficción. Desde tu experiencia como psicóloga, ¿qué puedes
contarnos al respecto? ¿Cuáles serían las semejanzas y las diferencias?
Para mí, hay bastantes semejanzas. De
alguna manera, el paciente viene a consulta con una narrativa concreta con la
que explica lo que le está pasando. A veces hay que ayudarle a introducir
“modificaciones” en su relato, señalar las contradicciones del mismo… Un poco
la idea es ayudarle a construir un relato menos doloroso, pero sin imponer
nuestra narrativa, que es un error común y un psicólogo no es un narrador
omnisciente, por así decirlo. Por otro lado, te diré que hay una forma de
psicoterapia llamada terapia narrativa que se utiliza en casos de Trastorno de
estrés postraumático, por ejemplo. En este caso, la persona que ha sufrido un
acontecimiento traumático trata de reescribir lo que le ha sucedido.
Sheila Levine es una treintañera de los años setenta bastante acomplejada: no es suficientemente guapa ni suficientemente rica ni suficientemente ñoña como para contentarse con el papel que debería haber asumido hace tiempo. Las chicas tienen que casarse y formar una familia, las chicas tienen que seguir cumpliendo con el rol aquel. De modo que Parent ha construido una parodia bastante fresca y divertida de la novela rosa: la joven que a pesar de ser independiente y poco inocente y con ganas de divertirse, se ve obligada a enamorarse y a busca marido.
"Lo que significa que solo hay cien mil chicas judías como yo. Exactamente iguales que yo, con melenas que hay que alisar, narices que hay que enderezar, y todas buscando marido. TODAS BUSCANDO MARIDO. Pues bien, mis adorables judías, tengo buenas noticias para vosotras: a partir de ahora tendréis menos competencia. Sheila Levine ha decidido tirar la toalla. Se va a morir."
Diríase que el argumento suena remanido y anticuado, en lo que estoy de acuerdo, pero también podemos argumentar que si las chicas nos divertimos con esta nota de suicidio es porque, a pesar de los años transcurridos, muchas jovencitas siguen siendo educadas con la premisa aquella del príncipe azul.