rumiar la biblioteca

lunes, 17 de julio de 2017

Tatiana Goransky o narrar con banda sonora

Tatiana Goransky, Fade out, Barcelona, Comba (2017)
https://www.editorialcomba.com/catalogo/libros/narrativa/fade-out/

Existen novelas con banda sonora, pero pocas que narren a partir de una banda sonora. Aquí no hay peripecia con música de fondo, sino que la narración avanza a través de la música, con injertos de letras de canciones, de estilos musicales que significan tanto como las palabras, y es a partir de estos elementos que la novela va desarrollándose.

Lo cierto es que estamos ante una novela musical en muchos aspectos:
1. La banda sonora que narra.
2. Tres voces, tres narradores (Kumiku, Renata y el escritor fantasma), es decir, una novela coral, y a la vez, una novela puzle, pues somos los lectores quienes tenemos que armarla.
3. La novela avanza por variaciones: una misma escena es contada desde distintos puntos de vista (esos tres narradores) o con materiales distintos (cartas, diarios, recuerdos, etcétera), de manera similar a como trabaja el jazz.

Pero a pesar de toda esa música, el objetivo que persiguen las protagonistas de este libro es llegar al silencio, quedarse en silencio, producir silencio.
"La búsqueda de producción de silencio es la base de este libro."
Fade out trata sobre tres mujeres pertenecientes a tres generaciones diferentes que buscan el silencio. Dos de ellas tienen una extraña capacidad: la de emitir música por sus oídos, como radios ambulantes. La tercera es muda. Algo hay aquí de realismo delirante, confesó la autora en alguna entrevista. Desde luego que el tono general es humorístico: es tan absurdo lo que se nos cuenta que la seriedad con que se trata desencadena la risa.
Por detrás, la trama del amor, la que sostiene toda la novela. El amor romántico, pero también el amor maternofilial. 

¿El amor es silencio?
"Estar en silencio, hacer silencio, producir silencio, ser silencio. Formas distintas de estar presente, de no mirar hacia el pasado ni el futuro. Así como el sonido teletransporta, el silencio nos da la capacidad de quedarnos donde estamos."


 

lunes, 3 de julio de 2017

Jorge Wagensberg y Carl Jung: hormigas y malentendidos

Jorge Wagensberg,
Toería de la creatividad,
Barcelona, Tusquets (2017)
Jorge Wagensberg desarrolla en este libro un concepto muy interesante, al que denomina Síndrome del Malentendido Colectivo, es decir, cuando un grupo de individuos similares se ponen de acuerdo para construir una nueva individualidad colectiva, y esto se produce cuando la probabilidad de supervivencia para tal especie es mayor como colectividad que como individuos aislados. Pero a menudo se producen malentendidos colectivos fuera del sentido común (piénsese, por ejemplo, en xenofobia), y Wagensberg lo ilustra con un curioso caso, el de remolinos de hormigas. Copio aquí una larga cita para explicarlo:
"Un caso muy espectacular es el fenómeno de los llamados remolinos de hormigas. Aunque el fenómeno es raro, suele suceder con especies de hormigas ciegas que se orientan casi exclusivamente por el rastro de feromonas que otros individuos de la colonia dejan en el suelo durante sus desplazamientos [...]. En condiciones normales se forman las típicas procesiones de hormigas que han salido del nido en busca de comida o que están regresando a él. Sin embargo, aunque es ciertamente poco probable, en ocasiones se observa un comportamiento patológico que consiste en que un grupo de individuos mueren exhaustos. [...] La desactivación del buche es mucho menos probable que su activación, por lo que, finalmente, el remolino puede acabar incluso separándose de la ruta original y el extraño (y aparentemente sin sentido) círculo vicioso persistirá tenazmente hasta el agotamiento total. Es un buen ejemplo de lo que Ilya Prigogine llamó en su día order through fluctuations, o de cómo un caos local arrastra a un sistema hacia un nuevo orden global [...]."
 Añadamos ahora un párrafo sobre hormigas que encontré en el libro Sincronicidad de Carl Jung. El concepto de sincronicidad se refiere a la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero no de manera causal (causa-efecto), sino de manera azarosa o por "casualidad". Jung también elige a las hormigas para ilustrar el asunto:
"Cogemos tres cajas de cerillas y ponemos 1.000 hormigas negras en la primera, 10.000 en la segunda y 50 en la tercera, y una hormiga blanca en cada una de ellas; cerramos las cajas y hacemos un agujero lo suficientemente pequeño como para impedir que salga más de una hormiga a la vez. La primera en salir, de cada una de las tres cajas, es siempre la blanca."
Las hormigas también esclavizan a otras especies a fin de que trabajen para ellas, se suicidan si la colonia corre peligro, construyen balsas vivientes para cruzar cursos de agua. Tal vez deberíamos adjudicarnos la mentalidad de los insectos para comprender ciertos comportamientos gregarios. Como dice Wagensberg:
"Lamentablemente los malentendidos se difunden mucho mejor que los bienentendidos y quizá sea por eso por lo que la palabra malentendido es tan frecuente, mientras que bienentendido ni siquiera existe aún como palabra. El Síndrome del Malentendido Colectivo también contribuye a establecer los límites del así llamado sentido común."
 

lunes, 26 de junio de 2017

P. L. Salvador: disparate con gigoló

P. L. Salvador, Nueve semanas, prólogo de Constantino Bértolo, Oviedo, Pez de Plaza (2016)
http://www.editorialpezdeplata.com/nueve-semanas.html

Bloss Ñejer es un gigoló, es decir, un hombre que vive de las mujeres, un mantenido. La historia que se nos cuenta, narrada a varias voces y en formato de diario, es el periplo de nueve semanas (de ahí el título) de una relación entre el mencionado gigoló y una escritora, Dedé, hija de un editor de posición acomodada. Una historia de enredos, al fin y al cabo, una comedia romántica de escritores, escritores-fantasma, escritores-trepa, editores y mucho sexo como moneda de cambio.

El tono es socarrón, divertido, desenfadado, macarra. La sintaxis, entrecortada, abrupta, con juegos de palabras algo musicales (repeticiones, variaciones, etcétera), con aire Cabrera Infante, con abundancia de diminutivos y atención en el lenguaje.

"Asiento con disgusto. Mi madre siempre consigue que me sienta mal (y asienta peor). Lo que digo, ya escribo como el tipo ese. Empiezo a pensar que estoy robándole el estilo (es-ti-la-zo). Porque él no tiene ninguna posibilidad... ¡Ladrona! Y pensar que nosotros (nos) somos la crema-cremita (cremosa) de la sociedad. Los dioses del nepotismo. Panza satisfecha y sonrisa jactanciosa. Movemos los hilos. ¡Danzad, marionetas!"

Constantino Bértolo, autor del prólogo de la novela que nos ocupa, la define como novela-disparate y novela-antidecoro, emparentada con la tradición picaresca y quijotesca e incómoda, donde nunca se olvida tampoco la denuncia social. 

¿Quiénes serán sus lectores? Aquellos que no teman enfrentarse a lo políticamente incorrecto, a lo incómodo, al machismo exacerbado, al dedo que señala lo evidente: siempre somos esclavos de alguien, siempre existe un amo un escalón más allá. 

"Y fui un escritor rechazado-rechazado, mil veces ¡rechazado!, por no encajar, por desconocido, por estar lejos (no me dijeron de qué o de dónde), por mediocre (deberían haber dicho [¿para qué andar con tapujos?]), por ser un don nadie, pero sabía que no leían mis obras, que harto de recibir rechazos empecé a pegar hojas, con una gotita de pegamento, y no las despegaban, ¡no las despegaban porque no llegaban siquiera a la página cinco!, eso en el caso de que las abrieran, y no sabía 'por qué demonios las aceptaban', bueno, sí lo sabía, si bien me resistía a creerlo, para cubrir las apariencias (pavor tenían de que el gran público se enterara [o enterase] de que ¡nada más!, publicaban aquello que les interesaba), aunque, sin embargo, las agencias editoriales sí estaban descubriendo su juego, pues en ese momento ¡solo una!, aceptaba originales, y (yo) podía probar que los devolvía a los ocho días (8), como si en una semana (semanota) se pudiera juzgar un manuscrito (larguísimo), aunque ellos hubieran dicho, claro está, que, nada más recibirlos, los examinaban (bien examinaditos), pero eso es (y siempre será) palabrería que mueve a la risa (o al llanto)."

lunes, 19 de junio de 2017

Maurice Blanchot y la soledad del escritor

Maurice Blanchot, El espacio literario (1955), traducción de Vicky Palant y Jorge Jinkis, introducción de Anna Poca, Barcelona, Paidós (2000)
https://www.planetadelibros.com/libro-el-espacio-literario/19009

Cosas que escribió Maurice Blanchot a propósito de la soledad del escritor:

1. "El escritor nunca sabe si la obra está hecha." Digamos que la da por terminada, pero solo cuando la abandona. Abandonar es sinónimo aquí de terminar y también de continuar en otro libro lo que aún no ha quedado escrito en el libro anterior.

2. "El escritor nunca lee su obra." Sabemos que la lectura es tan creativa como la escritura, es decir: el lector construye la obra al leerla, la hace posible, la revive, la actualiza. ¿Cómo hará el escritor para llevar a cabo semejante tarea de desdoblamiento simultáneo? El escritor en realidad es incapaz de leerse a sí mismo, pues no lo tiene fácil para construir su propia obra desde el otro extremo del hecho literario.

3. "Escribir es hacerse eco de lo que no puede dejar de hablar." Aquello que se llama tono, la voz de la obra, no es exactamente el yo del autor. Es otra cosa. El escritor, para escribir, ha de despojarse del yo y prestar oídos a la voz que habla por él. Sin duda aquí Blanchot, a quien podríamos definir como el eslabón entre el concepto romántico y el formalista a la hora de pensar la escritura, se acerca bastante a la noción del escritor como médium.

4. "Escribir es entregarse a la fascinación de la ausencia del tiempo." El espacio donde se crea la obra es de una soledad esencial, no solo en el sentido de recogimiento, de apartarse del mundo y de los demás, sino en el sentido precisamente de apartarse a sí mismo para dar voz al tono que exige la obra. Toda esta fenomenología tan complicada de comprender para quien no escribe resulta evidente para quien tenga la experiencia de la escritura. El tiempo, en este espacio, es un tiempo (y un espacio) que hoy podríamos llamar "universo paralelo". Algo de esquizofrenia. Algo de realidad virtual. De modo que el escritor no está solo únicamente por falta de compañía, sino que está solo después de apartar su yo para dar paso a esa otra voz que llamamos tono.

De más está decir que todo este proceso de despojamiento del yo y de incertidumbre es absolutamente placentero para el escritor. 

lunes, 12 de junio de 2017

Carson McCullers es verdad

Carson McCullers, El aliento del cielo, prólogo y comentarios de Rodrigo Fresán, traducciones de José Luis López Muñoz y María Campuzano, Barcelona, Seix Barral (2007)
https://www.planetadelibros.com/libro-el-aliento-del-cielo/13129

Carson McCullers es amor, dice Rodrigo Fresán en el prólogo de esta recopilación de todos los cuentos y tres de sus novelas, divertidísimas, por cierto: Reflejos en un ojo dorado, La balada del café triste y Frankie y la boda. Ella habla del amor, al fin y al cabo, pero también: de epifanías que sobrevienen en la edad de la adolescencia, de parejas venidas a menos aficionadas al alcohol, del fracaso, de la emoción, de la injusticia del racismo, de las miradas de aquellos que saben.
"Existe un tipo de personas que tienen algo que las dintigue de los mortales corrientes; son personas que poseen ese instinto que solamente suele darse en los niños pequeños, el instinto de establecer un contacto inmediato y vital entre ellos y el resto del mundo." (La balada del café triste)
"Habló con gente de la calle y una vez más percibió aquella inexplicable conexión entre sus propios ojos y los de los demás." (Frankie y la boda)

Impresiona leer (a veces releer) una buena cantidad de sus textos de seguido: la capacidad de entretejer verdadera emoción y fina ironía, con cierto desparpajo de tanto en tanto. Cada vez que leo ese cuento que tal vez sea uno de los mejores cuentos de todos los tiempos, "¿Quién ha visto el viento?", ese que narra una noche de un escritor fracasado en todos los sentidos (no consigue escribir una tercera novela, su matrimonio se desmorona irremediablemente), me sobreviene la idea de verdad: cómo escribir la verdad, ironía y emoción a un tiempo.

Carson McCullers es amor, pero también: Carson McCullers es verdad.



“―Talento ―dijo con amargura―. Un talento pequeño, de un solo relato…, eso es la cosa más traicionera que Dios puede conceder. Trabajar y trabajar, con esperanza, con fe hasta que la juventud se consume… He visto esa situación demasiadas veces. Un talento pequeño es la mayor maldición divina.

―Pero ¿cómo sabe que tengo un talento pequeño, cómo sabe que no es grande? No lo sabe, ¡no ha leído nunca una sola palabra de lo que he escrito! ―protestó el otro lleno de indignación.

―No pensaba en usted en particular. Hablo de manera abstracta.” ("¿Quién ha visto el viento?")

lunes, 5 de junio de 2017

La novela deejay VII

Si imaginamos un destino de la literatura similar al destino de la música, en el sentido en el que hoy aplaudimos y celebramos y adoramos al deejay como si de una estrella de rock o de un concertista virtuoso o de un afamado compositor se tratara, y celebramos su trabajo, es decir, el de poner discos, como arte, o mejor dicho, celebramos su collage y su mixtura y su capacidad de navegar por el tiempo y la tradición, de hacer tremolar el tiempo sobre diferentes bases, y extrapolamos el fenómeno al libro, o mejor, al libro electrónico, y pensamos que el escritor dejará de ser ese juntapalabras o el que busca estilo y contruye una escritura, y que su función se habrá desplazado hacia un diseñador-maquetador con talento, con conocimientos de programador, que fabrique collages y corta-pegas y links de navegación por las grandes obras de todos los tiempos y aplaudamos su trabajo, lo celebremos como gran hacedor de los tiempos por venir, y colaboremos para que pueda ganarse la vida con mucha mayor soltura que un escritor, porque tal y como dicen algunos, y no sin razón, con semejante tradición para qué escribir o reescribir, o contestar y dialogar con esa tradición, quizá sea suficiente con manipularla y fragmentarla y servirnos de ella para contar la historia que queramos, para seguir ejecutando el hecho literario.

Por ejemplo, yo podría continuar con el montaje de una autobiografía in progress, que ya comenzara con el post La novela deejay, La novela deejay II, La novela deejay III, La novela deejay IV, La novela deejay V y La novela deejay VI utilizando un fragmento de El corazón es un cazador solitario de Carson McCullers para explicar qué es exactamente mi "cuarto interior":