rumiar la biblioteca

lunes, 28 de agosto de 2017

Eduardo Halfon y la memoria

Eduardo Halfon, Duelo, Barcelona, Libros del Asteroide (2017)
http://www.librosdelasteroide.com/-duelo

Si acaso este libro trata sobre algo quizá sea sobre la memoria, sobre la falsedad de la memoria y la fragilidad de su construcción. También sobre un viaje al pasado, a los recuerdos que se encarnan como fantasmas en un escenario a veces tan onírico que enseguida acuden reminiscencias de Juan Rulfo.

"Y yo me convencí a mí mismo de que no los estaba engañando, de que no era mentira, de que esa versión de la historia alguna vez había sido verdad, al menos para mí."
Por lo demás, encontramos a Eduardo Halfon en estado puro: prosa meditativa y escritura de autoficción. 

lunes, 21 de agosto de 2017

Notas sobre la visita de Ngũgĩ wa Thiong’o a Barcelona


Ngũgĩ wa Thiong’o, Descolonizar la mente (1986), traducción de Marta Sofía López Rodríguez, Barcelona, Debolsillo (2015)
http://www.megustaleer.com/libro/descolonizar-la-mente/ES0139172

[Publicado en Liberoamérica el 15/08/2017]

Apunto algunas reflexiones sobre la conferencia de Ngũgĩ wa Thing’o en el CCCB. Fue como leer su libro Descolonizar la mente. Las mismas ideas. Me decepcionó un poco, porque el enfoque fue solamente político (en cuanto a la lengua). Yo pensaba que se explayaría algo más sobre cuestiones formales: texturas, sintaxis, relaciones semánticas-pensamiento, por ejemplo. Tiene un discurso marxista y antiimperialista. A primera vista uno está de acuerdo, no lo niego, pero con la lectura de Descolonizar la mente es más que suficiente como para seguir abundando en este aspecto.
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lunes, 14 de agosto de 2017

Bruce Bégout: el horror es un parque de atracciones

Bruce Bégout, Le ParK (2010), traducción de Rubén Martín Giráldez, Barcelona, Siberia (2014)
http://www.editorialsiberia.com/lepark.html

Parque de atracciones del espanto, Le ParK es un folleto informativo, una entrada de enciclopedia (a lo Borges), un texto periodístico, un prospecto de medicamento, tal vez una crónica de un lugar del que huir como de la peste o los campos de exterminio o de la más abominable celda de tortura. 
"¿Es un laboratorio al aire libre donde se ponen a prueba, a la vista de todos, las futuras prácticas de control social?"
Bégout utiliza un lenguaje frío como lo que describe: Le ParK está situado en una isla (a lo Bioy) a la que acuden algunos turistas que disfrutan del horror. Conocemos algunos casos (los pocos momentos verdaderamente narrativos del libro), como la historia de Leer, un hombre que llegó por una entrevista de trabajo y a quien le suceden cosas muy similares a las que se producen en Solaris; la historia de Lev, un hombre encerrado allí voluntariamente como prisionero, pues no sabe ni soporta vivir en lo Abierto, o la historia de Lady W., una señora a quien le atrae lo prohibido y el dolor, sobre todo el de los demás.
"Nunca un lugar ha dado la sensación de estar tan conectado con las emociones más sombrías del alma humana, como marchando al unísono."
Construido por un arquitecto llamado Licht con el dinero de un magnate ruso de nombre Kalt, este espeluznante parque de atracciones responde a una teoría bien particular: la neuroarquitectura, cuyas directrices conocemos porque podemos leer algunos fragmentos del libro Introducción a la neuroarquitectura, cuyo autor es el propio Licht. Tal vez sea la parte más interesante de todo el libro:



No sin humor del más negro, Le ParK describe toda la violencia de la que es capaz el hombre, toda la impunidad a la que nos enfrentamos como sujetos de un experimento social encaminado a construir robots a quienes ya no afectan no solo las reminiscencias del horror del pasado (Auschwitz, gulag, Guantánamo, etcétera), sino todo aquello producto de la imaginación que trabaja a favor de lo Oscuro y que, lamentablemente, está sucediendo en el mundo real.

lunes, 7 de agosto de 2017

Miguel Albero o cómo fracasar mejor

Miguel Albero, Instrucciones para fracasar mejor, Madrid, Albada (2013)
http://www.abadaeditores.com/libro.php?l=362#

¿Cansado del éxito en todo lo que se propone? ¿Harto de que todo le salga bien? No se preocupe, aquí tiene usted el antídoto: un libro que le ayudará a fracasar y conseguir siempre ese deseado resultado adverso.

Fracase usted a lo grande, fracase mejor, como decía Beckett. Pero ¿cómo va a hacerlo? Primero, piense en algo enorme, propóngase una empresa descomunal, no es plan de fracasar con menudencias. Segundo, acometa la empresa sin esperanzas de éxito pero con absoluto convencimiento:
"La falta de esperanza es crucial porque anula el efecto más pernicioso del fracaso, que no es otro que el desengaño, que a su vez segrega otro sentimiento deleznable, la frustración. El desengaño nace, como la propia palabra anuncia, de haber estado previamente engañado y ese engaño es precisamente el generado por la esperanza."
En tercer lugar, no se olvide de que su fracaso sea lo suficientemente visible, de que las personas a quien usted quiere y respeta le tengan por un auténtico fracasado.
 "Y si consigues no querer nada, entonces en efecto no fracasas, el fracaso no es una opción y por tanto nadie le dedica un ensayo, ni siquiera un aforismo. Porque si niegas el deseo, niegas el proyecto, niegas la posibilidad de fracasar porque nada te propones, más allá de esa misma negación."

lunes, 31 de julio de 2017

Margaret Atwood y el poliamor futurista

Margaret Atwood, Por último, el corazón (2015), traducción de Laura Fernández Nogales, Barcelona, Salamandra (2016)
http://salamandra.info/libro/ultimo-corazon

La última novela de Margaret Atwood, ambientada en un futuro cercano, nos presenta un mundo donde la inseguridad y la crisis económica han arrasado la dignidad de las personas. Charmaine y Stan, una pareja que ha perdido su casa, tiene que vivir en el coche y turnarse para dormir: los ladrones acechan constantemente.

Enseguida nos enteramos de que existe un proyecto de ciudad perfecta llamado Positrón. Allí las personas viven en libertad durante un mes y al siguiente son encarcelados, de modo que libres y presos se alternan y comparten casa, y todo resulta mucho más económico y lógico. Las experiencias se multiplican, nadie se queja, los que no encajan se eliminan. Es decir, Positrón es una de esas ciudades utópicas que dan tanto miedo, pues la perfección, aunque deseable, no existe.

Enseguida la novela, alocada como pocas, comienza a tomar rasgos de novela romántica, de enredos, de poliamor futurista:
"En esos momentos, Charmaine diría cualquier cosa. Lo que Max no sabe es que, en cierto modo, ya lo hace con los dos a la vez: esté con el que esté, el otro también está allí, invisible, participando, aunque a un nivel inconsciente. Inconsciente para él, pero consciente para ella, porque los lleva a los dos en la conciencia, con mucho cuidado, como si fueran delicados merengues, o huevos crudos, o crías de pájaro. Pero no cree que amarlos a los dos a la vez sea algo sucio: cada uno tiene una esencia distinta, y resulta que a ella se le da bien atesorar la esencia única de cada persona. Es un don que no tiene todo el mundo."
No sabemos si Atwood defiende la postura final, es decir, la elección del pasado por parte de la pareja ("El pasado es mucho más seguro, porque todo lo que tiene que ver con él ya ha ocurrido. No se puede cambiar y, por eso, en cierto modo, no hay nada que temer"), pero de lo que sí estaremos seguros al cerrar el libro es de que la parodia campa a sus anchas (parodia de la novela romántica, del amor como constructo cultural, de la cirugía estética y el ansia de juventud eterna, del deseo y su manipulación). Recordemos que toda parodia, además, pretende meter el dedo en la llaga, y Atwood siempre lo consigue con desparpajo, una prosa brillante e irónica, su irreverencia y un filoso sentido del humor. 

lunes, 24 de julio de 2017

William Gaddis, Italo Calvino, Walter Benjamin y el autómata

Italo Calvino, Punto y aparte,
traducción de Gabriela Sánchez Ferlosio,
Madrid, Siruela (2013)
En "Cibernética y fantasmas (Apuntes sobre la narrativa como proceso combinatorio)", Italo Calvino se pregunta qué estilo literario tendría un autómata, y llega a la conclusión de que sería uno clásico, aunque evidentemente cada cierto tiempo el autómata debería variar el estilo para renovar la literatura mediante un proceso combinatorio (no muy diferente del que sigue un autor, salvo que este último se sirve de la intuición y corta por atajos cuando, suponemos, el autómata se serviría de la totalidad de combinaciones posibles de un corpus dado). Sin duda, reflexiona Calvino, el papel relevante en el hecho literario (si obviamos la confección humana) quedaría relegado al lector. Primero, para decidir cuál de todas esas combinaciones es la "adecuada". Segundo, porque la literatura en sí sigue siendo un asunto de la conciencia humana que difícilmente puede interesar a una máquina. 

Walter Benjamin,
La obra de arte en la época de su
reproductibilidad técnica
,
traducción de Andrés Weikert,
México, Ítaca (2003)

Ya decía Walter Benjamin, refiriéndose a la fotografía:
"Con esta, la mano fue descargada de las principales obligaciones artística dentro del
proceso de reproducción de imágenes, obligaciones que recayeron entonces exclusivamente en el ojo."
También argüía que el arte reproducido (o construido por máquinas) pierde su aura. Esto que parece tan místico, Benjamin lo defendía con los siguientes argumentos: la obra ya no es única; da un poco igual cuál fue la primera obra de donde se tomaron las copias; no importa si la obra ha salido ya del ámbito de culto; tampoco tiene sentido preguntarse (si nos atenemos a la literatura) con qué materiales trabajó el autómata: ¿se trata de fragmentos de otras obras? ¿Se trata de copiar el fraseo de la sintaxis, de insertar allí otras palabras siguiendo una lógica gramatical y semántica? 

*
De algo relacionado con esto se lamentaba el narrador de Ágape se paga, de William Gaddis, cuando se refería al invento de la pianola:
William Gaddis, Ágape se paga,
traducción de Miguel Martínez-Lage,
México, Sexto Piso (2008)
"El azar y el desorden campan a sus anchas y se llevan todo por delante y este sistema binario, máquina digital, con su rollo de papel que se lo juega al todo o nada y que es la que defiende el fuerte, sí, era el fuerte, todo el asunto consistía en ordenar y organizar y eliminar el azar, eliminar el fracaso, como si fuera un gravísimo defecto de carácter y como si en eso y nada más consistiera la tecnología, música entretenimiento contabilidad, contabilidad, hace setenta años un gran pianista registró un rollo de papel coordinando sus manos y pedaleando en la quincuagésima parte de un segundo, 1926, y una empresa lo comercializó y llegó a vender diez millones de rollos y todo termina por ser un tebeo, el gentío que se apiña ahí fuera crash bang y asalta las puertas en busca del placer la democracia salta los muros aterroriza a la élite que ha encontrado su rinconcito de entretenimiento de clase alta ya cuando María Antonieta y la toma de la Bastilla con este, sí, aquí está este, un anuncio alemán de 1926 que es el que aguanta prietas las filas en defensa de la clase, allá que van, aquí que vienen, 'una clase de personas aún más numerosa que no consigue que funcione con éxito el tipo habitual de pianola, porque carecen de un sentido preciso de los valores musicales. No tienen 'oído musical', y por esa razón tocan atrozmente en pianos provistos incluso de pianolas internas de grado aún mejor", ¿hablamos de lo que es la clase?, ¿de la defensa de estos elitistas amantes de la música? No, aquí no, aquí no se habla más que de lo que se habla siempre. ¡Las ventas!"
¿Habrá máquina capaz de reproducir un estilo como este? ¿Este estilo no es acaso un juego de intenciones (el tono: apasionado, quejoso, algo cínico) sumado a una sintaxis desordenada, tal vez mediante un arte combinatoria a la manera de un autómata? (Recordemos que Los reconocimientos, novela monumental, parece construida por retazos o citas o referencias a otras novelas.) Obviemos el asunto social que el narrador de Gaddis inserta en su discurso como problemática de la reproductibilidad. Naturalmente, el autómata podría injertar el discurso social como elemento combinatorio. Diremos, entonces, que es un panfleto de defensa del autor como hacedor. También el autómata, según la combinatoria, podría defender al autor, incluso podría defenderse a sí mismo, arguyendo que él también se sirve del azar (y sería cierto) y que es capaz de fracasar (aunque de esto no se daría cuenta sin la ayuda del lector). 

Tal vez el fracaso sea la medida (y también el límite) de toda obra de arte. Tal vez el fracaso sea el asunto más relevante de la teoría de la recepción.