rumiar la biblioteca: enero 2026

lunes, 26 de enero de 2026

David Aliaga o el deseo de la memoria

 

David Aliaga, La lengua herida, Avinyonet del Penedès, Candaya (2025)

https://candaya.com/libro/la-lengua-herida/

P. Coen, un dibujante de cómics, viaja a México en busca de su abuelo, un emigrado judío que recayó allí escapando de los nazis. Pero ¿es posible encontrar los rastros de la memoria cuando el tiempo y la interpretación tergiversan todo relato? Tal vez en eso consiste la búsqueda, en ser capaz de tirar de uno de los hilos para tejer la narración que consiga ayudar a entendernos a nosotros mismos.

"Lo contrario al relato siempre erosionado, incluso con sus muescas y grietas, es la desaparición. Tarde o temprano. Y ni siquiera el papel timbrado de los archivos implica eternidad, por más que sea deforme y limitada [...]. Siempre puede venir la noche y traer antorchas, hacer arder los registros, extinguir con ellos tantas memorias contenidas en el rastro material de nuestro paso por la tierra. Por eso uno le concede a cualquier forma de fijar el recuerdo que exija su diezmo de olvidos."

La lengua herida es ante todo un vaivén de la memoria: el protagonista está en la acción, pero también (sobre todo) en el tejido de su mente cavilando recuerdos, atando cabos sueltos. La novela se construye así entre reflexiones que destilan nostalgia y anhelo: el deseo de la memoria y la necesidad de comprender de dónde venimos.

"[...] ser judío consiste, también, en sostener una particular tensión con el lenguaje, aprender a forcejear con la paradoja de que callar sobre uno mismo entraña tanto riesgo como hablar."

lunes, 12 de enero de 2026

Jimena Néspolo o cómo se aprende una lengua

 

Jimena Néspolo, Cuando florezcan los agapantos, Buenos Aires, Batata libros (2025)

https://batatalibros.tiendanegocio.com/producto/p2162234/cuando-florezcan-los-agapantos-jimena-nespolo

Hay un historiador que está investigando el movimiento de curas de izquierdas en la época de las dictaduras latinoamericanas de los setenta, y llegan a sus manos tres cuadernos escritos por la hermana de un cura que participó en esos movimientos muy de cerca. Pertenecen a una emigrada polaca y los vamos leyendo justo al revés del orden cronológico. Cuadernos que son diarios de una mujer que lo único que tiene es la palabra. Un lenguaje, por lo demás, que tiene que ir conquistando poco a poco, con esfuerzo.

“Al finalizar la transcripción del último cuaderno, sucedidas varias semanas desde que se impuso la tarea de copiar, tiene la certeza de que se ha operado un cambio en su persona: no es el mismo que los recibió, hace casi treinta años. A diferencia de otras lecturas, esta vez, ha sopesado el modo en que estos pliegos certifican, con una proximidad inusitada, la adquisición de una lengua, como si en su mismo ser se hubiera sucedido –transmigración mediante– un acontecimiento similar. Tres cuadernos, tres cortes operados en el tiempo, sobre el que Leonarda desarrolló su vida.”

La lectura se torna entonces una pesquisa: leemos del mismo modo que el periodista, descubrimos como si fuéramos él.