rumiar la biblioteca: La edad infinita
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lunes, 9 de febrero de 2026

Miriam Reyes y la condición emigrada

 

Miriam Reyes, La edad infinita, Madrid, Tránsito (2025)

https://editorialtransito.es/libro/la-edad-infinita/

Poner a la niña en el escenario de la desautomatización: esa niña que cambiaron de país, que tuvo que convertirse en otra, que fue señalada por diferente y necesitó adaptarse y jugar con inteligencia sus cartas. Esa niña que no la pasó del todo bien en el proceso y que, cuando por fin se amoldó, el nuevo país, Venezuela, se vino abajo y mejor marchar de tanta inseguridad, porque ser una mujer joven en latinoamérica no es nada fácil (creo que todas las mujeres latinoamericanas valoramos la seguridad de la noche europea). Pero sobre todo narrar la condición emigrada, la condición anfibia, esa condición incomprensible para quienes no la experimentan en carne propia. Ser persona sin una sola nacionalidad, sin sentimiento de pertenencia demasiado claro, y a la vez ser capaz de emocionarse con ambas culturas. 

"En todos los sitios a los que llega es una niña nueva. Antes no existía. Ahora, además de en la categoría 'niña', es clasificada en la categoría 'extranjera'. Extranjera o procedente de un país o lugar lejano y percibido como muy distinto del propio. Extraña, chocante, extravagante. No muy remota y benigna, ni muy próxima y predecible. Próxima e incierta. Distinto de lo que conoce, lo que se encuentra. Tan desconocido como inesperado. Próximo e incierto. De momento, carece de un nosotros."

Leo La edad infinita como una crónica biográfica de lenguaje preciso, lenguaje bisturí, que avanza entre lo poético y lo reflexivo, con la ironía tierna de quien ve a aquella niña dando sus primeros pasos torpes. Una carta a su segunda patria, la que la vio conviertirse en mujer joven, esa chica que se hizo una con la condición revolucionaria latinoamericana de entonces y que poco después tuvo que amesetarse, porque la debacle de Venezuela convierte a España en más segura. Y la chica solo tiene una vida, y en esa vida la familia no acompaña para nada: menos mal que sí lo hace la escritura.