rumiar la biblioteca: mayo 2015

lunes, 25 de mayo de 2015

Granta - Matar el tiempo

VV.AA., Granta, 2, Barcelona, Galaxia Gutenberg (2015)
http://www.galaxiagutenberg.com/granta.aspx

El tiempo puede romperse estirarse recortarse detenerse filetearse matarse y cuántas cosas más, reflexionan todos estos textos, en su mayoría brillantes, desde luego. 

Aunque confieso que el que más me sorprendió y hasta fascinó, quizá porque ha sabido entretejer la consigna "matar el tiempo" dentro de la sintaxis misma de su texto, es decir, porque es el único que propone una "narratología del tiempo", si se me permite la expresión, es el de Ricardo Piglia, "Diario de un cuento. 1963". Aquí os dejo la cita:

"Siempre es así, narra pequeños fragmentos, muy vívidos, pero se cortan, no concluyen. Los anoto, con la esperanza de que los retome y se puedan completar... [...] Son como esquirlas, flashes luminosos, perfectos, sin ilación. Así habría que escribir, pienso a veces."

lunes, 18 de mayo de 2015

Pron o la cleptomanía como una de las bellas artes

Patricio Pron, Nosotros caminamos en sueños, Barcelona, Literatura Random House (2014)
http://www.megustaleer.com/ficha/RH28221/nosotros-caminamos-en-suenos

Fantástica sátira sobre la guerra de las Malvinas naturalmente extrapolable a cualquiera de las guerras, donde abunda el sinsentido, la estupidez y los negocios de todo tipo. Además, en ella se celebra y se cita buena parte de la tradición de la literatura bélica, sobre todo de aquella que comprende la guerra como desquicio, absurdo y disparate (pienso en Hasek, Bulgákov, Voinóvich, Pynchon y hasta en Groucho Marx, entre otros).

"Verás, no podemos ganar la guerra tan rápidamente; tampoco podemos perderla, por supuesto, pero lo más importante es no ganarla rápidamente porque su prolongación fortalece nuestra economía, pone límite al exceso de población y disminuye el desempleo, además de ofrecer una oportunidad de llevar a la práctica proyectos innovadores como el de la cooperativa o el de la oficina de Afrentas y Cuestiones de Honor."

Pero sobre todo me recordó a aquel cuento de J. L. Borges, "El milagro secreto". Hagamos memoria: en él se narra la historia de un escritor a punto de ser fusilado que pide a su dios que le conceda el tiempo suficiente para terminar su obra Los enemigos. Por fortuna, el todopoderoso accede a su petición y lo detiene: la bala queda suspendida a la espera de que Hladik termine su trabajo. Permítanme citar aquí la descripción que hace el narrador de la obra en cuestión, concretamente del tercer acto, y que podría utilizarse (con imperceptibles variaciones) para describir Nosotros caminamos en sueños:

"Crecen gradualmente las incoherencias: vuelven actores que parecían descartados ya de la trama; vuelve, por un instante, el hombre matado por Roemerstadt. Alguien hace notar que no ha atardecido: el reloj da las siete, en los altos cristales reverbera el sol occidental, el aire trae la arrebatada música húngara. Aparece el primer interlocutor y repite las palabras que pronunció en la primera escena del primer acto. Roemerstadt le habla sin asombro; el espectador entiende que Roemerstadt es el miserable Jaroslav Kubin. El drama no ha ocurrido: es el delirio circular que interminablemente vive y revive Kubin. 


Con respecto a la letanía repetida a lo largo de toda la novela ("¡Deja de robar!"), me serviré de esta imagen:




Aquí les dejo un vídeo del ladrón, no se lo pierdan:



lunes, 11 de mayo de 2015

La novela deejay III

Si imaginamos un destino de la literatura similar al destino de la música, en el sentido en el que hoy aplaudimos y celebramos y adoramos al deejay como si de una estrella de rock o de un concertista virtuoso o de un afamado compositor se tratara, y celebramos su trabajo, es decir, el de poner discos, como arte, o mejor dicho, celebramos su collage y su mixtura y su capacidad de navegar por el tiempo y la tradición, de hacer tremolar el tiempo sobre diferentes bases, y extrapolamos el fenómeno al libro, o mejor, al libro electrónico, y pensamos que el escritor dejará de ser ese juntapalabras o el que busca estilo y contruye una escritura, y que su función se habrá desplazado hacia un diseñador-maquetador con talento, con conocimientos de programador, que fabrique collages y corta-pegas y links de navegación por las grandes obras de todos los tiempos y aplaudamos su trabajo, lo celebremos como gran hacedor de los tiempos por venir, y colaboremos para que pueda ganarse la vida con mucha mayor soltura que un escritor, porque tal y como dicen algunos, y no sin razón, con semejante tradición para qué escribir o reescribir, o contestar y dialogar con esa tradición, quizá sea suficiente con manipularla y fragmentarla y servirnos de ella para contar la historia que queramos, para seguir ejecutando el hecho literario.

Por ejemplo, yo podría continuar con el montaje de una autobiografía in progress, que ya comenzara con el post La novela deejay y La novela deejay II utilizando una página de Mentiras de mujeres de Liudmila Ulítskaya como reflejo de mi propio humor anarcofeminista que de tanto en tanto ataca rotundo y se inmiscuye en las reuniones de amigas:






lunes, 4 de mayo de 2015

Alejandro Hermosilla y el campo magnético

Alejandro Hermosilla, Martillo, prólogo de Juan Francisco Ferré, Cartagena, Balduque (2014)
 http://editorialbalduque.blogspot.com.es/2014/06/martillo-alejandro-hermosilla_1547.html

Como carezco de conocimientos de física y geofísica enseguida relaciono la experiencia de lectura de esta ¿novela?, con el dibujito aquel con el que se ilustra la naturaleza del campo magnético de la Tierra: una onda que partiendo y llegando al mismo lugar, se va explayando cada vez un poco más. 

 "Pero de todas las historias que imagino, existe una en la que hallo auténtico sosiego, y por ello he vuelto a la misma una y otra vez recurrentemente."


Tampoco desestimo la pista del título del prólogo de J. F. Ferré a lo Magritte o David Markson (pues Martillo tiene un aire de familia con Esto no es una novela: su estructura y ritmo de lectura, su apariencia de anotación sin apenas hilo conductor). 

 "Creo, de hecho, que muchas de las rupturas del ritmo narrativo que caracterizan a gran parte de las grandes novelas del siglo XX proceden de la cultura árabe."

Tampoco podríamos definirla como un conjunto de aforismos o de historias dentro de otras, ni siquiera como oración vampírica o viaje iniciático o pesadilla-visión: ¿qué es Martillo?

Una estructura hipnótica de frases cortas que con la respiración adecuada quizá pueda pronunicarse en voz alta como recital poético o ritual chamánico (huelga decir que me abstuve: miedo al diablo al efrit al velo a la celosía a la violencia artaudiana y sobre todo a su invocación).

Un originalísimo compendio de ¿aforismos, reflexiones, diminutos eslabones narrativos, samplers de la literatura orientalizante?

Desde luego, pero: ¿se lee a gusto?  

Asombrosamente a gusto. Y escribo "asombro" porque este acompaña durante toda la travesía: callejuelas semánticas y narrativas de las que no podemos escapar, a la manera de un laberinto: siempre aparecemos en el mismo lugar.

Como el dibujo con el que se representa el campo magnético de la Tierra, y como no tengo conocimientos de física o de geofísica, enseguida lo relaciono con la lectura de esta ¿novela?

"Las cuales uno nunca sabe ni cuándo comienzan ni cuándo acaban, porque tienen la virtud de exterminar el tiempo, los minutos del ahorcado o la hora de los relojes, obligándonos a concentrarnos en su ritmo."