Jimena Néspolo, Cuando florezcan los agapantos, Buenos Aires, Batata libros (2025)
Hay un
periodista que está investigando el movimiento de curas de izquierdas en la
época de las dictaduras latinoamericanas de los setenta, y llegan a sus manos tres cuadernos
escritos por la hermana de un cura que participó en esos movimientos muy de
cerca. Pertenecen a una emigrada polaca y los vamos leyendo justo al revés del
orden cronológico. Cuadernos que son diarios de una mujer que lo único que
tiene es la palabra. Un lenguaje, por lo demás, que tiene que ir conquistando
poco a poco, con esfuerzo.
“Al finalizar la transcripción del último cuaderno, sucedidas varias semanas desde que se impuso la tarea de copiar, tiene la certeza de que se ha operado un cambio en su persona: no es el mismo que los recibió, hace casi treinta años. A diferencia de otras lecturas, esta vez, ha sopesado el modo en que estos pliegos certifican, con una proximidad inusitada, la adquisición de una lengua, como si en su mismo ser se hubiera sucedido –transmigración mediante– un acontecimiento similar. Tres cuadernos, tres cortes operados en el tiempo, sobre el que Leonarda desarrolló su vida.”
La lectura se torna entonces una pesquisa: leemos del mismo modo que el periodista, descubrimos como si fuéramos él.

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