rumiar la biblioteca

lunes, 26 de diciembre de 2016

Damián Tabarovsky o cómo narrar post-desaparecidos

Damián Tabarovsky, El amo bueno, Buenos Aires, Mardulce (2016)
http://www.mardulceeditora.com.ar/ficcion.php

[Publicado en Revista de Letras el 23/12/2016]
“Es difícil oponerse al amo bueno, la violencia que ejerce ya no es violenta, al contrario, es una violencia pacífica, la fuerza tranquila, el método del diálogo, el consenso hueco, la conversación como horizonte último de la época.”
Que nadie se espere de El amo bueno de Damián Tabarovsky (Buenos Aires, 1967) una novela al uso, es decir, una novela como un espejo a lo largo del camino. Aquí hay espejo pero está dentro del discurso. O también: un espejo refractado y enseguida reconstruido de varias cosas: el pensamiento, la memoria, el lenguaje, varios fantasmas de la historia. El amo bueno es la narración de un discurso reflexivo (en el sentido de reflexión pero también de reflejo). Esto es: un devenir más bien ensayístico de ciertos pensamientos que van hilándose como se hilan los devaneos: por vasos comunicantes, por recurrencias, por contraposición.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Zia Haider Rahman o la luz que nos deslumbra

Zia Haider Rahman, A la luz de lo que sabemos (2013), traducción de Vicente Campos, Barcelona, Galaxia Gutenberg (2016)
http://www.galaxiagutenberg.com/libros/a-la-luz-de-lo-que-sabemos/

[Publicado en Revista de Letras, 07/12/2016]



Un exiliado ―dijo Zafar―,
es un refugiado con una biblioteca.
 

A la luz de lo que sabemos es el debut de Zia Haider Rahman (1971), nacido en Bangladesh y afincado en Reino Unido, novela enorme, novela total, novela enciclopédica, que ha recibido una excelente acogida en Inglaterra y que ahora nos llega publicada por Galaxia Gutenberg.

Sabemos que el narrador, un pakistaní de clase alta, en medio de una crisis matrimonial, acaba de encontrarse en su casa con un antiguo amigo y compañero de estudios, Zafar, a quien le ha costado reconocer, pues su aspecto es el de un pordiosero. ¿Qué ha pasado con su amigo durante todos esos años? De eso, precisamente, trata la novela. El narrador invita a su amigo a que se quede unos días para que le cuente qué le ha ocurrido, y enseguida se despliega un torrencial ejercicio de la memoria, esa construcción tantas veces defectuosa, enriquecida y deformada. Zafar describe la memoria así:

lunes, 12 de diciembre de 2016

Ishmael Reed o la novela como encantamiento

Ishmael Reed, Mumbo Jumbo (1972), traducción de Inga Pellisa, Prólogo de Juan Francisco Ferré, Barcelona, La fuga ediciones (2016)
http://www.lafugaediciones.es/mumbo.html

Novela-rompecabeza con fotos y citas y recortes de periódicos, carnaval lindy hop dionisíaco y tam-tam satírico-irónico de carcajada sabia siempre, es decir, una novela que encanta como la magia y nos hipnotiza como lo haría un mago vudú o hudú que viene a ser vudú pero de Estados Unidos, un mago bueno de bondad universal y no un hechicero de tres al cuarto. Una novela por momentos obra de teatro. Una novela con reminiscencias William Gaddis.

Leí Mumbo Jumbo con Randy Weston en la cabeza, con esta canción por ejemplo como un "Libro de recetas" (déjenla que suene mientras tanto)...



 

... y nada de Cotton Club y Louis Amstrong y Duke Ellington aunque tanto uno como el otro y todos los que van en medio saben bien lo que es el Jes Grew. ¿Ustedes saben lo que es? El Jes Grew es el protagonista verdadero de Mumbo Jumbo. Algo que todos persiguen: unos para tenerlo, otros para destruirlo. El Jes Grew es lo dionisíaco, la fiesta, el carnaval, la música, la sexualidad, todo eso prohibido por los adoradores del sol, desde Akenatón en adelante incluidos todos los practicantes de las religiones monoteístas.

El Jes Grew es una epidemia que asola a Estados Unidos y que parece que ha cruzado el charco y se está instalando también en Europa. Diremos que Mumbo Jumbo es un policial: Hay un detective psicomago que lleva la Katedral Mumbo Jumbo adonde todos van a bailar, PaPa LaBas; un enemigo del Jes Grew y editor templario, Hinckle Van Vampton; unos cazadores de obras de arte robadas por Occidente y expuestas en todos los museos de las capitales (ya saben cuáles), los Mu'tafikah; el telón de fondo de la guerra de ocupación de Haití por Estados Unidos; un libro secreto, el Libro de Tot, "la primera antología escrita por el primer coreógrafo", es decir, el libro que contiene las enseñanzas de Osiris: precisamente el que explica qué es eso del Jes Grew, eso que viene invadiendo y contagiando primero a los negros, después a los blancos:
"El Jes Grew es Algo que llevó a Charlie Parker a escalar los Everest del Acorde. Frasear volar derrapar desplomarse despegar y mandar a su Saxo Alto vaya con Dios. El Jes Grew que tocó el Saxo Tenor de John Coltrane, que tiñó la voz de Otis Redding y empujó a Black Herman a escribir un diccionario de los Sueños que habría sido la envidia de Freud. El Jes Grew es ese maníaco que el artista lleva dentro y que prefiere la glosolalia a ser 'claro, ordenado o lúcido'."
El Jes Grew es eso que queda sonando cuando cerramos el libro, una música, la carcajada, la fiesta cuando la recordamos después en la duermevela y hasta nos avergonzamos. Naturalmente que Mumbo Jumbo tiene Jes Grew o está tan cerca de ese libro perdido y por todos buscado, el libro mágico, porque nos contagia desde la primera página. Asistimos a una lectura-fiesta, hipnotizante, sabia, irónica como el coro del teatro griego. Una fiesta a la que ir para quedarse.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Constanza Ternicier o la literatura como despertar

Constanza Ternicier, La trayectoria de los aviones en el aire, Barcelona, Comba (2016)
https://www.editorialcomba.com/catalogo/libros/narrativa/la-trayectoria-de-los-aviones-en-el-aire/

Amaya Tripet, una chilena que estudia en Barcelona, acaba de despertar en un hospital londinense. Sus padres están ahí, en la habitación, aunque recuerda que están divorciados. ¿Qué hace allí, en Inglaterra? Lo último que viene a su memoria es que había ido a pasar unos días de vacaciones, un fin de semana low cost
Intercalando capítulos en segunda y en tercera persona, asistimos al despertar de un colapso nervioso que la dejó en coma. Amaya recuerda y nosotros con ella: que está estudiando en Barcelona, que acaba de comenzar una relación amorosa con su compañero de piso. Lee a escondidas algunas anotaciones de su padre, sabe que ellos quieren llevarla de regreso a casa, pero a ella no le gusta la idea.

De prosa envolvente y rítmica, cada capítulo dispone de su propia canción, su banda sonora. Y al final, una advertencia: la locura no es necesariamente sinónimo de genio creador.

"Amaya había leído que Cioran, con su pesimismo que llega a dar risa, en la Rumanía de los años veinte, aspiraba a tener sífilis para obtener la gloria literaria. La enfermedad estaría compensada por una genialidad hiperproductiva, por la sobreactividad mental que le permitiría producir a mil, y luego se hundiría en la locura. ¡Qué tontería más grande! Si cuando te estás volviendo loco, piensa Amaya, no puedes ni escribir. Apenas leer. Estás paralizado, sumido en el horror de perderte para siempre. Y eso no tiene nada de genial."

lunes, 28 de noviembre de 2016

Rubem Fonseca y el noir metaliterario

Rubem Fonseca, Vastas emociones y pensamientos imperfectos (1988), trad. de Mario Merlino, Santiago, Tajamar (2008)
http://www.tajamar-editores.cl/titulo/114

La historia de un director de cine que se ve envuelto en un entramado de contrabando de joyas y que estudia minuciosamente a Isaak Bábel, pues está preparando un guión de Caballería roja... La novela podría resumirse así, pero contada con un ritmo veloz, descuidado (su prosa es socarrona, directa, a veces cruel y siempre humorística) y trepidante, intercalando tramas sin demasiadas explicaciones y llevándonos desde el policial al ensayo político sobre la URSS hasta la crítica literaria con la literatura rusa en primer plano, con viaje a Berlín y espionaje incluido. 

“Bábel se había convertido en una idea fija. Yo sabía que solo un admirador obcecado, lo que ciertamente no era, se quedaría pegado con un escritor como me ocurría a mí con Bábel. O si no un loco. Cuando filmé La guerra santa me interesé profundamente por Euclides da Cunha, pero de una manera lúcida, que me permitía percibir las grietas del escritor, del pensador. Sin embargo Bábel me parecía perfecto. La idea de la perfección, tanto como su búsqueda, es una utopía de soñadores. Sí, yo era un soñador que soñaba de una manera extraordinaria, pero seguramente no era un loco, en el sentido psiquiátrico convencional. Yo era singular (todas las personas son singulares), tal vez raro, pero no loco.”

Leída después de la socarrona y revanchista historia de “El cobrador”, lo único que había leído de Rubem Fonseca y que entendí como la manifestación exagerada pero manifestación al fin (¡y por fin!) del deseo de todo latinoamericano harto de la bota en la cara, diré que simpatizo y hasta recomiendo echarle un ojo a este brasilero que trabaja quizá a la par y con los mismos intereses de Ricardo Piglia pero, por supuesto, de otra manera. ¿Cuál? Más directa, menos meditativa o sofisticada, más violenta, con más rasgos noir, o al menos con esas señales expuestas de forma más explícita. Trabaja con tramas intercaladas, pinceladas de erudición, algo de pensamientos o vastas emociones con surrealismo, y siempre el suspense, la intriga como hilo conductor.
“—En el caso de Caballería roja el estilo de la película será lo más importante. Bábel, en una conversación con su biógrafo, Paustovski, dijo que una historia podía hacerse solo de estilo, sin contenido, trama o suspense. Claro que exageraba, sus historias tienen trama y suspense, cualquiera de ellas puede contarla oralmente, sin perder la fascinación, un contador de cuentos en una plaza pública. Pero sobre todo los cuentos de Bábel tienen estilo. Este es un desafío que tengo que enfrentar.
—Pero ¿qué es estilo? —preguntó Veronika de manera hostil.”


lunes, 21 de noviembre de 2016

La novela deejay V


Si imaginamos un destino de la literatura similar al destino de la música, en el sentido en el que hoy aplaudimos y celebramos y adoramos al deejay como si de una estrella de rock o de un concertista virtuoso o de un afamado compositor se tratara, y celebramos su trabajo, es decir, el de poner discos, como arte, o mejor dicho, celebramos su collage y su mixtura y su capacidad de navegar por el tiempo y la tradición, de hacer tremolar el tiempo sobre diferentes bases, y extrapolamos el fenómeno al libro, o mejor, al libro electrónico, y pensamos que el escritor dejará de ser ese juntapalabras o el que busca estilo y construye una escritura, y que su función se habrá desplazado hacia un diseñador-maquetador con talento, con conocimientos de programador, que fabrique collages y corta-pegas y links de navegación por las grandes obras de todos los tiempos y aplaudamos su trabajo, lo celebremos como gran hacedor de los tiempos por venir, y colaboremos para que pueda ganarse la vida con mucha mayor soltura que un escritor, porque tal y como dicen algunos, y no sin razón, con semejante tradición para qué escribir o reescribir, o contestar y dialogar con esa tradición, quizá sea suficiente con manipularla y fragmentarla y servirnos de ella para contar la historia que queramos, para seguir ejecutando el hecho literario.

Por ejemplo, yo podría continuar con el montaje de una autobiografía in progress, que ya comenzara con el post La novela deejay, La novela deejay II, La novela deejay III y La novela deejay IV utilizando un framento de la novela El jardín de al lado de José Donoso como fotografía de la inmigración latinoamericana (en la que me incluyo), foto que acumula capas de años y sigue asombrosamente parecida: